En Irán se están dando cera y están recordando a la sedada opinión pública occidental que los regímenes dictatoriales se derrumban poniendo muertos encima de la mesa. La diplomacia, cuando llega, hace poco más que levantar acta de que aquello era una casquería en la que los sátrapas hacían puchero con los higadillos del pueblo. En Irán se están dando cera dos facciones de los Guardianes de la Revolución. Así caen los regímenes dictatoriales, cuando se pudren por dentro. Enfrentarse a la satrapía iraní con cálculos diplomáticos y presiones políticas, embargos comerciales burocráticos y asuntos parecidos no retribuye a los pueblos que padecen la tiranía aunque cause en la opinión pública de Occidente la falsa impresión de extenuación, de haber hecho todo lo sumamente posible. A la dictadura de los ayatolás la derribará el pueblo iraní cuando toque y sin la ayuda de las democracias. Jamás ocurrirá. La política exterior de las democracias está muy influida, precisamente, por los sátrapas que invierten mucho dinero en comprarla y modelarla. Es indigesto leer lo que acabo de escribir, pero para entender a nuestra clase política hace falta mucho estómago.
El mismo estómago que se necesita para comprobar como pasan los años y el ofidio etarra sigue vivo y coleando sin otra respuesta por parte de nuestra clase política, que mucha proclamación, mucha condena, mucho minuto de silencio, mucha manifestación (ritualismo gazmoño) y poca ley. Sí, muy poca ley, ley apropiada, para combatir el terrorismo de ETA. Nuestra clase política no tiene tiempo para hacer buenas leyes. La culebra etarra sigue disfrutando del amparo del pensamiento empanado de nuestra clase política, académica, periodística, sindical y empresarial. ¿Por qué existe GARA, periódico diario de los asesinos?, ¿por qué se publica?, ¿quién lo paga?
antonio.yuste@peatom.info





















