Análisis. ¿El sistema financiero mundial puede mutar en una cumbre de un montón de pachás, en una tarde y a puerta cerrada? Estamos a pocos días de dicha cumbre y nadie sabe nada sobre las propuestas de uno y otro, excepto vaguedades, generalidades alrededor de aumentar el control y la vigilancia del sistema financiero internacional, regional y local. ¿Existe una solución técnica única, común para todos y desplegable simultáneamente en todos los países? No existe.
Endeudar a las siguientes generaciones es la única opción disponible del actual modelo financiero internacional
Las únicas voces discordantes sobre el actual modelo son las de los premios nobeles, a la izquierda del sistema financiero mundial, Stiglitz y Krugman, que en todo momento se ha lamentado de que la economía internacional siempre se olvide del reparto de la riqueza y de imponer a los países pobres el recetario de los ricos (!). En la presente crisis, los citados, han encontrado el caldo de cultivo para hacer oír su voz, poniendo el acento en la información asimétrica que padece el sistema financiero internacional carente de transparencia. La conclusión final, la receta decisiva que todo lo puede y resuelve, según los citados es: vigilancia y control. A dicha receta se han apuntado el liderazgo mundial no teniendo cosa más consistente que decir.
¿Tienen razón Stigliz y Krugman?, ¿tiene razón Sarkozy cuando reivindica el retorno a la economía política? Somos muchos los que pensamos que se trata de manotazos al aire, desprovistos de coherencia y nulos visos de viabilidad. Los problemas que tenemos no son tácticos, son teóricos, fundamentales y afectan al modelo, a su estructura poco viable. Padecemos un exceso de regulación difícil de cumplir, imposible de vigilar y con defectos de fondo muy severos.
El actual modelo económico se fundamenta en asertos a los que es difícil oponerse: disciplina presupuestaria, bajos impuestos, estabilidad de precios, liberalización del comercio exterior, defensa a ultranza del derecho de propiedad como un instrumento principal para la prosperidad y libertad de acción. No se escuchan voces, excepto desde el izquierdismo, que pongan en duda la eficacia de dichos asertos. Confiar, por lo tanto, en que el problema se reselverá aumentando la regulación y la vigilancia, equivale a un brindis al Sol.
Nos enfrentamos a problemas más severos. ¿Quién respalda, por ejemplo, el papel moneda circulante? En el momento presente solo existe un respaldo, el PIB de cada país y la capacidad fiscal de cada Estado. Los supuestos tesoros de cada Estado (decrecientes), avalan un ínfima parte del papel moneda circulante. Y todos sabemos que existe mucho, mucho dinero en el mercado. Se quiere, ahora, sin interrumpir el modelo financiero de Estado, apalancar el modelo con mayores controles sin discutir si el actual sistema es viable, es matemáticamente y físicamente viable. Pareciera, escuchando a Zapatero y ciruelos parecidos, que el sistema financiero mundial tiene un problema específicamente burocrático: le faltan controles. ¿Se puede creer semejante simpleza?
Estamos ante un modelo financiero que concentra todos los riesgos en la cúspide del Estado y se pretende añadir más burocracia a dicha cúspide. ¿Para qué?, ¿qué resolvemos con tales iniciativas, más allá de unos pocos parches para ir tirando?
La ortodoxia macroeconómica ha saltado por los aires en todo el planeta. Nadie la cumple y los objetivos de Estabilidad Presupuestaria de la Unión Europea, fijados en un 3% de déficit público y una deuda por debajo del 60% de PIB, son imposibles de cumplir. Han sido reventados. ¿Cómo se financiará los excesos? Y ¿qué le pasa al dinero que tiene como único aval el PIB (Producto Interior Bruto) e ingresos fiscales, ambos en retroceso?
Estamos ante un modelo financiero que concentra todos los riesgos en la cúspide del Estado y se pretende añadir más burocracia a dicha cúspide. ¿Para qué?, ¿qué resolvemos con tales iniciativas, más allá de unos pocos parches para ir tirando? Lo que se decida en Washington (cumbre del G-20) no irá más allá de insuflar más tolerancia a la estabilidad presupuestaria, otorgando, si llega el caso, a algunas monedas o a la combinación de ellas, algún papel de guía o referencia. No pasará, en todo caso, de acomodo temporal mientras se encaran los problemas fundamentales que habrá que resolverlos en clave política, matemática y física (distribución de todos los riesgos descargando al Estado de su cualidad de primer, segundo. enésimo y último avalista).
La aceptación intelectual de que el Estado es inferior a la sociedad que le proporciona legitimidad y la aceptación de que su poder es limitado y muy vulnerable, contribuirá y mucho a la resolución del problema de fondo, que no es otro, que encontrar la mejor forma de preservar el poder adquisitivo de las gentes, eliminando la posibilidad de derrumbar todo el sistema con una única bala. Estamos hablando de distribuir los riesgos. Y la distribución de riesgos es de utilidad para el sistema monetario y energético. No es nada aconsejable que un país entero dependa de una única central nuclear, de una megacentral nuclear. Del mismo modo la capacidad financiera de una nación no debe depender de un único Banco Central Emisor. No tiene sentido. Hay que cambiar el objetivo, primero es preservar el poder adquisitivo de las gentes. Es un gravísimo error estratégico poner en primer plano preservar el poder adquisitivo de una moneda emitida en régimen de monopolio.
Estamos en un agujero negro y conviene atarse los machos. La desconfianza en el sistema financiero puede trasladarse a las monedas y sería el caos
La cumbre puede inducir el aplazamiento, aplazamiento genoroso, de la liquidación de la deuda pública, la vieja y la nueva, la que se avecina y que será gigantesca. Estamos pensando en modo parches y mejor, desde luego, parches que nada. En algún instante, en cualquier caso, habrá que ocuparse de los problemas reales. Endeudar a las siguientes generaciones es la única opción disponible del actual modelo financiero internacional.
¿Qué pasaría, es una pregunta, si en Washington no se llega a acuerdo alguno, ni siquiera parches? Estamos en un agujero negro y conviene atarse los machos. La desconfianza en el sistema financiero puede trasladarse a las monedas y sería el caos. El papel moneda circulante, una buena parte, está sin cobertura creíble, verídica. Crucemos los dedos. ¿Qué piensa Rusia, qué piensa China, qué piensa Brasil, qué piensa México, qué piensa la India, qué piensa Japón y qué piensa Estados Unidos? Esto no es Bretton Woodos. En aquella ocasión contaba la opinión de Estados Unidos y un poco menos, la del Reino Unido. La vuelta a la economía política, como propone Zarkosy, es la vuelta a la rancia geopolítica del músculo militar.
No es descartable que la cumbre de Washington concluya en una reyerta de pachás, a guantazos, intentando dirimir quien tiene mejores pectorales. Y cuando digo pachás lo digo porque se reúnen los dueños de las monedas más importantes. Ellos son los dueños. Antes había reservas de oro y ahora hay reservas de papel moneda. Montañas. Lo que no es papel moneda es anotación en cuenta.






















