Análisis. El precio del dinero en los mercados interbancarios, el dinero que se prestan entre sí, está 19 puntos por encima de su precio oficial. El respiro bursátil de última hora, siendo un dato agradable tampoco conjura o aleja el estado de emergencia en el que esta sumido el sistema financiero mundial. La emisión de dinero a sacadas por parte de las autoridades monetarias paralizó lo que bien pudo convertirse en un martes negro (1929). La desconfianza cuesta muy cara. Las partes del sistema financiero, como ya escribiéramos hace unos meses, se han retirado el saludo. Lehman Brothers ha sido abandonado por los suyos. El resto del sector le ha retirado su apoyo. No hay piedad. La bancarrota más el desasosiego es el precio a pagar. A partir de ahora, abandonado el sector financiero de los Estados Unidos a su suerte, cualquier cosa puede ocurrir. El secretario del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos fue contundente, la administración había llegado al límite. Más intervenciones públicas no son posibles.
La desconfianza cuesta muy cara. Las partes del sistema financiero, como ya escribiéramos hace unos meses, se han retirado el saludo
Los analistas financieros teutones, ayer mismo, daban por cierta la siguiente pieza del dominó en la cadena de bancarrotas: UBS, la honorable institución financiera suiza. Es una hipótesis, pues en sus mismas condiciones están otras muchas entidades financieras. Lo que si es seguro es que el efecto dominó, que se extenderá por el sistema financiero occidental, incluidas las aseguradoras, puede proporcionarnos sorpresas aún más desagradables. La salida al rescate por parte de las entidades emisoras del mundo entero, tiene como única finalidad ralentizar o diferir hacia delante los procesos de bancarrota (La FED ha vuelto a emitir 50 mil millones de € y el BCE 100 mil millones). No tiene otra explicación. La pregunta que nos hacemos todos es si estamos asistiendo a un hecho aislado, que afecta exclusivamente al sistema financiero de los Estados Unidos, o estamos ante un fenómeno más global. Cincuenta mil millones de dólares es lo que necesita de manera urgente la mayor aseguradora de Estados Unidos AIG. Las emisiones de nuevo dinero actúan como parches para evitar el colapso y poco más.
Y la parálisis, la falta de acción y de criterios está agudizando la crisis. La resignación silenciosa, impávida y fatalista ha contaminado el sentido común y nuestra capacidad de reacción
El debate sobre la calidad de los sistemas financieros de cada país, en estos momentos, suena más a cortina de humo que ha hecho relevante. Las prácticas dentro del sistema financiero occidental son muy similares. Son más los parecidos que las diferencias. El hecho cierto es que la principal entidad emisora del mundo, la FED, la Reserva Federal de los Estados Unidos, ha tocado el silbato.
El Departamento del Tesoro ha bajado el banderín del “sálvese quien pueda” enviando un mensaje estricto al resto del mundo. Las operaciones de rescate no son infinitas. Ha dejado dicho y escrito que el cheque público para rescatar al sistema financiero está agotado. Es un indicador de lo que puede ocurrir en Europa y que fue confirmado por el último consejo del Ecofin (Unión Europea).
¿El sistema financiero español está vacunado contra el crack? Se conoce la respuesta y es no. En España, aún cuando nuestro sistema financiero es más solvente que otros, se ha despeñado en el sector de la promoción inmobiliaria de manera temeraria y muy poco profesional
¿El sistema financiero español está vacunado contra el crack? Se conoce la respuesta y es no. En España, aún cuando nuestro sistema financiero es más solvente que otros, se ha despeñado en el sector de la promoción inmobiliaria de manera temeraria y muy poco profesional. En España como en el resto del mundo, se está reproduciendo el mismo fenómeno: miedo a la verdad. El miedo a la verdad está paralizando a todos los actores implicados, al sistema financiero, a sus consejos de administración y a sus gestores, a la promoción, a las administraciones, a los partidos y a las gentes. Y la parálisis, la falta de acción y de criterios está agudizando la crisis. La resignación silenciosa, impávida y fatalista ha contaminado el sentido común y nuestra capacidad de reacción.
La consigna que se sigue en España “todo debe seguir igual” cuando todo está cambiando y lo está haciendo a gran velocidad, equivale a ponerle velas al diablo. Hemos abandonado la senda de la verdad y, por lo tanto, hemos abandonado la senda de las posibles soluciones. Sin diagnóstico no hay terapia. Y el Partido Socialista Obrero Español, con Zapatero a la cabeza, se ha empeñado en no admitir la existencia de un invierno financiero que se aproxima a galope.
La consigna que se sigue en España “todo debe seguir igual” cuando todo está cambiando y lo está haciendo a gran velocidad, equivale a ponerle velas al diablo
El responsable de Lehman Brothers en España, Luis de Guindos, declarando: “Los gestores de Nueva York han hundido la firma para salvar su culo”, ha puesto el dedo en la llaga. El silencio que rodea al crack financiero tiene que ver con la necesaria depuración de responsabilidades. Las operaciones de saneamiento, como es lógico, de limpieza de balances, no pueden hacerse sin la imprescindible depuración de responsabilidades. La pésima gestión de los recursos ajenos, la falta de profesionalidad y oficio, figura en el debe de los gestores del sistema financiero. He aquí el problema para ocultar la situación y oscurecer e impedir las posibles soluciones.
Las soluciones para prevenir el crack, para eludir el reventón de muchas instituciones, que nadie parece necesitar, ni el propio sistema financiero, ni las administraciones públicas y tampoco la gente, pues todos estamos asistiendo a la debacle, impávidos, como si lo que ocurre no fuera con nosotros o se tratara de acontecimientos virtuales que ocurren, graciosamente, detrás de las pantallas del televisor y en los titulares, pero solo allí, repito, las soluciones, ni están ni se las espera. Existe miedo, miedo a la verdad. Y el miedo es un tóxico, paraliza y actúa como imán de catástrofes.






















