León. Los periódicos de hoy, El Mundo de León, El diario de León, nos proporcionan datos nada alentadores. El comercio sufre caídas de casi un 60% en ventas y recurre a ofertas, nada más y nada menos que un 60%, la compra de viviendas se desploma un 45% en el tercer trimestre y la pérdida de población (emigración) en nuestra provincia no lograr ocultar las bajas tasas de paro de estos últimos años y el deterioro de todas nuestras cifras macroeconómicas y demográficas.
La economía local se hunde. Los datos negativos se acumulan. Son datos poco especulativos. Son datos ciertos, cada uno de ellos con dientes de sierra trituradores. Deshilachan, roen, destruyen, perforan, no dejan títere con cabeza, cuanto tocan, destruyen. Los mensajes optimistas, los que producen las distintas administraciones, por variadas razones, sin consistencia, contribuyen al descrédito y la desconfianza en proporciones imprevistas.
Estamos en el centro de una tempestad con una estruendosa capacidad destructiva. No es una crisis es un ultimátum. ¿Cerrar, bajar la trapa o aguantar? Muchos empresarios se están planteando en estos momentos tirar la toalla. La economía real se enfrenta a un duro proceso de destrucción. Hemos pasado del boom a la bancarrota en un cuarto de hora. La confusión es máxima y general el desconcierto.
:: Intereses opuestos
No hay dinero y el poco que existe, está agazapado, a la espera de productos financieros del Estado (seguridad). El Estado y las distintas administraciones están compitiendo contra las empresas en la captación de los pocos recursos económicos que existen en el mercado. Las administraciones públicas y el propio sistema finanerio se han convertido en el principal enemigo de la economía real.
Los intereses son contrarios, opuestos, entre las administraciones, el sistema financiero y la economía real. En estos instantes todo está confabulado contra la economía real. A la economía real le quedan dos opciones, a) plantarse o b) tirar la toalla. No existen más opciones. En estos instantes está triunfando el desánimo, el abatimiento y el sentimiento generalizado de derrota. Si no se produce un revulsivo y se revierte la situación, la catástrofe destructiva está próxima.
Si no se reconduce la situación, la crisis no tendrá una función depurativa (el mejor de los supuestos) y no podremos hablar de destrucción creativa, hablaremos a secas, de destrucción sin horizonte y de cataclismo. No estamos en una encrucijada, estamos bajo el mandato de un ultimátum: desintégrate.
:: Desistimiento político y social
Administraciones, asociaciones de todo tipo, entidades profesionales, todas, están bajo el impacto del fuerte schock que las ha producido una crisis tan violenta y rápida en forma de ultimátum. La paralización y desistimiento es muy similar a un ataque de vértigo de naturaleza vírica. Es como la peste. Nadie reacciona a la espera de algo ocurra y lo que está ocurriendo es la proliferación de microorganismos que alimentan la crisis: miedo, paralís y ocultamiento de los datos ciertos.






















