EFE. Rafael Nadal celebra su triunfo ante el suizo Roger Federer durante la final del torneo de Wimbledon que se celebró en el All England Lawn Tennis Club de Londres
Londres. Rafael Nadal arrebató en Wimbledon el título de campeón al suizo Roger Federer para convertir la ‘Catedral’ en un estallido de euforia. El español doblegó al número uno en su torneo preferido e inauguró, con esta victoria, una nueva era para el tenis español.
El zurdo de Manacor mostró su perfil más descarado ante el primer favorito para lograr una victoria épica por 6-4, 6-4, 6-7 (5), 6-7 (8) y 9-7. Ante un auditorio extasiado, entre el que se encontraban los príncipes de Asturias y el sueco Bjorn Borg, Nadal hizo historia y marcó las reglas del comienzo, quizá, de una nueva etapa en la que los españoles impongan su voluntad también en la superficie de césped. Lo que quedó patente en la ‘Central’ es que el ranking no fue un reflejo fiel. La lucha de titanes la resolvió el mejor jugador.
El helvético, que de 13 ocasiones de ruptura tan sólo convirtió una, cometió un total de 52 errores no forzados ante los 27 de Nadal
Y no sólo Nadal ganó la batalla táctica, sino que además se impuso en la mental, ahí donde se le puede hacer más daño a Federer. Al juego limpio, calculado y elegante del suizo le faltó precisión y efectividad. Federer erró. Y lo hizo en momentos muy importantes. Y por cada flaqueza del helvético, aumentó la garra del español.
El primer favorito comenzó resolviendo el primer juego con su servicio y Nadal hizo lo propio a continuación. Hasta ahí, previsible. Con la derecha a punto, Nadal lograba ya su primera bola de ruptura en el tercero. Falló el número uno mundial con su saque inicial y el zurdo de Manacor conseguía quebrarle. Fue un temprano aviso de Nadal.

Ante una ‘Central’ dividida con gritos a favor de Rafa frente a las voces de ánimo a Roger, un Nadal cada vez más fuerte, que imponía su autoridad a cada golpe ganador y un Federer menos abrumador, con fallos poco habituales en momentos definitorios, capaz de incurrir en seis errores no forzados sólo en la manga inicial frente a los dos del mallorquín, el enfrentamiento parecía adquirir un tinte claro
Nadal aprovechó su única oportunidad de rotura en este set para hacer mella psicológica en el número uno, que no supo convertir ninguna de las tres ocasiones que tuvo en bandeja para romperle el saque a su rival. En 48 minutos, fue el español el que remató el primer parcial con un 6-4. Contrariado, el helvético, ahora sí, rompió el saque de Nadal en el segundo juego del siguiente set. Y entonces pareció que volvía en sí. Llegó a tener una ventaja de 4-1 en el marcador, que fue salvando como una fiera el campeón de París.
Nadal necesitó hasta cuatro puntos de partido para llevarse el duelo y conseguir la neutralización del saque del helvético en un momento crucial para rematar con 8-6 la última manga de una final histórica
Embalado, el balear le devolvió la afrenta a Federer en el séptimo juego hasta equiparar a cuatro para destrozar otra vez el saque del helvético y tomar ventaja en el 4-5. El rey de la tierra volvió a arrinconar al dueño de la hierba. El número dos del mundo apaleó a Federer, cada vez más doblegado mentalmente a cada golpe mortífero de su rival.
El balear perdió un punto de set, pero otro error al resto que cometió el suizo dio otra oportunidad a Nadal, quien rubricó el parcial por 6-4 dejando en evidencia al campeón, que malgastó seis ocasiones de igualar el servicio sólo en esta manga, neutralizado ante las arremetidas del ciclón Nadal.
Ante la amenaza de una enorme nube que oscurecía la abarrotada ‘Catedral’, el tenis implacable del mallorquín noqueaba la calidad de un Federer que no encontraba fórmulas mágicas para replicar. Tres momentos definieron el tercer set. El primero, una mala caída de Nadal que hizo temer por su rodilla derecha ante los gestos de dolor del campeón de Roland Garros, que llamó al fisioterapeuta.

Hubo otro punto clave en el que la final pudo haberse decidido. Cuando con 3-3 y saque de Federer, Nadal tuvo un 0-40 a su favor que se le escapó; y, por último, la lluvia, que constituyó el tercer factor que marcó la manga, al interrumpir el parcial con 5-4 a favor del suizo. Pero quedaba aún mucho partido. El duelo se reanudó 80 minutos después, con saque del español para igualar 5-5 y quedar a dos juegos de lo que hubiera sido una victoria épica.
Con un ‘ace’ el mallorquín rubricó el juego en blanco para ponerse en 6-6 y forzar el desempate en el que Nadal salvó dos puntos de set pero que resolvió Federer con 7-6 (5). En el cuarto, muy igualado, el suizo no dejaba de mirar al cielo. ¿Buscaría otra nube salvadora?
Pero esta vez no le hizo falta la lluvia. También hubo que buscar respuesta en el desempate, donde el mallorquín remontó un punto de set en contra pero desperdició dos de partido para dar el parcial al helvético que igualó en el marcador. Volvió la lluvia para aumentar la tensión en la ‘Central’ y tras el parón, Federer mostró una cara opuesta, la del campeón.
El mallorquín frustró hoy el objetivo del tenista de Basilea, como lo hizo John McEnroe en 1981 con el sueco Bjorn Borg, cuando el ‘niño malo del circuito’ privó al nórdico de encadenar su sexta corona en este césped
Cada vez más cerca de su sexto trofeo, el suizo peleó cada punto. En el octavo juego, tuvo en su mano un punto de rotura que logró salvar el español con dificultad. Nadal estuvo a punto, en dos ocasiones, de romper a Federer en el undécimo juegol. Más oportunidades perdidas.
Remontó Nadal, que necesitó hasta cuatro puntos de partido para llevarse el duelo y que consiguió neutralizar el saque del helvético en un momento crucial para rematar con 8-6 la última manga de una final histórica.
Además, con 25 ‘aces’ que logró hoy Federer, fue Nadal, con seis saques directos, el que logró más puntos: 209 frente a 204. El helvético, que de 13 ocasiones de ruptura tan sólo convirtió una, cometió un total de 52 errores no forzados ante los 27 de Nadal.
El mallorquín frustró hoy el objetivo del tenista de Basilea, como lo hizo John McEnroe en 1981 con el sueco Bjorn Borg, cuando el ‘niño malo del circuito’ privó al nórdico de encadenar su sexta corona en este césped. Hoy, 27 años después, el número dos del mundo, el rey de la tierra, se doctoró en la superficie de Federer.
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