Análisis. España es una país, antropológicamente católico con imnumerables rastros en toda nuestra cultura, en nuestras manifestaciones artísticas, culturales y sobre todo legales. Pertenecemos a la cultura del amor y el perdón. Una cultura inextricable sin el concurso del catolicismo y de la fe cristiana. Los símbolos importan e importan tanto que detrás de ellos, a su amparo, se alistan las poblaciones y entran en combate.
Ser más cuidadoso con lo que hacemos y decimos en tanto nos referimos a los símbolos, también los religiosos, debiera ser norma de estricto cumplimiento. Piensen, por un instante, en lo que son capaces las minorías hipernacilistas de hacer por su bandera. El ninguneo de los símbolos, exclusivamente, por su evocación religiosa, es una actitud menos inofensiva de lo que pueda creerse y con consecuencias más devastadoras de lo que pudiera parecer.
La agenda de los españoles no puede quedar en manos de una minoría cristofóbica, activistas que interpretan el símbolo de la Cruz ajeno a sus costumbres, invasivo y merecedor, incluso, de persecución
El ninguneo y desprecio de los símbolos religiosos, excediendo la norma legal, y mucho más cuando nos referimos a los símbolos constitutivos de nuestra cultura e historia, es comprensible, únicamente, si lo que se pretende es abrir la caja de los truenos y el retorno a la cavernas. La agenda de los españoles no puede quedar en manos de una minoría cristofóbica, activistas que interpretan el símbolo de la Cruz ajeno a sus costumbres, invasivo y merecedor, incluso, de persecución.
:: La polémica
El argumentario que utilizan el activismo cristofóbico es de ida y vuelta, caprichoso e inconsistente. ¿Dónde quedan las libertades individuales?
Una reciente sentencia emitida por un Juez de Valladolid obliga a retirar los crucífijos de un Colegio de Valladolid. La razón de fondo es que el colegio es un espacio público y España, a su vez, un estado aconfesional. Razonamiento que sería de aplicación para retirar la mayor parte de cuadros del Museo del Prado y cancelar todas las ayudas a la restauración de templos o la derogación de los muchos Bienes de Interés Nacional o Patrimonial, en su mayor parte de inspiración religiosa. Del mismo modo habría que cerrar joyerías que prodigan la señal de la cruz por todo tipo de diseños y con el mismo énfasis, prohibir la manifestaciones religiosas de la Semana Santa o cualesquiera otra porque utilizan un espacio público y España es un estado aconfesional. ¿Por qué la Cruz Roja utiliza la señal de la cruz en su ideograma y la impone en los espacios públicos por las que circulan sus ambulancias? ¿Debiera un enfermo negarse a ser trasladado en dicha ambulancia por considerar atropellados sus derechos fundamentales? ¿Qué hacen Suecia, Noruega, Dinamarca o Suiza, exhibiendo señales de la cruz en sus banderas, qué se han creído?
En razón al juez que dictó la resolución que ahora nos ocupa, los padres de los alumnos y los propios alumnos no podrían usar, ellos mismos, símbolos religiosos en un espacio público. El argumentario que utilizan el activismo cristofóbico es de ida y vuelta, caprichoso e inconsistente. ¿Dónde quedan las libertades individuales?
:: División de opiniones entre los activistas cristofóbicos
El Ministerio de Educación temeroso de que la sentencia constituya el inicio de una estrategia de marginación y exclusión de la gran mayoría de la población, mas cauteloso, se muestra partidario de desjudializar estos asuntos y permitir que sean los padres lo que eluciden sobre la presencia o no, de símbolos religiosos en las aulas en función de sus preferencia. Por su parte el Partido Socialista, acerando sus críticas, y cediendo a las presiones de sus propias minorías cristofóbicas, ha optado por reclamar de la Junta de Castilla y León el cumplimiento inmediato de dicha resolución judicial.
La mutilación de las opciones religiosas de las personas, convirtiendo la aconfesionalidad en un atributo para la persecución del sentimiento religioso y particularmente, cristiano y católico, está adoptando en España perfiles insidiosos
No existe norma administrativa alguna, en la actual legislación, que imponga la existencia de un crucifijo en las aulas, a modo de fuente inspiradora o para bendecir o proteger el trabajo docente. No existe. La existencia de crucifijos en las aulas es un residuo de ancestrales costumbres. Y corresponde a los padres de familia, a la propiedad del colegio, a su dirección, la presencia o no de crucifijos en las aulas y en otras dependencias de los centros escolares. La mutilación de las opciones religiosas de las personas, convirtiendo la aconfesionalidad en un atributo para la persecución del sentimiento religioso y particularmente, cristiano y católico, está adoptando en España perfiles insidiosos.
:: Confusión en el legislador y en la clase política
A nadie se le persigue, y así debe ser, si no es religioso o no cree en Dios. ¿Por qué ceder ante los que quieren perseguir a los que creen
El afán reglamentario, descendiendo hasta los más nimios detalles, para todo y también para la presencia o no de crucifijos en las aulas, convierte a los partidos políticos en protagonistas principales de una fiesta que no va con ellos. Lo ocurrido en el Colegio de Valladolid lo deben resolver los padres de familia sometiendo a referéndum, por ejemplo, la petición del padre agredido por la presencia de un crucifijo en el aula de su hijo. Así de sencillo. Si la intransigencia del buen hombre le impide aceptar la voluntad de la mayoría, siempre tendrá la posibilidad de cambiar de colegio.
¿Se pretende prohibir, hablemos claro, las procesiones, cerrar los museos o derribar la Catedral de León, exclusivamente porque están en lugares públicos y España es una Estado aconfensional? Alguien que esté en sus cabales puede afirmar que la propia existencia de la Catedral, su contemplación, su grandiosidad, no inspira, en algún sentido, sentimientos religiosos y qué decir de las procesiones y del uso muy común del símbolo de la cruz? ¿Debiera prohibirse salir al campo de fútbol a todo aquel que se presigne, que invoque la señal de la cruz, antes te tocar el césped?
Ceder a las pretensiones de la minoría cristofóbica, a la pretensión de un grupo minoritario de activistas empecinados en mutilar la dimensión religiosa del hombre, a golpe de decreto, y con más fiereza, si la manifestación es cristiana y católica, nos retrotrae al asunto fundamental de la Libertad, si existe o es una entelequia. A nadie se le persigue, y así debe ser, si no es religioso o no cree en Dios. ¿Por qué ceder ante los que quieren perseguir a los que creen?






















