Análisis. La larga Noche de Carol Red y Cenizas y diamantes de Adrzej Wajda, filmadas en los lugares extremos de Europa, la primera en Belfast y la segundo en Varsovia, dan buena cuenta de la atmósfera de los años 40. Cenizas y diamantes está rodada en 1958 pero ambientada en la Polonia de 1945. Tratan de pistoleros solitarios, perseguidos y moribundos. La alegría de los años 40 en Londres era una vida sólo “alegrada por la ginebra de la victoria”. En ese ambiente se acudió al congreso de Bretton Woods, que tuvo lugar en el verano de 1944, en las White Mointaines de New Hamsphire.
Acudieron a la cita 750 congresistas, se supone que especialistas, en su mayor parte keynesianos y Keynes, naturalmente, fue la estrella del evento. Keynes insistía en la existencia de dos problemas a los cuales se enfrentaba el mundo de la posguerra y ninguno de los dos era nuevo: 1) el valor de las distintas monedas y 2) la división del mundo entre deudores y acreedores. La devaluación competitiva de las monedas, ocurrida durante los años treinta fue el anticipo de males mayores y perturbó la estabilidad del comercio internacional. La pesada carga financiera de Alemania (deudor nato) después de su derrota en la Primera Guerra Mundial, constituía otro precedente, de consecuencias de todos conocidas, y que a todos convenía resolver.
Para bien de la Humanidad triunfaron las tesis de Harry Dexter White, Ministro de Hacienda de EE UU. Los dos organismos vieron la luz pero con poderes muy limitados
Para ambos problemas Keynes llevaba en la cartera la creación, respectivamente, del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. El primero podría dar créditos y conceder préstamos (proporcionados por países acreedores) y el segundo regularía el valor de cambio de las distintas monedas de tal manera que los deudores pudieran cambiar sus tipos sin provocar represalias por parte de los países más afectados. En aquella reunión también se acordó devaluar el papel del patrón oro. Keynes quería otorgar a ambas instituciones atributos casi similares al que tenían los bancos nacionales, pero lo useños tenían otros planteamientos y menos confianza en burocracias internacionales.
Para bien de la Humanidad triunfaron las tesis de Harry Dexter White, Ministro de Hacienda de EE.UU. Los dos organismos vieron la luz pero con poderes muy limitados.
Keynes estaba horrorizado por el ambiente opresivo de la época y era muy consciente de que el Reino Unido formaba parte de los países deudores. Keynes acertó en algunos supuestos y se equivocó en el principal. Siempre mantuvo que para alcanzar la máxima prosperidad en todos los países era imprescindible aceptar que la riqueza necesitaba clientes al mismo tiempo que fabricantes. ¿En qué se equivocaba? En la simultaneidad (”al mismo tiempo”) y en la creencia de que el Estado, con sus artes y poder coactivo o planificador, podía conseguirlo. El tiempo y los hechos han demostrado que se trataba de una superchería.
El huevo y la gallina son la misma cosa en distintas fases. Con el ahorro se pueden crean expectativas, nuevos productos y servicios, que crearán clientes en el futuro. Antes, de todos modos, crean empleo. La asimetría y la desigualdad son fundamentales para la economía y para la evolución. La diferencia de potencial entre dos puntos, es una forma de energía y sin energía de muy distinto signo y procedencia, la economía no es posible.
El huevo y la gallina son la misma cosa en distintas fases. Con el ahorro se pueden crean expectativas, nuevos productos y servicios, que crearán clientes en el futuro. Antes, de todos modos, crean empleo
El Reino Unido, ensoberbecido con el prestigio de Keynes se precipitó, después de la II Guerra Mundial, en un fango igualitario que hundió la economía británica. La imaginación liberal es opuesta a la igualitaria y planificadora. La exigencia de Gordon Brows de un Bretton Woods 2.0 tiene cierto tufo keynesiano fuera de lugar. Propone crear un colegio internacional de supervisores para vigilar a las empresas y entidades multinacionales. La idea de un Fondo Monetario Internacional con inspección ejecutiva, con mando en plaza, y supongo que tropas para hacer ejecutar sus resoluciones, está en la agenda de Gordon Brows.
Los problemas a los que nos enfrentamos son de otro porte. Necesitamos garantizar el patrimonio de los ahorradores. Nadie necesita, excepto sus dueños, garantizar el patrimonio de los propios bancos. Los dueños de los bancos deben disfrutar de idénticas garantías jurídicas para su propiedad que el resto de empresarios o propietarios.
Necesita resolverse, antes que nada, los problemas asociados a la inmaterialidad del dinero, que no son pocos, se necesita resolver si lo más oportuno es la existencia de una única autoridad monetaria emisora, interesa reflexionar sobre la importancia de desconectar, real y efectivamente, el poder político y el emisor o emisores. Interesa poner sobre la mesa, en lugar de fantasías homogeneizadoras, la oportunidad de permitir que en los distintos territorios puedan competir y circular libremente varias monedas. Interesa reflexionar sobre las características que tiene que tener el Tesoro, los activos, que respaldan una moneda. ¿Sabían que estamos en la era del conocimiento?
¿Consiste en añadir regulación y supervisión o añadir libertad? Venimos de una regulación excesiva que no ha funcionado y es mucho suponer que aumentarla proporcione mejores réditos. ¿Quién sufraga los costes de tanta burocracia y que garantías aporta? Más supervisión añade más colapso.
Las cosas deben ser sencillas y el caso que nos ocupa no puede resolverse añadiendo burocracia
Lo decisivo es la salvaguarda de los ahorros de la gente, las garantías jurídicas de los mismos. Sobre eso debe existir consenso. La actual situación, de excepcionalidad, en la que la banca ha tomado como rehén a los ciudadanos y en la que nadie puede garantizar, ningún estado, los depósitos de sus ciudadanos en caso de quiebra generalizada, es una situación en la que el propio sector ha roto todas las reglas que le hacían confiable. Se necesita regular a escala nacional, y con la capacidad ejecutiva de cada Estado, los procedimientos que debe cumplir las entidades tenedoras del dinero de la gente, que deben ser muy restrictivas. La especulación con el ahorro, legítima y necesaria, debe permancer en el ámbito de la responsabilidad individual. Si existe consenso para dicho propósito tanto mejor. Las cosas deben ser sencillas y el caso que nos ocupa no puede resolverse añadiendo burocracia. La burocracia, no existen excepciones, tiende a independizarse de cualquier forma de control.
La crisis que nos envuelve está demostrando que los Estados, por sí mismos o en comandita, son fuerzas muy lentas y comprobamos que insolventes para hacer frente a una crisis de magnitudes fuera de escala. No pueden impedir la recesión global y tampoco disminuir el cabreo y malestar de la población.






















