Análisis. Hechos son amores y no buenas palabras. ¿Qué cosas buenas puede hacer un político? La principal y más importante, servir a los ciudadanos que le han confiado su voto. Es la principal, no cabe otra más importante y trascendente, pero en la hora de los hechos, en la hora de la verdad, es la última misión que se asigna a sí mismo. ¿Acaso el político defrauda la confianza que han depositado en él? Nada de eso. El político español es fiel escudero. ¿De quién?
Un político, el político en España, es un individuo de espaldas. Vive de espalda a los electores, los traiciona siempre que lo considera necesario, los desprecia en el fondo y en las formas, repudia responder ante él y, a más, se oculta a su escrutinio
El político español en muy raras ocasiones traiciona la confianza que en él han depositado. Pero contrariamente al espíritu de las leyes no es fiel a los que le han confiado su voto. El político español sirve al primero que ha confiado en él, que no son los electores sino su jefe político, que ha tenido hacia su persona la deferencia de incorporarle en las listas o ofrecerle una poltrona. Y le sirve con lealtad perruna, renunciando a su propio criterio, a su conciencia y haciendo los feos necesarios a sus propios electores.
Un político, el político en España, es un individuo de espaldas. Vive de espalda a los electores, los traiciona siempre que lo considera necesario, los desprecia en el fondo y en las formas, repudia responder ante él y, a más, se oculta a su escrutinio. En la política española nadie rinde cuentas. Si acaso los jefes políticos, de manera difusa, como jefes de cartel electoral. Asunto que es muy perturbador en el ámbito de la política nacional y que en en el ámbito de la política local es caso de extrema gravedad.
Los partidos políticos se autoproclaman garantes de la Libertad, y los políticos que militan en sus filas, la encarnación de la democracia. A los políticos españoles les gusta definirse como el biotipo en el que se funda la democracia. Sin ellos en particular, con su DNI y apellidos, la democracia sería una quimera. Se proclaman la democracia y todo lo que desdibuje su protagonismo tienden a considerarlo como ofensa intolerable. Reconvenirles o reflexionar sobre su conducta es interpretado de inmediato como ataque a la democracia.
:: La doble traición del político
Traiciona a sus electores y se traiciona a sí mismo. No sirve a los que debe y babea o enguarra para sus jefes políticos, mutilando sus convicciones y renegando de sus derechos civiles y políticos. ¿Qué perfil de personalidad se requiere para asumir dichos roles? ¿A quién concierne desvelar un asunto de tanta importancia, a los moralistas, a los psiquiatras, a los jueces, a la policía, al pueblo o a todos simultáneamente?
Traiciona a sus electores y se traiciona a sí mismo. No sirve a los que debe y babea o enguarra para sus jefes políticos, mutilando sus convicciones y renegando de sus derechos civiles y políticos con servilismo canino
¿Por qué los políticos traicionan con tanta facilidad el mandato constitucional? Se sienten portadores de sabidurías específicas (ideologías), que al resto de mortales no nos es dado penetrar ni alcanzar pues es el caso que debe tratarse de conocimientos cabalísticos de gran enjundia y muy honda profundidad. Eso creen y porque lo creen actúan y se comportan como lo hacen. La legitimidad que poseen, sin embargo, se la proporciona el pueblo, es su fuente de legitimidad, y la utilizan, paradójicamente, para menoscabarle y burlarse de él. ¿Cómo lo hacen?
Con el despliegue de procedimientos torticeros fuera de la Ley y el más grave, el más deleznable, mediante su sometimiento voluntario a la disciplina de voto, la que imponen sus jefes políticos y la renuncia, igualmente voluntaria, a su capacidad de iniciativa legal que entregan al grupo político. El político traiciona los valores constitucionales cuando, en su calida jefe, impone la disciplina de voto y saquea el derecho a la iniciativa legal a sus correligionarios y cuando, siendo correligionario, entrega con fidelidad canina, a sus jefes políticos su libertad de voto y su capacidad de legislar e influir. Doble traición.
En auxilio de tanta desfachatez y bribonería acude un sistema electoral, por ellos promovido y defendido, que imposibilita el vínculo entre los electores y el candidato. El actual sistema electoral solo permite un tibio nivel de identificación con el jefe de lista para promover, como única salida, la adhesión a unas siglas partidarias, renovable cada cuatro años. Es un procedimiento que oculta que los pueblos están constituidos por personas y que las personas eligen a otras personan para ser representadas. Son estrategias de deshumanización de la política y de la cosa pública. España posee un sistema electoral antinatural, inhumano y enajenador, diseñado para romper el vínculo entre el elector y el elegido, para romper la cadena de legitimidad democrática y menoscabar el principio de soberanía. Es un sistema que otorga a los partidos, intermediarios sociales, todo el protagonismo. Es como si el comercial, el vendedor, se quedara con la cosa vendida y con el producto de la venta, estafando a la fábrica y al cliente.
:: Penalizar las maniobras que imponen la disciplina de voto
Las estrategias partidarias obstinadas en impedir y obstaculizar su democracia interna, las burocracias se comportan como rodillos implacables, se prolongan por la vida parlamentaria y política a fuer de sistemas coercitivos sobre los representantes del pueblo (concejales, diputados provinciales, diputados autonómicos y diputados y senadores en las Cortes). Y los sistemas coercitivos son básicamente dos:
1. El sometimiento de los representantes del pueblo a través de la disciplina de voto.
2. El sometimiento de los representantes del pueblo retirándoles la iniciativa legal (de propuesta) en beneficio de su jefe político.
La disciplina de voto no es práctica que pueda incorporarse a ninguna ley o reglamento, es anticonstitucional y ha sido, prudentemente eliminada de cualquier estatuto o procedimiento. Todos sabemos, no obstante, que se practica a caraperro y con desenvoltura por parte de los partidos políticos (todos)
¿A quién representan, a los españoles, a los electores de su circunscripción, o a sus jefes políticos? ¿Por qué no están fuertemente penalizados los sistemas coercitivos que desarrollan los partidos? Por qué tanta impunidad y consentimiento con las tropelías que se cometen contra los representantes del pueblo. Cuando se hacen públicas estas consideraciones, los políticos callan, se compinchan, se sindican para promover el silencio y para prorrogar su abuso. La disciplina de voto no es práctica que pueda incorporarse a ninguna ley o reglamento, es anticonstitucional y ha sido, prudentemente eliminada de cualquier estatuto o procedimiento. Todos sabemos, no obstante, que se practica a caraperro y con desenvoltura por parte de los partidos políticos (todos).
La renuncia a la capacidad de iniciativa legal a favor de cada jefe político, todavía está acanallada en algún artículo del Reglamento del Congreso. Estamos hablando de un mero reglamento que se modifica en un cuarto de hora y de una práctica partidaria, la de la disciplina de voto, que es ilegal. Son asuntos, cruciales para la calidad de la democracia, y que necesitan únicamente de conciencia y presión popular.
¿Se hubiera aprobado el Estatut de Cataluña sin los mecanismos coercitivos a favor de los jefes políticos? NO. ¿Tendríamos leyes para proteger a los hispanohablantes en cualquier parte del territorio español? SI. ¿Estarían colgadas en la red, las agendas de nuestros políticos, su carta de intereses, sus ingresos y bienes patrimoniales? SI ¿Estarían en la red, en Internet, colgados los estados contables completos de todas las administraciones? SI ¿Tendríamos ya otro sistema electoral? SI ¿Se habría reformado la Constitución? SI. ¿Los nacionalismos serían menos influyentes? SI ¿Seguiría existiendo ETA? NO ¿Se estaría hablando, como se hace ahora, de aborto libre? NO y suma y sigue… La recuperación de la soberanía por parte del pueblo es asunto más crucial de lo que parece.






















