Análisis. Las Cajas de Ahorro locales, vetustas instituciones, más vetustas que instituciones, con órganos máximos de gobierno un poco cargados de arribistas, pasotas y excursionistas, han optado por tocar la testuz con un pañuelo de kamikaze y resistirse a lo evidente, que se han quedado sin negocio. ¿Por qué lo hacen? Porque se comportan como aprendices de brujo, no son banqueros, y su interpretación de la economía, el hecho económico, es materia suficiente para una homilía.
Las Cajas viven en un mundo maravilloso donde no existe la morosidad, la falta de liquidez, los vencimientos de deuda, la restricción del crédito, el derrumbe inmobiliario o la crisis financiera global. Están a prueba de todo excepto del polígrafo (la máquina de la verdad)
Lo hacen porque NO son conscientes que se enfrentan a la decadencia, la humillación, el desvarío y quien sabe si los juzgados y la cárcel. Su asnada se nutre de la convicción de que las Cajas de Ahorro constituyen el brazo financiero de su propio progreso (no confundir con el progreso del propio territorio). Un error de bulto. ¿Una entidad que ha consagrado el 70% de los recursos propios y ajenos, los que ha pedido prestados en el interbancario, a la promoción inmobiliaria, puede considerarse, prevalente en el proceso de desarrollo local? Se han acabado las bromas. Ahora tocar recoger la cosecha. El antiguo vergel se ha trocado en un campo de batalla sembrado de cadáveres. Hemos entrado en la fase funeraria. Toca enterrar el fiambre.
Los Consejos de administración de las Cajas de Ahorro tienen en su descargo que están de prestado. Desconocen, eso sí, que son los responsables máximos de la entidad, en las duras y en las maduras. Y se avecinan duras. Su resistencia a la fusión es fruto de la inconsciencia.
En el otro apartado están las direcciones técnicas de las vetustas. Su oposición, donde existe, no tiene perdón y nada les puede disculpar. Saben muy bien que el negocio de la intermediación financiera ha mutado. La gracieta de la Obra Social, el traje de gala de tanta vetustez, agotó su recorrido. El mundo financiero ha cambiado. Otras instituciones financieras, con otra naturaleza y especializadas, y con superior tino, sustituirán a la vetustas. Y más nos vale.
En el otro apartado están las direcciones técnicas de las vetustas. Su oposición a la fusión, donde existe, no tiene perdón y nada les puede disculpar
Lo que cuento es el envés de lo que le contaría cualquier representante de cualquier Caja de Ahorros, no importa cual, y no importa en qué lugar. Escuchando a sus portavoces te apercibes de que son las entidades más seguras y solventes del planeta, que viven en un mundo maravilloso donde no existe la morosidad, la falta de liquidez, los vencimientos de deuda, la restricción del crédito, el derrumbe inmobiliario o la crisis financiera global. Están a prueba de todo excepto del polígrafo (de la máquina de la verdad).
En el último Foro Estratégico para las Cajas de Ahorro, el presidente de la CECA se permitió la licencia de comparar a las Cajas con el corcho, cuando la tormenta (económica) arrecia el corcho sube. También admitió, caray, la gravedad de la crisis y la necesidad de flexibilidad de las cajas para cambiar el modelo de negocio y adaptarse a los nuevos tiempos.
La Ley 31/1985, de 2 de agosto, de Regulación de las Normas Básicas sobre Órganos Rectores de las Cajas de Ahorros (LORCA), modificada por la Ley 44/2002, de 22 de noviembre, de Medidas de Reforma del Sistema Financiero, ha servido de base para las distintas trasposiciones. Transposiciones que han fraguado el peso de la Instituciones autonómicas en dichas entidades. Además existe la sentencia 48 y 49/1988, del Tribunal Constitucional que otorgó a los Gobiernos Regionales la posibilidad de definir los órganos de gobierno e incorporar a los representantes de las comunidades autónomas así como influir en el uso de los recursos en el capítulo de inversiones y en el de gastos de la obra social.
Las CC AA tienen competencia para adjudicar a los gobiernos autonómicos competencias específicas para la constitución, fusión, disolución o liquidación de Cajas, el control de su actividad crediticia y de gestión, y el desarrollo de funciones inspectoras y sancionadoras
Entre dichas competencias, la más importante es adjudicar a los gobiernos autonómicos competencias específicas para la constitución, fusión, disolución o liquidación de Cajas, el control de su actividad crediticia y de gestión, y el desarrollo de funciones inspectoras y sancionadoras. La fusión, la definitiva fusión, su ejecución o dilución en el tiempo, por lo tanto, es más competencia de los óranos de Gobierno de la Junta de Castilla y León, de su determinación, que de la resistencia ignorante de los distintos Consejos de Administración y sus élites gestoras. Hemos entrado en tiempo de soluciones. Se necesita garantizar los depósitos de los castellanos y leoneses y, en lo posible, los rendimientos financieros de los distintos productos comercializados por las Cajas, se necesita sanear sus balances, se necesita una fuerte capitalización de las entidad resultante, se necesita mejorar su estructura estatutaria, asunto más complejo, pero que es imperativo abordar, se necesita acentuar su perfil financiero con órganos de gobierno y de gestión apropiados y cualificados y se necesita especializar su actividad. No sirve lo de ‘banca universal’. El Sr. Botín, banquero con pedigrí, se deshizo, para capear la crisis que se avecinaba de la banca de inversión (muy apalancada), de la propiedad de inmuebles e incluso de la propia sede central.
La actividad inversora hay que organizarla a partir de nuevas estructuras, los Fondos de Inversión Local y Regional con compromisos territoriales y productivos
Tener el dinero de los ciudadanos de Castilla y León es suficiente actividad, prestar servicio para la mejor gestión de sus ahorros, es una actividad por sí misma, importante y necesaria. Lo es también la actividad prestataria. Olvidar que la gestión del ahorro se realiza en un 95% de casos en modo autoservicio, a través de Internet, es imprescindible para medir el tamaño de los recursos y la tipificación de las estructuras de atención presencial al público.
Cosa distinta es otorgar a la misma institución competencias para comprometerse con inversiones productivas. Es un desafuero. No son instituciones aptas para tal desempeño. No tienen personal adecuado, no saben, Son actividades que no están exactamente, vinculadas a la valoración del riesgo y escapan al ámbito de sus competencias naturales. La actividad inversora hay que organizarla a partir de nuevas estructuras, los Fondos de Inversión Local y Regional con compromisos territoriales y productivos.
Habrá que crear una industria hipotecaria especializada y diferenciada. Es el mejor instrumento para sanear el balance que resulte de la fusión. La industria del pasivo y del activo no tienen por qué estar unidas para la eternidad. Zapatero a tus zapatos.
Para los especialistas en marear la perdiz, para los que se atrevan a convertir la necesaria fusión en una excusa para tirarse trastos ideológicos a las piernas, a todos esos, les recuerdo que tanto Caja España como Caja Duero son el resultado de anteriores fusiones. Caja España, por ejemplo, es la resultante de la fusión de Caja León, Caja Zamora, Caja Palencia y dos Cajas de Valladolid. No se trata de provincianismos, se trata de algo más grave, de reinos de taifas parasitados por las nomenclaturas locales.






















