Análisis. No es lo mismo impulsar redes de apoyo al aborto (muerte) que redes de apoyo al embarazo (vida). Son iniciativas opuestas. La revolución sexual de la segunda mitad del siglo XX, cuando explotó, y que ha tenido una larga gestación, con la ayuda de los avances tecnológicos, permitió a la Humanidad separar sexualidad, afecto y reproducción. Aspectos que como se ha demostrado son técnicamente separables.
Mi felicitación para todas las redes promaternidad (RedMadre), las que ya están creadas, las que se creen y para las administraciones que las apoyen. Las redes ProMaternidad, son las mejores ONGs
Se puede tener sexo sin afecto y sin estar vinculado a la reproducción. El sexo por el sexo, el placer por el placer, comer por comer, joder por joder. Existe obesidad mórbida y existe sexualidad mórbida. Sexualidad sin sentemientos. La defensa del sexo, como categoría separada del afecto y de la reproducción, de la creación de vida, tiene más efectos colaterales, en cualquier caso, de lo que en principio cabía suponer.
¿Todo lo que es posible técnicamente es bueno por sí mismo? Pues depende. Muchas cosas son técnicamente posibles y sin embargo nos crean grandes conflictos morales ponerlas en práctica. Las bombas radioactivas, atómicas, las minas antipersonas, la ingesta de cocaína en cualquier forma, la deglución de 2 kilos de hamburguesas, son cosas técnicamente posibles. Los motores de explosión y combustión, el 99,99% del parque móvil rodante, utiliza dichos motores y no por ello son recomendables. La Humanidad no quiere usar las bombas radioactivas, las atómicas, las minas antipersonas y se propone abandonar la contaminación química que generan los motores de combustión y explosión que tienen como combustible derivados del petróleo.
:: Cosas de la humanidad
Sabiendo por qué, es el quid de la cuestión, lo repito, sabiendo por qué, la Humanidad, poco a poco, tenazmente, se deslizó —y las distintas religiones no son ajenas a dicho empeño, y el cristianismo ha sido especialmente activo y responsable en dicho hito— hacia la agrupación familiar, dotándola de contenidos, con fuerza integradora, núcleo de afecto y de apoyo mutuo y lo que es decisivo, con fuerza suficiente para hacer comunidades (sociedades).
La familia es un hecho primero moral y después jurídico que ha costado construir siglos y que, no obstante, ha hecho falta muy poco tiempo para destruirlo
Son cosas de la Humanidad y son hitos importantes relacionados con la civilización de la ciencia, de la sistematización de saberes y de habilidades sociales. La familia se mantiene agrupada a través de un copioso entramado de principios morales que generan obligaciones y derechos. Los avances éticos, aquello en lo que la comunidad cree y que posteriormente se transforma en leyes, son lentos. Construir un valor moral es complejo y lento. Inocularlo en el tejido social y expandirlo y asentarlo es, a su vez, más lento de lo que pudiera parecer. La familia es un hecho primero moral y después jurídico que ha costado construir siglos y que, no obstante, ha hecho falta muy poco tiempo para destruirlo. Derribar es más fácil que construir.
Las mayores amenazas contra la familia han surgido de los discursos inhóspitamente revolucionarios que señalaban y señalan la familia como la depositaria de los peores valores de la sociedad y la encargada de difundirlos y expandirlos. Pensaron esos extraños revolucionarios, y lo siguen haciendo, ahora con la boca pequeña, que si atacaban a la familia, la destruían, lograban la emergencia, por arte de birlibirloque, de individuos libres y prestos para su revolución. La familia se utilizó como diana y se la responsabilizó de la opresión universal (?).
:: Libertad sexual contra compromiso
Las clínicas abortivas junto con la píldora del día después, lejos de ser un recurso, se han convertido en un deporte popular y en el testimonio de un gigantesco fracaso individual y colectivo
De la familia forma parte el compromiso, la responsabilidad, el afecto y la ayuda a la vida. Eso es la familia. Y no obstante, con desidia no exenta de insidia, se la considera un fastidio y un inconveniencia atroz para alcanzar la felicidad. ¿En qué se ha convertido la felicidad? Pues en un sinónimo de licencia y básicamente de licencia para la actividad sexual, sin compromiso, sin afecto, y desvinculada de su mayor potencial, la de ser generadora de vida.
Así es como el embarazo no deseado se convirtió en el principal obstáculo para la libertad sexual. Primero fueron las redes de planificación familiar, después las clínicas abortivas y recientemente, la píldora del día después. En ningún momento se ha pensado en la mujer, en sus derechos y felicidad. Se ha pensado sustancialmente en proteger la libertad sexual para derribar la familia. Las clínicas abortivas junto con la píldora del día después, lejos de ser un recurso, se han convertido en un deporte popular y en el testimonio de un gigantesco fracaso individual y colectivo. Abortar no es divertido.
Como sin querer, lenta pero inexorablemente, se ha escindido sexualidad, afecto y procreación. Se ha cultivado la licencia y se ha oscurecido, imprudentemente, el compromiso y la responsabilidad. La educación de los últimos años está orientada a dicho propósito con los efectos y consecuencias que todos conocemos, la desestructuración social masiva, que es emocional, social y económicamente inviable.
:: Redes sociales en defensa de la maternidad
Justo es, por lo tanto, que las administraciones y la sociedad se movilicen para compensar tanto desatino conceptual, antropológico y moral, con consecuencias y efectos tan perversos en la economía y en la salud individual y del cuerpo social. La cultura de la maternidad es una cultura de vida y muy saludable. El apogeo de las culturas de muerte, aborto y eutanasia, su facilitación al tiempo que se la conjura y oculta (la eterna juventud), necesitan de iniciativas activas en sentido contrario.
La familia se mantiene agrupada a través de un copioso entramado de principios morales que generan obligaciones y derechos
Los españoles estamos instalados en un gigantesco error cultural: el de estar convencidos de que somos un linaje que se merece la extinción. Ni siquiera el argumento de la biodiversidad es un argumento que acude en auxilio de nuestra decisión firme de extinguirnos. Y como no merecemos vivir mejor es facilitar todo lo que contribuya a tal fin. Nuestra tasa de natalidad es concluyente y habla por nosotros. Estamos muy lejos de la tasa de reposición, pero muy lejos y en gran medida, desde un punto de vista matemático nuestros decisiones ya han sido tomadas. Importamos mano de obra e importamos células.
Tanto empeño hemos puesto en celebrar y proteger la licencia sexual que nos hemos olvidado, por completo, de proteger la maternidad, desprestigiada como pocas cosas, a la que oponemos todo tipo de barreras y trabas en todos los órdenes de la vida. Hemos convertido la materniadad en su contrario, que absurdo, en el fin de la historia y del mundo. ¿Qué nos está pasando?
Mi felicitación para todas las redes promaternidad (RedMadre), las que ya están creadas, las que se creen y para las administraciones que las apoyen. Las redes ProMaternidad, son las mejores ONGs. ¡Basta ya de joder, no somos bestias! ¿Qué tiene de malo el amor? Sexualidad, afecto y reproducción son tecnicamente separables, es más dudoso que lo sean humanamente y más de la forma en que se está haciendo, a granel.






















