OPINIÓN
España, la nación farragosa
Antonio Yuste | 23·07·2010 | 00:00

Es posible asegurar cualquier cosa, casi todo, excepto los accidentes burocráticos que destruyen economías y vidas. Ni siquiera es posible levantar un atestado. Contra la omnipresente burocracia que se alimenta de fárrago, fárrago crudo, en sofrito, cocido, al horno, a la parrilla o en escabeche, de desayuno, comida, merienda y cena, los españoles estamos indefensos. Digo también, ojo, que estamos, voluntariamente, indefensos. Algo hay en el español medio que propenden al fárrago, a los inextricable, al procedimiento por el procedimiento, al procedimiento asesino, en espiral, invencible e irreductible. Los españoles venimos al mundo con una inclinación genética, de naturaleza hipnótica, hacia la burocracia terminal, de guillotina. Depositas el impreso y te vuelves con un muñón para casa, te han guillotinada la mano que lo depositó. La burocracia terminal tiene un componente morboso e hipnótico. Experimentamos una suerte de atracción fatal por el laberinto sin solución.

La proliferación de varonías, virreinatos autonómicos, es explicable por nuestra monodieta de fárrago. Obsesiva. Somos proclives a los procedimientos intrínsecos que generan islas en las que no hay escapatoria, penitenciarias, alcatraces burocráticos, de las que nadie puede escapar. Y cuantas más islas, más posibilidades ciertas, de que algún día, en algún momento, dentro del gigantesco archipiélago burocrático en el que se ha convertido España, en alguna de ellas, cada uno de nosotros pueda levantar una empalizada para proteger un procedimiento y construir su propia tiranía. A mayor fárrago burocrático, como es de rigor, menor innovación, menos patentes, menos riesgo, menos empresas y menor, pero mucho menor, es el valor añadido que necesitamos, sí o sí, producir. Nos estamos quedando sin oficios, sin profesionales, sin conocimiento, el que sirve, y por culpa de un problema de nutricional: exceso de fárrago. Lo más importante de un buen profesional, con conocimientos útiles, con oficio, no es él en si mismo, son sus papelas. Hemos alterado el orden de los factores por culpa de un problema nutricional: acumulación de farrograsas en todo el sistema sanguíneo. España está, como decirlo, estupendamente farragoesclerotizada para delirio y satisfacción de las masas. Somos bobos, pero también felices. Y como ha todo hay quien gane, no olviden, se lo ruego, que no existe tingaldo más burocrático, arbitrario y terminal que el de la Unión Europea. ¿Qué se creían?


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