Análisis. Castilla y León no es una marca, es una bendición. Lo digo yo. Mucho territorio, buen territorio, buenas ciudades, buena gente y buen nivel. Aquí se nota el lustre de la historia. El martes pasado el Partido Popular realizó un foro abierto para examinar y reflexionar, voz en alto, sobre cuestiones muy sentidas entre la clase política y un poco menos entre los ciudadanos. Los temas que se pusieron sobre la mesa y en la que participaron ponentes cualificados, profesores de distintas universidades de Valladolid, Burgos y León, fueron brillantemente moderados por Carlos López Riesco, alcalde de Ponferrada.
Los temas recurrentes fueron la falta de altavoz de la Comunidad de Castilla y León o la ausencia de una televisión autonómica que hiciera más fácil comunicar los asuntos de la comunidad; la débil identidad regional, que hace más fácil los enredos políticos disolventes; la ausencia de vertebración por infraestructuras de comunicación que unan la comunidad de norte a sur, de este a oeste y transversalmente; y el angustioso problema de la financiación municipal, bajo mínimos, una vez estrangulado el boom inmobiliario. Se habló, cómo no, de la financiación autonómica, bien planteada por Isabel Carrasco, y de las peculiaridades de nuestra comunidad autónoma, la dispersión geográfica y humana, que tanto afecta a la prestación y obtención de servicios y los problemas relacionados con el envejecimiento de nuestra población.
:: Sentimiento de pertenencia
En el encuentro latía de fondo una idea, contenida, pero que flotaba en el aire: el bajo perfil de la identidad castellano y leonesa. El poco arraigo del sentimiento de pertenencia tiene que ver, es muy evidente, con nuestra adhesión a la idea de España de la que Castilla y León se siente especialmente responsable. ¿Tutelamos los castellanos y leoneses la idea de España? No sé si más que otras comunidades autónomas pero es obvio que ponemos mucho celo en dicho empeño y es una cuestión que se traduce en un bajo perfil identitario, aceptado e incluso deseado, sobre la comunidad de Castilla y León.
El poco arraigo del sentimiento de pertenencia tiene que ver, es muy evidente, con nuestra adhesión a la idea de España de la que Castilla y León se siente especialmente responsable
Los castellanos y leoneses no nos hemos adherido, voluntariamente, de manera meditada a la matraca identitaria y excluyente. No nos adherimos a un discurso disgregador. Pareciera, por lo tanto, que no hemos sabido encontrar una identidad constructora de la comunidad y de España. Que no hemos sabido encontrar el nodo que enlaza una cosa con la otra, Castilla y León con España, que genere orgullo e identidad por pertenecer. No hemos encontrado las palabras adecuadas, los giros verbales y los argumentos sencillos que faciliten el sentimiento de pertenencia. La razón es sencilla: España, la propia palabra, sigue generando mucho yuyu entre los políticos. En el foro no se pronunció pero estaba allí, hiperpresente. No genera yuyu entre los ciudadanos, lo repito, lo genera entre los políticos que están bajo la presión de cuatro pelaos, entre columnistas e historiadores de tres al cuarto. Nuestro deterioro intelectual es de mucho calibre.
Los intentos de resolver el sentimiento de pertenencia reforzando la marca, como si estuviéramos ante un problema formal, tienen poca envergadura. Castilla y León tendrá que explorar soluciones formales, técnicas, en su ideografía, claro, pero lo que necesita es implementar su contenido, su significado profundo. No estamos ante un problema de gestión, estamos ante un problema de mayor enjundia, de significado. Castilla y León no es una marca, es una bendición.
:: La falta de altavoz
Son muchos los que encuentran en la existencia de televisión autonómica, no importa que si analógica o digital, pública, privada o mixta, la herramienta de comunicación indispensable para favorecer el sentimiento de pertenencia y de intervención política. Se repara poco en el altísimo coste de adquisición de audiencias y su baja rentabilidad desde el punto de vista de la comunicación política. Se repara aún menos en los costes de distribución y la rapidez con la que se está desestructurando la parrilla televisiva. La televisión bajo demanda, bajo protocolo TCP IP, Internet, protocolo que ha colonizado la tecnología de los grandes agregadores españoles como imagenio y ono y fuera de los cuales no hay futuro para los formatos televisivos convencionales, es la única televisión posible. ¿Qué número le sería asignado a la hipotética televisión de Castilla y León en dichos agregadores?
Canal Sur consiguió una audiencia media de 207 mil espectadores, un presupuesto de 176,8 millones de euros y un coste por espectador de 696 euros. En el otro extremos está IB3, la televisión pública de Baleares, con 10.000 espectadores, un presupuesto de 71,1 millones de euros y un coste medio por espectador de 7.110 euros. La Televisión gallega tiene una audiencia media de 52.000 espectadores, un presupuesto de 123,1 millones de euros y un coste medio por espectador de 2.367 millones de euros.
Existen dos modos de comunicación, a) atraer a la gente hacia un punto; y b) ir nosotros hasta donde está la gente
Existen otros modelos de comunicación institucional mucho más eficientes y menos dolorosos para el erario público, muy ensayados. El modelo a seguir es de la excelencia en la comunicación. No importa el canal, importa dicho de manera coloquial, la chicha, el contenido, pues el modo tendrá que ser inevitablemente universal, para todos los canales. Existen dos modos de comunicación, a) atraer a la gente hacia un punto; y b) ir nosotros hasta donde está la gente. La modalidad a) es muy tentadora pero atiborrada de inconvenientes. El ya señalado del alto precio de adquisición de audiencia, la falta de estructuras y profesionales para la producción de contenidos, y la falta de tejido económico para soportar dicho esfuerzo.
:: Las infraestructuras de comunicación
¿Qué es antes, la necesidad de desplazamiento o la infraestructura?
Son necesarias pero muy costosas. Articulan la comunidad y la dan consistencia. Cierto. Siguen siendo muy costosas. ¿Las infraestructuras de comunicación, autovías, trenes, aviones, aseguran su uso intensivo y amortización? Sí. Si existe la necesidad de desplazarse de un punto a otro, por supuesto. ¿Qué es antes, la necesidad de desplazamiento o la infraestructura? Las infraestructuras de comunicación habrá que hacerlas poco a poco, es obvio. No lo es menos que habrá que integrar económicamente la comunidad de Castilla y León. ¿Cómo se hace? De la única manera posible, con salero, liberando energía, la que está contenida en la región. Generando hitos, hechos. Las políticas públicas tienen que impulsar nunca absorber y las burocracias, por sí mismas, tienden a absorber.
:: La financiación municipal
Los ayuntamientos necesitan mayor financiación. Es indiscutible. Se merecen cuatriplicar su presupuesto. Dinamarca destina a sus municipios el 50% de los recursos comunes
Los ayuntamientos necesitan mayor financiación. Es indiscutible. Se merecen cuatriplicar su presupuesto. Dinamarca destina a sus municipios el 50% de los recursos comunes. Hay recorrido. ¿Cómo se consigue? Organizando la batalla política con más armas y más capacidad de choque, con mejores pertrechos. Liderándola, organizando batallones y multiplicando los banderines de enganche por toda España. Los municipios tienen mucha reflexión pendiente, sin hacer. No es suficiente con reclamar mayor participación en los ingresos públicos.
:: Lo que no se discutió
Valores como el poder (su calidad), el saber (la estabilidad de los argumentos), la riqueza (su disfrute y expansión), el bienestar (sus obligaciones), las habilidades y destrezas sociales, el afecto, la rectitud y el respeto, estuvieron ausentes
Faltó y falta en nuestras fuerzas políticas la apuesta por los valores que aglutinan a las gentes y la movilizan. La lucha por los valores civiles, morales y políticos, los que hacen civilización, es una batalla que nuestras fuerzas políticas se empecinan en abandonar. Valores como el poder (su calidad), el saber (la estabilidad de los argumentos), la riqueza (su disfrute y expansión), el bienestar (sus obligaciones), las habilidades y destrezas sociales, el afecto, la rectitud y el respeto. Y también la batalla por aquellos valores instrumentales, de importancia capital, la Libertad y la Seguridad (protección física y jurídica).
Desde dichos valores es más fácil abordar el problema del envejecimiento y de la dispersión territorial. La estructura moral y civil de una sociedad es el punto de partida para futuras políticas públicas y privadas. Nunca al revés. La moral es anterior a la política. La Unión Soviética tuvo una vida política larga, con mucho tiempo de ensayo, tres cuartos de siglo, y se saldó con un estruendoso fracaso. Como experiencia histórica sólo puede tildarse de espantosa y repulsiva. Los valores que arropan al individuo, que le constituyen moralmente, son los que importan, los que preceden a la política y con los que se constituyen comunidades.






















