Análisis. El desempleo en España crece a un sofocante ritmo del 42,7% en términos anuales. ¿Es una tasa espectacular, usted que opina? ¿Conoce algún caso parecido en el resto del mundo occidental? Es un fenómeno social y naturalmente económico y político, que evoca la república de Weimar (Alemania 1919-1933) y más recientemente, la descomposición del imperio soviético, épocas de destrucción masiva de empleo. ¿Nos descomponemos? A nadie le importa el asunto o no le importa, dicho de otro modo, en grado suficiente para convertirlo en caso de emergencia nacional y principal asunto al que debiera subordinarse el resto de la agenda. Con todo, pudiera estar ocurriendo, que nos estamos descomponiendo.
De lo único que se habla, y todas las medidas van en dicha dirección, es de levantar lo que se ha desmoronado por su propio peso
Las interpretaciones para descafeinar una situación tan alarmante, tan adversa, son variadas y ninguna explica ni se aproxima el fenómeno al que asistimos. El aumento de la población activa no justifica, ni de lejos, el ritmo de crecimiento del paro. Y como es lógico las cifras del paro están arrastrando a la cifras de afiliación a la Seguridad Social. En los últimos meses la Seguridad Social ha perdido 672.000 cotizantes.
:: Los jóvenes y más cualificados los más perjudicados
Los jóvenes y cualificados están siendo y lo serán aún mas los grandes perdedores de la actual crisis. La cifras de la Seguridad Social nos proporcionan una pista esclarecedora de lo que está pasando. La Seguridad Social se ha dejado en el camino en los últimos doce meses nada menos que el 13,2% de sus afiliados con edades comprendidas entre 20 y 24 años. ¿Cómo es posible tanta asimetría entre oferta educativa y demanda de puestos de trabajo? Y la situación se hace más tenebrosa cuando en momentos de recesión la oferta laboral del sector público, 2,3%, casi dobla a la del sector privado, 1,3%, tal como refleja la EPA del III Trimestre.
La cifras del paro trascienden el fenómeno estadístico para convertirse en un epifenómeno que desvela la profundidad de nuestra crisis. Ya tenemos, ahora, en estos momentos, 575.868 trabajadores que viven con los 413,52 euros mensuales que les garantiza nuestro mediocre Estado de bienestar, que viven con un prestación asistencial por haber agotado la vía del nivel contributivo. Es un indicador que está creciendo a ritmos del 21%.
:: Descenso sistémico de nuestra productividad
No basta, lo estamos viendo, con insuflar liquidez en el sistema. No es suficiente con ponernos manos a la obra, como un solo hombre, para levantar lo que se ha desmoronado por sí mismo. Volver a levantar lo que no se puede sostener por sí mismo es una temeridad
La naturaleza de nuestra economía queda desvelada por la deslace y hundimiento continuado de nuestra productividad, de la competitividad de nuestra economía. Entre 1966 y 1975, España mantuvo una cifras de productividad por persona del 5,4%. Cifras que en aquellas épocas nos situaron en el tercer puesto de Europa y de la OCDE. Desde entonces, las cifras han perdiendo pulso y ya en el periodo entre 1976 y 1985, pasamos del 5,4% al 3,3%. Entre 1986 y 1995 bajamos hasta al 1,6% y entre 1996 y 2004, quedó reducida a un minúsculo 0,7% y descendiendo.
Son datos estadísticos inducidos por numerosas asimetrías que desvencijan nuestra estructura económica y productiva. La disociación entre sistema educativo y productivo, la baja especialización y cualificación de nuestro sistema productivo con indicadores, que no sobrepasan la categoría de anécdota, de innovación y cambio tecnológico; vaciamiento de contenido del concepto trabajo y esfuerzo; y desestructuración dramática de la composición de nuestras cifras macroeconómicas.
Dos tercios del gasto público lo generan las comunidades autónomas y las entidades locales sin que dicho gasto este adecuadamente respaldado por partidas presupuestarias. España, como país, está en recesión y las distintas comunidades autónomas, una a una, van entrando en recesión con gravedad variada según el caso. En muchas comunidades autónomas se sobrepasará la cifra del 25% de paro y todo indica que no será fácil, socialmente fácil, asumir un descenso tan brusco en el poder adquisitivo (en menos de dos años) y con gran incertidumbre sobre la hipotética recuperación.
:: ¿La octava potencia mundial?
Nuestra deuda exterior crece sin tener en consideración los dramáticos ajustes que se están produciendo y refleja, es otro indicador, las graves asimetrías de nuestra economía, sobrepasa el 160% de nuestro PIB y es superior al 1,7 billones de euros. En el 2004 era la mitad. En tan solo cuatro años hemos doblado nuestra deuda exterior. La deuda exterior es el saldo vivo de los préstamos pendientes de pago y que tienen su correlato en el déficit de la balanza de pagos que crece al mismo ritmo. Entre lo que España debe y los que nos deben, el balance es un saldo negativo de 859.300 millones de euros. Una cifra espectacular y más aún si se tiene en cuenta que gran parte de dicha deuda es a corto. El 12% de dicha deuda está contraída por las administraciones públicas y el resto por la economía española. Importamos mucho más de lo que exportamos por todos los conceptos.
:: El paro se merece una reflexión específica
Diera la impresión, escuchando a nuestros políticos, que será suficiente con guardar la calma y no perder los nervios hasta que el cambio de ciclo nos devuelva a las expectativas del año 2007 y anteriores. Nada es lo que parece. No estamos ante un cambio de ciclo. La economía mundial y con más razón la española, está atrapada en la desintegración de muchos paradigmas que han entrado en crisis de forma definitiva.
Nos adentramos en un cambio tecnológico de gran profundidad y que ya está originando gran estrés industrial y social. Sectores industriales enteros desaparecerán, otros tendrán que reinventarse y otros muchos tendrán que evolucionar. Es un hito que ya está generando un gigantesco estrés industrial y social. Hay zozobra y ansiedad. Servicios públicos que la sociedad ha venido prestando con determinadas reglas, tendrán que ser reinterpretados y en algunos casos reinventados, los cambios afectarán al continente y al contenido y me estoy refiriendo al modo en qué prestamos los servicios de educación, sanidad, seguridad, justicia y los problemas asociados al envejecimiento (pensiones y cuidados).
La cifras del paro tienen una dimensión estadística y tiene otra como epifenómeno de los grandes cambios que se están produciendo. No hemos entrado en una recesión al uso, explicable con cuatro cuadros macroeconómicos. El paro, porque detrás hay personas de carne y hueso, ciudadanos, es y será el núcleo del problema. Nuestra clase política, nuestras instituciones, la sociedad en su conjunto, no le está prestando suficiente atención. Son cifras que nos están transmitiendo problemas de mayor envergadura, en algunos casos transversales, que no es posible liquidar acudiendo al argumento del ciclo económico adverso.
:: ¿Existe criterio?
Diera la impresión, escuchando a nuestros políticos, que será suficiente con guardar la calma y no perder los nervios hasta que el cambio de ciclo nos devuelva a las expectativas del año 2007 y anteriores. Nada es lo que parece. No estamos ante un cambio de ciclo
No basta, lo estamos viendo, con insuflar liquidez en el sistema. No es suficiente con ponernos manos a la obra, como un solo hombre, para levantar lo que se ha desmoronado por sí mismo. Volver a levantar lo que no se puede sostener por sí mismo es una temeridad. Y de momento, entre todas las medidas que están puestas sobre la mesa en el mundo occidental, de lo único que se habla es de levantar lo que se ha desmoronado por su propio peso, por su inconsistencia. Nos enfrentamos a la inconsistencia, a la inviabilidad, de una buena parte de nuestras estructuras, entre las que cabe citar el propio sistema financiero tal como hoy lo conocemos.
Los analistas empiezan a descubrir que el Estado del Bienestar es muy vulnerable y en algunos casos, entre vulnerable y ridículo, sin cimientos, sostenido a fuerza de voluntarismo y ninguna regla física que garantice que puede mantener su verticalidad por mucho más tiempo.
No consiste en añadir más, en quemar recursos que ya no tenemos puesto que todo se está haciendo a base de emitir deuda, para repetir lo que ya fracasó o para levantar lo que por sí mismo se desmoronó. Consiste, dígase, en generar criterio para que el titánico esfuerzo, con ribetes agónicos (emitiendo deuda a chorros), que se está realizando tenga vínculos con la realidad y con el futuro. El mundo occidental está en una encrucijada. Los países que consuman todos sus recursos, lo que ya no tienen, en soluciones fracasadas, y ésta parece ser la lógica dominante, agudizarán su propia crisis. Lo países, al revés, que subordinen su gran esfuerzo a una reflexión más pegada a la realidad y con afán de futuro, tendrán más posibilidades de superar antes y mejor las dificultades del presente.
De una crisis como la actual se sale con liderazgo o hecho un cromo. Es una absurdo pretender resultados distintos haciendo lo mismo. Se habla de que se necesitan políticas industriales. Es un punto de partida. El problema, sin embargo, dedúzcanlo por sus propios medios, es más profundo. Necesitamos mejorar la protección social, es obvio, pero con procedimientos que no generen deuda. Los existentes son insuficientes y erráticos.






















