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CANAL DE CASTILLA
El cruce entre los caminos de la fe y la razón
Peatóm | 31·05·2010 | 00:00

Camino de Santiago. Tras caminar o pedalear durante casi diez kilómetros por un terreno completamente llano, con la única compañía de los trigales, y poco después de dejar atrás Boadilla del Camino (Palencia), el peregrino se topa con el Canal de Castilla, una de las obras de ingeniería civil más importantes de España. Durante casi cinco kilómetros, la ruta jacobea transcurre por el camino de sirga situado a la izquierda del cauce hasta que ambos se despiden a la entrada de Frómista, donde un pequeño puente permite salvar una impresionante cuádruple esclusa. “Ver el agua a tu lado cuando vas andando te motiva mucho”, señala el guipuzcoano José Ignacio Gurruchaga, una opinión compartida por la mayoría de los romeros, aunque algunos se lamentan de que el cauce está “muy sucio”. Pese a la relevancia del Canal de Castilla, muchos de ellos, españoles incluidos, no habían oído hablar de la obra antes de emprender su camino, aunque inciden en que está “muy bien señalizado” y que los diversos carteles situados en el recorrido permiten hacerse una idea de su magnitud.

La ruta jacobea discurre en paralelo al Canal de Castilla durante cinco kilómetros en la provincia de Palencia desde Boadilla hasta que se separan en la cuádruple esclusa de Frómista

“Me enteré ayer de que existía el Canal de Castilla. Ya me informaré cuando llegue a Madrid porque tengo curiosidad por saber más sobre este proyecto”, comenta en el albergue municipal de Frómista el informático Carlos Nieto, mientras que las hermanas María y Elena Ujados inciden en que, “teniendo en cuenta que se hizo hace más de un siglo y medio, es una obra enorme; es increíble que pudieran hacerlo con los medios que tenían”.

Sin duda, lo que más llama la atención a los peregrinos es la cuádruple esclusa de Frómista, situada justo en el punto donde la ruta jacobea y el Canal se separan. Pese a que muchos caminantes acumulan más de 30 kilómetros en sus piernas al llegar a ese punto, pocos se resisten a parar unos minutos y hacer una fotografía como recuerdo. Se trata de la única esclusa de toda la infraestructura con cuatro ‘escalones’ que sirven para salvar un desnivel de casi 15 metros.

Pero el Canal de Castilla es mucho más. Es un cauce artificial que recorre 207 kilómetros de las provincias de Palencia, Burgos y Valladolid, con dos ramales que arrancan en la capital vallisoletana y en Medina de Rioseco, se unen en la provincia de Palencia y concluyen en Alar del Rey. Tiene de 11 a 22 metros de anchura y entre 1,80 y tres metros de profundidad, 49 esclusas (un invento de Leonardo da Vinci) que salvan casi 150 metros de desnivel, numerosos puentes y varias dársenas.

Comenzó a construirse a mediados del siglo XVIII a instancias del Rey Fernando VI y de uno de sus ministros, el Marqués de la Ensenada, con el objetivo de llevar los excedentes cerealistas de Castilla al puerto de Santander para su posterior venta, además de servir para regar la árida comarca de Tierra de Campos. Tras casi cien años de obras interrumpidas en múltiples ocasiones por problemas financieros del Estado, crisis políticas y conflictos bélicos, el Canal se dio por concluido en 1849 sin que llegara a cruzar la Cordillera Cantábrica.

Por sus aguas navegaron durante más de dos siglos barcazas movidas desde tierra por caballerías y cargadas con todo tipo de mercancías hasta que a finales de los años 50 del siglo XX el cada vez más pujante ferrocarril acabó con la navegación y limitó su uso al regadío.

:: Viajar junto al Canal

Hoy en día, además de abastecer de agua a 400.000 personas de 48 municipios y de seguir regando los campos colindantes, existe la posibilidad de recorrer el Canal de Castilla utilizando los caminos de sirga situados a ambos lados del cauce. Los albergues tanto de Boadilla del Camino como de Frómista suelen acoger tanto a peregrinos como a ‘canaleros’.

Sus responsables explican que estos últimos son pocos y que normalmente van en bici y suelen realizar algún tramo durante un puente festivo. “Igual duermen aquí cada año 15 o 20 personas que están recorriendo el Canal”, señala Carmen Calvo, hospitalera del albergue municipal de Frómista. “Son diferentes de los peregrinos porque tienen otra mentalidad, buscan más la emoción de hacer una ruta en bicicleta, y tienen otros horarios”, indica por su parte Eduardo, propietario de un albergue de Boadilla, mientras que el dueño del albergue Canal de Castilla de Frómista, José Marcos, asegura que es “un tipo de turismo diferente, de más calidad”.

Los hospitaleros consideran que se debería promocionar más el Canal de Castilla como recurso turístico porque aún sigue siendo “muy minoritario”. “Necesitaría más inversión y más actividades para atraer a más gente”, apunta Marcos, quien explica que algunos empresarios palentinos han propuesto potenciarlo organizando viajes al estilo tradicional con barcazas tiradas desde tierra por mulos, burros o caballos, para lo que demanda la ayuda de las administraciones.


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