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Un presidente de República en pijamita de florecitas, abandonado en un calle de rodaje de una gran aeropuerto en mitad de la noche, es la imagen del desvalimiento y solo puede inspirar misericordia y solidaridad entre sus pares, que reprueban la hipótesis de que cosa tan desagradable e inhumanísima pueda pasarles a ellos. ¡En pijamita de florecitas y sin calcetines! La comunidad internacional ha considerado un escándalo dejar abandonado a su suerte a todo un Presidente de República, fíjate, en una calle de rodaje de un aeropuerto, por favor, en pijamita y descalzo, desalilado, sin asistentes, sin maquillar y en mitad de la noche, que horror, en total desamparo. La comunidad internacional lo ha considerado intolerable y ha corrido, veloz, rauda, jadeante, casi asmática, a solidarizarse con Manuel Zelaya. Exigen reponer al presidente de la República en su poltrona presidencial para que realice sus sueños despóticos. A la clase política mundial no le importa que el tal Manuel Zelaya sea un miserable bravucón descerebrado que se las apuesta para repartir eficazmente el hambre en Honduras y disponer de tiempo suficiente para que su gesta no sea discutida, por ejemplo, durante cuarenta mandatos seguidos. Las Universidades de Iberoamérica está atestadas de hombres de academia que confían ciegamente en los poderes de los líderes exorcizantes, lenguaraces, con capacidad para inducir un psicodrama diario a través de los grandes medios de comunicación de masas. Son instituciones diseñadas para impulsar el culto a la personalidad, la satrapía, la aniquilación de la propiedad, de la libertad y la entrega de nuestras vidas a un liderazgo preclaro, déspota y felón, con potestades para decidir en nuestro nombre y para determinar que cosas nos convienen. Las élites académicas de Iberoamérica, son el verdadero sostén del ideario que abandera Zelaya y son sus instituciones, las universidades, las que excretan los comportamientos más nauseabundos. |
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