R.G.M. Adrados, la pequeña y bella aldea de la montaña leonesa que hace tres décadas vio nacer a Teresa
Adrados/León. Hace trece meses que nació Ismael en Adrados. Hasta ese día, y durante las tres décadas anteriores, este pequeño y hermoso pueblecito de la montaña leonesa sólo había acogido el alumbramiento de su madre Teresa. Esta mujer joven, de mirada afable y cordial, denuncia con lástima cómo su amada aldea languidece. Junto a los suyos habita un territorio casi desierto: ocho vecinos y cuatro de ellos familia. Pero Teresa alberga la esperanza de que el paso de tiempo cambie este paisaje apesadumbrado.
Adrados: ¿Niños?… uno; ¿jubilados?… casi todos; ¿casas?… cuatro.
Bajo un sol intermitente y por una carretera que discurre desnuda llegamos a Adrados. El pueblo acaba donde empieza: en el caño. Y allí nos aguarda paciente Teresa, con la mirada perdida y gesto de asombro. Irrumpimos en el pueblo y nuestra sola presencia quebranta el sepulcral silencio que envuelve esta pequeña localidad de belleza majestuosa. Adrados se emplaza en la montaña central leonesa. Allí habitan Teresa, Rouland e Ismael.
Teresa tiene 34 años, es alta y luce una larga melena morena y muy rizada. De trato afable y cordial, de inmediato nos abre las puertas de su casa, ubicada en un pueblo en el que soló residen ocho vecinos. Uno de ellos responde al nombre de Ismael y es su hijo. Ismael es un bebé de apenas un año que se ha convertido en el juguete de Adrados. Además, su llegada es casi un milagro en un vecindario en el que los demás, sólo cinco, superan la setentena. El último alumbramiento vivido en Adrados fue el de su propia madre, Teresa, 30 años atrás.
Mientras Ismael termina la merienda que su abuela le ha preparado con mimo y esmero, su madre Teresa nos cuenta, apasionada, su historia. Delante de su casa robusta, sentada en un banco ajado por el paso del tiempo remarca que “siempre” ha deseado “estar aquí, en Adrados”.
Desde que Teresa llego a Adrados lucha porque su amada aldea no mude en pueblo fantasma
Casada desde hace algo más de un año con un joven ghanés de 25 años, Teresa lucha porque su amada aldea no mude en pueblo fantasma… “algo casi imposible de evitar”, apostilla apesadumbrada. Llegó al pueblo junto a sus padres hace cuatro años para paladear una tranquilidad que añoraba desde niña, cuando pasaba largas temporadas en esta pequeña localidad en la que nacieron sus progenitores. Tras el fallecimiento de su padre hace dos años, el pueblo se mudó aún más solitario y triste.
Adrados se sitúa a 50 kilómetros de León y a tan sólo tres de Boñar; localidad leonesa de muy distinto calibre y abundante vecindario. Sólo una pequeña carreterucha fractura dos mundos opuestos. Mientras Teresa desgrana la cotidiana felicidad de que disfruta en este pueblecito junto a su familia, el silencio perturbador del lugar es interrumpido a ratos por el canto de un gallo también solitario.
Si no fuera por el quiquiriquí del pollo uno pensaría que en Adrados sólo mora el silencio. Por ello, Teresa manifiesta una preocupación grave: “Es una verdadera pena que pueblos tan bonitos y tranquilos queden vacíos… y desaparezcan”. “Pero el verdadero drama es que nadie nos da facilidades para evitarlo; por eso entiendo a los que se van, a aquellos que terminan marchándose”, explica.
Adrados es un pequeño pueblo de la montaña leonesa donde sólo residen ocho vecinos. Uno de ellos es Ismael, un bebé de apenas un año
Además, Teresa informa de que “hay muchas casas vacías que se están cayendo a pedazos debido a su alto precio de venta, nada tiene sentido”. Después de unos minutos de agradable charla a la fresca, Teresa entra en casa en busca de Ismael. Al momento, un rechoncho y hermoso bebé, de enormes y vivales ojos negros y pelo crespo asoma en el zaguán.
Exhibe una vitalidad sorprendente para su corta edad y una sonrisa enorme y contagiosa. Ismael nos saluda también con un enorme abrazo. Corretea por el prado y juega con la hierba mientras su madre le contempla con dulce ternura. El pilón en el que antaño se remojaron los mozos del pueblo es hoy su mejor entretenimiento. “Es un niño listo y sano y con una gran energía; es una de las ventajas de vivir lejos del estrés de la ciudad”, alaba a su bebé la tierna mamá.
Adrados no tiene tienda. Tampoco bar ni un parque con columpios para que juegue Ismael. Carece también de consulta médica, “al menos una vez a la semana”, demanda Teresa. Así, no extraña que pasara “miedo” durante la gestación. Para evitar posibles complicaciones en el parto, nada más salir de cuentas se desplazó a León y lo hizo, “precavida”, para dar a luz a su hijo.
Por todo lo anterior, Teresa es comprensiva y afirma que entiende que el día de mañana “Ismael haga las maletas, se vaya y viva en otro lugar con más facilidades”. “Aunque me encantaría que mi hijo formara una familia aquí”, confiesa.
Ismael derrocha la vitalidad de la que habla su madre y nos invita a jugar con él. Con una sonrisa y los ojos abiertos como platos corretea alrededor de Teresa en busca de un abrazo. Mimoso y risueño siempre, Ismael nos presenta a su “más mejor amiga” y compañera de juegos, una linda gatita blanca.
Abandonamos Adrados mientras Teresa e Ismael caminan de regreso a casa con paso calmo. La madre agarra con fuerza la mano de su bebé hasta el umbral de la puerta de casa. Las calles se quedan desiertas.
:: Radiografía de una provincia que se muere
El último estudio realizado por el Observatorio Social de Castilla y León en 2007 sostiene que en los últimos seis años la comunidad ha experimentado un leve crecimiento poblacional, con poco más de 40.000 habitantes. De las nueve provincias, León, por detrás de Salamanca, es la que menos ha contribuido a este aumento, pues ha visto menguada su población en un 0,8%.
El mismo informe señala que este crecimiento poblacional se sustenta básicamente en el fenómeno migratorio.
El crecimiento poblacional en Castilla y León se sustenta básicamente en el fenómeno migratorio
Desde los años 70, el goteo de la emigración a las ciudades ha sido constante. La búsqueda de comodidades, especialmente para las personas mayores, y el recelo de los hijos a continuar con el oficio ganadero o agricultor de los padres fueron y son los principales motivos.
Este hecho es especialmente preocupante en Castilla y León donde los últimos datos muestran que a partir del año 2030 será la segunda comunidad autónoma mas envejecida, o lo que es lo mismo, con el número más elevado de población mayor de 65 años. Es lo que establece Eroestat, el órgano estadístico de la Unión Europea. Así, Castilla y León será detrás de Asturias la comunidad más envejecida en poco más de 20 años.
Por otra parte, los últimos datos del padrón municipal publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) revelan que, a fecha de 1 de enero de 2007, 60 de los 211 municipios leoneses cuentan con un alto envejecimiento de la población; más de la mitad sobrepasa la sexta década de vida. Pero, no todo son malas noticias. De hecho, las leonesas se encuentran entre las mujeres más longevas del país, por encima de los 85 años, y, duplican el número de varones de esta edad. Así, no es difícil deducir que León esta muy lejos de acercarse al ideal de pirámide poblacional de cualquier sociedad: muchos niños y pocos ancianos.
Otros trabajos revelan que la llegada de extranjeros ilusiona a los habitantes de una provincia que va camino de la desertización.
León es una de las provincias con la población más envejecida de España
Además, otros estudios demuestran que León pierde cada año una media de 2.000 habitantes. El año pasado fue la cuarta provincia que más población perdió.
Además, el último Padrón Municipal publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) confirma este descenso de habitantes: la población a fecha de 1 de enero de 2007 en León era de 496.208 habitantes, de los que 253.867 son mujeres y el resto varones. En 2006 el número de empadronados se fijó en 498.233, lo que supuso un descenso anual entorno a las 2.000 personas.
Y a pesar de que el alfoz de León está en continuo crecimiento y desarrollo, los pequeños pueblos se mueren. Por municipios, los que más población pierden son los de menos de 500 habitantes. En su conjunto, hasta la fecha del último padrón perdieron 8.520 habitantes. Mientras, los que más población ganan son los de más de 10.000 y menos de 20.000 habitantes. Esta es la radiografía de la provincia. y, tristemente parece que la cosa no va a cambiar. León seguirá perdiendo población.





















