Nueva York. El buque insignia de la prensa liberal de Estados Unidos atraviesa por una etapa de incertidumbre. Su circulación se ha reducido espectacularmente en los últimos años, pasando de los 1,5 millones de tirada, en los días de gloria a los escasos 800.000 ejemplares y el mismo derrotero experimenta la publicidad. La facturación poco a poco se va desplomando.
El impacto inmediato de dicha tendencia es el desplome de sus acciones, lo que no es del agrado de sus dueños. El desplome de las acciones, menoscaba, por la pérdida de valor que supone, el margen de maniobra para reestructurar su deuda y posibles soluciones. Hace dos años la señera cabecera trasladó su sede social desde el envejecido edificio de la calle 43, donde llevaba 94 años, hacia una torre en la Octava Avenida, diseñada por Renzo Piano, un edificio vanguardista.
Los nuevos accionistas exigen más cambios y sobre todo la aceleración de su traslado a Internet con todas las consecuencias
Un cambio que no es suficiente para parte de sus propietarios, particularmente, Harbinger Capital y Firebrand Capital, principales accionistas de la compañía, con un 20% del capital y que han logrado colocar a dos miembros en el Consejo de Administración, tradicionalmente, controlado por la familias Ochs-Sulzberger que conservan derechos políticos para proponer nueve miembros en el Consejo de Administración. Privilegios, que en tiempos de declive, no satisfacen a los nuevos accionistas mayoritarios que exigen más cambios y sobre todo la aceleración de su traslado a Internet con nuevas reglas y nuevas propuestas.
La posición de los nuevos socios es firme. Quieren que The New York Times, se deshaga de sus activos convencionales, entre otros de la propiedad del equipo profesional de béisbol que juega en las Grandes Ligas, los Medias Rojas de Boston, los míticos Red Sox, para comprar nuevos medios en Internet y volcar el grueso de los recursos del grupo en dicho entorno. En la presente encrucijada acaba de entrar uno nuevo socio en liza, Carlos Slim, que acaba de hacer público que controla el 6,4% del grupo. Carlos Slim, mexicano, es dueño del monopolio mexicano Telmex que controla el 90% de las línea fijas de México y dueño de America Móvil, la mayor operadora de aquel continente en telefonía móvil, y al que se le calcula una fortuna de 60 mil millones dólares, la segunda fortuna del mundo después de Warren Buffet, 62 mil millones de dólares, presidente ejecutivo de Berkshire Hathaway.
La posición de los nuevos socios es firme. Quieren que The New York Times se deshaga de sus activos convencionales
Phil Falcone, ejecutivo principal de Harbinger Capital, que ha encabezado la pugna por el control del grupo tiene como baza principal la entrada en pérdidas del buque insignia del grupo, The New York Times, la marca que tiraba de las cuentas de todo el grupo y que en los últimos dos trimestres ha entrado en pérdidas por primera vez en muchos años. Las viejas familias defienden su gestión y posición, alegando que la venta de activos convencionales, como el Boston Globe, habría que realizarla a pérdidas debido a la baja cotización del papel en el mercado de los Estados Unidos.
Todos los analistas anticipan que Carlos Slim optará por presionar para acelerar el perfil tecnológico del viejo grupo, es decir, para impulsar su mudanza hacia Internet y la segregación de activos convencionales. Lo que no es un secreto para nadie es la malas perspectivas del sector que afecta a todas las grandes dinastías del sector editorial de los Estados Unidos, víctimas del mismo fenómeno, el cambio de hábitos de los nuevos lectores (se desplazan a Internet) y la tendencia emprendida por la publicidad, que se sigue a la gente (la publicidad se pone donde está la gente).
Los problemas financieros que padece están asociados a un fuerte endeudamiento y la baja calificación de dicha deuda, un peldaño por encima de los bonos basura
Los anuncios clasificados, de empleo e inmobiliaria, tradicional fuente de ingresos de la prensa convencional, se ha desplazado hacia Internet en un 80% de casos. Las recomendaciones de las agencias de publicidad a sus clientes es la otra parte de la cadena de valor que erosiona, sistemáticamente, la cuenta de publicidad de los medios de papel. Las agencias de los Estados Unidos están recomendando desde hace tiempo utilizar masivamente Internet cuando el público objetivo está por debajo de los cincuenta años.
El grupo editor de The New York Times, su cabecera de referencia, posee, además del Boston Globe, el International Herald Tribune, el Worcester Telegram y 15 diarios locales y Tv por cable. También controla el portal About.com. Los problemas financieros que padece están asociados a un fuerte endeudamiento y la baja calificación de dicha deuda, un peldaño por encima de los bonos basura, es decir, con pocas posibilidades de reembolso. El grupo facturó 208 millones de dólares en Estados Unidos pero su valor en Bolsa se ha depreciado en Bolsa en sólo tres años cerca de un 60% pasando de valer 2.800 millones de euros a 1.680 millones de euros. Caída muy severa.
La mayor caída de los medios escritos de papel de los Estados Unidos se está produciendo en los fines de semana. Las empresas, voluntariamente, están paralizando las promociones y la circulación al considerar que el coste de las promociones no garantiza la fidelidad del cliente y aporta un saldo negativo a la cuenta de explotación. El kiosko bazar está perdiendo todo su atractivo para los lectores de información. Circunstancia que está empezando a reproducirse con idéntica crudeza en el resto del mundo.






















