María Teresa, con aspecto de gallo electrocutado, la vicepresidenta del Gobierno, con diez kilos de más, todo botox, se ha ufanado del enorme beneficio que la selección de fútbol le ha proporcionado a su gobierno. Ahora el optimismo es mayor. Reflexión que le ha servido para lanzar el dardo contra el PP: “Vds. no saben gestionar el optimismo y hubieran preferido la derrota de nuestros jugadores”. Les proporciono el soniquete. Les hago la interpretación entre líneas. Se preguntarán, y están en su derecho, que cómo es posible articular palabra, movilizar las facciones del rostro, con tanto botox. Y no es una pregunta baladí. Todos conocemos el estado general blandengue o fofo de María Teresa y no reparamos, sin embargo, en la potencia de su musculación facial, adquirida por tener que movilizar, a diario, la geta más dura de la historia reciente. No obstante, acéptenlo, María Teresa estaba predestinada al ácido hialurónico, a la toxina botulínica, a la vitamina C cruda y a cuanto preparado se invente de aquí a final de siglo, porque lo necesitará en vida y después de la momificación para espantar a los niños del futuro.
Dicen que para embalsar tanto botox, en lugar del pulso firme y delicada de un especialista en microinoculaciones epidérmicas, se contrataron los servicios de una planta de hormigón y que fue necesario, previamente, como preoperatorio, arrojarle sobre la mesa las verdaderas cifras del CIS, para sofocarla, para que abriera los poros, y sumergirla a continuación en una balsa cargada de la toxina (botox). Los resultados son lo que conoce. María Teresa no abre bien los poros y la capa de botox tuvo que ser sometida a un tratamiento de estucado a la lija. Lo mejor fue la refriega poética. Soraya, la populina, la portavoz en el Congreso de Rajoy I el Registrador, aguijoneó a María Teresa, convirtiendo unos versos de Zorrilla, que dirigió a su señorito, Zetaparo, el Emperador del Paro, en estoque para descabellar: “No hay lance extraño, no hay escándalo ni engaño en que no me hallara yo. Por donde quiera que fui, la razón atropellé, la virtud escarnecí, a la Justicia burlé, … y en todas partes dejé memoria amarga de mí“.
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