Análisis. He leído y leído, con cuidado, con sumo cuidado, la entrevista realizada a Howard Davies, Director de la London School of Economics y que ha sido entre otras cosas ex presidente del regulador financiero británico y que fue publicada el sábado, 17 de enero por el diario El Mundo. ¿Y por qué les cuento que la he leído y varias veces? Para añadir a continuación que me produce estupefacción el modo en que en el Director de una prestigiosa escuela de negocios enjuicia la crisis en la que estamos sumidos.
¿De qué les hablo? De que Zapatero no decide. Él y su gobierno, desconocen la intensidad de los cambios que se están produciendo y el sesgo que adoptarán
Howard Davies es Licenciado en Historia Contemporánea y Diplomado en negocios, Consejero del Morgan Stanley y otras muchas cosas. Es un hombre curtido, con experiencia y no es un accidente que dirija la London School of Economics. Le adorna un meritoria carrera económico/financiera muy exitosa pero también, esta es la cuestión, convencional. Y puesto que es convencional, clásica, convencionales y clásicos son sus argumentos. A tal punto me parecen convencionales y clásicos que he llegado a la siguiente conclusión: las soluciones a la actual crisis económica y financiera no se están cocinando, ni se cocinarán, en las actuales escuelas de negocio.
:: Dos grandes facciones
Dividiré las escuelas de negocios en dos grandes facciones. Un grupo mayoritario, dominante, arrollador por su tamaño, que interpreta la economía como una parte de la política y por lo tanto, para dicha facción, sólo existe economía política o mejor, sólo la economía política tiene interés. Otro grupo minoritario, muy minoritario pero emergente, es el que considera que cuanto menos política mejor economía. Es decir, existen dos facciones, de un lado los que consideran que la economía necesita dirección, la gran mayoría, y los que consideran, una minoría todavía inaudible, que la economía necesita ser atomizada, los que pensamos que cuanto menos tutela de la política y menos control de sus magnitudes y procedimientos tanto mejor para todos.
Las escuelas de negocios y las escuelas políticas, las grandes corrientes ideológicas, lo que queda de ellas, en su mayor parte subproductos, pertenecen a la primera facción. Las escuelas de negocios asumen que al calor de la regulación se pueden hacer grandes negocios, parten de la premisa de que desde los presupuestos generales del Estado, con el control político de los mismos, es posible acometer grandes proyectos económicos y financieros. Y, a su vez, las grandes corrientes ideológicas, los subproductos que quedan de ellas, consideran que sin economía, sin el control de las misma, es imposible hacer política. ¿Es cierto que sin el control de la economía es imposible hacer política? No lo es.
Howard Davies interpreta la actual crisis como una crisis ordinaria, casi lógica, originada por la presencia de dos burbujas, la inmobiliaria y la financiera. En su opinión nada sustancial ha cambiado. Una vez queden descontados los excesos y se realicen los ajustes necesarios todo volverá a la normalidad, a la economía política, intervenida y regulada por el Estado, por organismos multinacionales y a la postre por la clase política convencional apoyada e inspirada por los miembros de las escuelas de negocios que pertenecen a la gran facción.
Mi opinión constituye un jarro de agua fría para los que necesitan creer que estamos dentro de un ajuste y que cuando termine volveremos sobre nuestros pasos a lo ya conocido y trillado. No será así y el entorno que genera cualquier ajuste, destrucción de empresas y desempleo, en la presente ocasión vendrá adornado por la reestructuración aguda de sectores enteros, la automoción, el financiero, el energético, el de la construcción, el institucional y el educativo. La presente crisis por su propia lógica, impondrá otra forma de pensar y resolver y afectará con componentes destructivos a las escuelas de negocios y a los subproductos ideológicos que actualmente se consumen.
:: Zapatero no manda
¿De qué les hablo? De que Zapatero no decide. Él y su gobierno, desconocen la intensidad de los cambios que se están produciendo y el sesgo que adoptarán. Su visión, su punto de vista, los ojos con los que escudriñan los acontecimientos no son útiles para encarar el futuro. Zapatero no organizó la crisis y, por supuesto, tampoco la resolverá. La misión política, al modo clásico, ha quedado en suspenso. No estamos en manos de Zapatero y tampoco de Rajoy o de la comanda que ambos, del brazo, encarguen. La sociedad necesita desperezar y ponerse en movimiento. Necesitaremos mucha Libertad, más debate, abrir ventanas y romper cancelas.
La actual crisis no será resuelta por Zapatero, será resuelta por los españoles y requiere la reintroducción en el debate del sentido común, los principios morales y también de las leyes de la física para desplazar a los sofismas y a las fantasía que han iluminado todo el siglo XX. Me refiero a la cultura animista (poner impuestos a las cosas, al dinero o a los inmuebles, por ejemplo); me refiero a la cultura de la extorsión (poner impuestos al trabajo) y me refiero, es obvio, a la pretensión intelectual de gobiernos locales, regionales, nacionales, supranacionales o mundiales, instituciones de derecho público, exclusivamente burocráticas, que no rinden cuentas, y que se autoconstituyen con la misión principal de organizar y regular el gasto de los ciudadanos.
Contrariando a los subproductos ideológicos que todavía deambulan por el siglo XXI, y a las formas de pensar bien pertrechadas en las escuelas de negocios, es posible hacer política sin necesidad de dominar la economía u organizar el gasto de los ciudadanos. Es un salto cualitativo que necesitamos acometer. En lugar de centralizar los riesgo, al revés, necesitaremos atomizarlo y obligarlo a estructurarse en red, con tecnologías y aplicaciones que permitan aislar un problema, sí eso es lo recomendable, o todo lo contrario, la concurrencia de otras partes en su auxilio.
Necesitamos soluciones institucionales más estables y garantistas porque necesitamos emanciparnos de una fantasía recurrente, y por recurrente no menos delirante: la unión burocrática universal bajo la bota de élites preclaras al servicio de una única obsesión, destruir la propiedad privada y angostar la libertad. Empresarios, trabajadores, políticos, académicos y periodistas, estamos atrapados en las telarañas del pasado. Para expandir la prosperidad, para hacerla global es preciso que occidente abandone la indigencia intelectual y moral que propende a la catástrofe. Es urgente hacerlo porque en los aledaños de Occidente lo único que se propaga es el oscurantismo y el oscurantismo es concomitante con los sofismas que dan cobijo a nuestros delirios.






















