En los talleres literarios sobre novela negra se suele empezar con la frase burlesca, bien digo, de “a los ahorcados se les hace un nudo en la garganta”. Es una forma desengrasante de poner fiambres encima de la mesa. Y los aspirantes a escritores de sagas millonarias, amén de escupir los dientes, por la risa, les permite reverdecer y refrescar las imágenes que vienen al caso sobre los ajustes de cuentas sin mediación de la justicia fruto, en ocasiones, de la ira popular. Es una gracia que acota con precisión lo que le pasó, ayer tarde, en el Congreso de los Diputados a la voz engolada del socialismo, el Emperador del Paro, Zetaparo. Sacó adelante su decretito de establecimiento de un techo de gasto, anecdótico y para la galería, gracias a la inhibición, abstención, activa de CiU y Coalición Canaria. Y digo activa porque fue a cambio de muchas invectivas contra él, contra su Gobierno y contra el PSOE.
Zapatero asiste a sus horas finales, fatales, en medio de un fango de sinsabores, desastres e infortunios, populares y particulares, consecuencia de su mala cabeza y peores andares. La pregunta que todos debemos hacernos es innegociable: ¿Se puede ser presidente del gobierno de España con esas trazas? ¿Con esa chepita y los brazos encogidos, colgaditos, como ahorcados por las axilas? El ahorcamiento político del PSOE es obra de su propio Secretario General. El Emperador del Paro ha sacado, él mismo, la soga, la ha hecho girar sobre la rama del viejo olmo, ha prescrito el tipo de nudo y se lo ha enfundado. ¿El ahorcamiento de los bracitos del Emperador del paro, por las axilas, era un anticipo de lo que finalmente ocurriría? No viene a Rodiezmo porque en Bruselas le acaban de cerrar las minas y asestar un hachazo al Plan del Carbón. Le han dejado sin sujeto social revolucionario. Los sindicatos y la izquierda busca ahora, con desesperación, un sujeto revolucionario de reemplazo, con igual lustre, para mantener la iconografía dinamitera. Convocarán un casting. Los primeros candidatos son los controladores, que se proponen, ellos solitos, calzarse de un guantazo el sector turístico y que tienen oficio de tintes psiquiátricos: controlador.
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