Las empresas españolas están en fase de liquidación, con el mercado en fase menguante, con un sistema financiero huido, sin liquidez, olvidadas de los hombres, una tras otra, siguiendo una consigna no escrita ni pronunciada, están colgando el cartel de “se vende”. Es imposible luchar contra todos, contra tus propios trabajadores, contra tus sindicatos, contra tus propios políticos, contra el sistema financiero, contra la legislación circundante y contra una opinión pública que hace ojitos al político de turno, de chichinabo, cuando le susurra al oído que él si sabe, que confíe en él, que tranquilo, que todo está bajo control y que para eso está él. Pues para eso, para que las empresas de una en una, entren en fase de liquidación o cuelguen el cartel de “se vende”. Ebro Puleva ha sido adquirida por la francesa Lactalis. Es un ejemplo. En el ámbito de las medianas empresas el cartel de se vende no es visible pero está puesto. Y es que… el tiempo pasa y… Nunca más volveremos a construir 800.000 viviendas en un año. Nunca más.
Hemos optado por salvar a la banca y a los promotores y destruir empleo. ¿Resultado? Ni tenemos banca, ni tenemos promotores y tenemos, por el contrario, cinco millones de parados y, atención, creciendo. La estrategia no ha funcionado y los ingresos públicos se han hundido. Nuestra clase política ha cometido un colosal error. En lugar de admitir el desastre y eliminar el sobreprecio de los bienes inmuebles, aceptando que la eliminación del sobreprecio destruiría parte del sistema financiero y promotor, optamos por mantener el sobreprecio. Un error de proporciones descomunales. Se recauda poco y lo que se recauda es con la pistola en el pecho del contribuyente. Los negocios hacen aguas. No es posible pagar la nómina, pagar a los proveedores y pagar a Hacienda, los tributos municipales y a la Seguridad Social. Falta oxígeno. Los empresarios se dividen en dos grupos, los que pasan más tiempo en las consultas del médico (infartos, hipertensión, angustia…) que en la empresa y los que no pueden más, los que notan que les falta el oxígeno. Está crisis será mucho peor y más aguda que la de 1992/96. La desinversión es un fenómeno masivo. No tenemos cerebro y tampoco cojones. Nos gustan los funerales y el duelo. Odiamos la vida.
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