Análisis. Las cosas no se están explicando bien y existe gran interés en que nadie alcance a comprender que es lo que está pasando. Mientras estamos dentro de una crisis financiera, la interpretación común, básicamente por comodidad, es que los expertos usando la inmensa sabiduría acumulada por la ciencia y la tecnología, más bien antes que después, no librarán de dicha pesadilla. Ingenuidad.
Hoy, igual que ayer, hemos sido convocados por nuestras élites políticas y por nuestro Presidente del Gobierno, para soportar con resignación y sacrificio la crisis que padecemos. Ya hemos sido convocados para sufrir, callar y no preguntar
Lo que ocurre, la verdad, es que los expertos y analistas, los pocos que quedan en ejercicio, los pocos que dan la cara, lo hacen para sugerir que es una situación muy similar a la de la postguerra (II Guerra Mundial) y que estamos dentro de una crisis social severa y con profundas consecuencias. ¿Es una crisis financiera? No es el caso. Estamos, y les hablo de España, dentro de una crisis social de muchos quilates, como no habíamos tenido otra desde la postguerra (Guerra Civil Española), con idéntica intensidad y con tantos o más asuntos que discutir sobre la mesa. Nuestros políticos son ignorantes y autoenvilecidos; nuestra sociedad está aturdida atrapada en una profunda anomia social y moral, nuestros sistema político, jurídico e institucional adolece, como entonces, de irrelevancia y desafección y para enrarecer aún más el cuadro de crisis, nuestro sector financiero es un estorbo y una amenaza. Entonces la crisis se resolvió por las bravas. Se impuso el criterio de esparcir el hambre y las calamidades. Socializar el hambre, el sacrificio y la resignación fue la única política posible.
Hoy, igual que ayer, hemos sido convocados por nuestras élites políticas y por nuestro Presidente del Gobierno, para soportar con resignación y sacrificio la crisis que padecemos. Ya hemos sido convocados para sufrir, callar y no preguntar. Lo único cierto es que el PIB español, en la postguerra se desplomó. Cayó en picado y empezó a recuperarse en 1959. Del 39 al 59, 20 años, dos décadas, años grises de fuertes carencias en la que los españoles sobrevivieron comiéndose los mocos. Mocos adobados, mocos empanados, mocos al vapor, mocos rebozados, mocos con berzas… mocos. Las similitudes son inquietantes, nuestro PIB, el de ahora, como entonces, se está desplomando y hemos sido convocados, también como entonces, para idéntica resignación. ¿Debemos confiar en una clase política que desconoce de la A la Z lo que es una empresa, que no la conoce ni por dentro ni por fuera? ¿Debemos prestar atención a los criterios de valoración de empresas que practica nuestro sistema financiero y nuestras administraciones públicas? ¿Los criterios de nuestras administraciones públicas y del sector financiero son atendibles o son despreciables? ¿Ha llegado la hora de sacar la tarjeta roja?
:: Antecedentes
Los expertos y analistas, los pocos que quedan en ejercicio, los pocos que dan la cara, lo hacen para sugerir que es una situación muy similar a la de la postguerra (II Guerra Mundial) y que estamos dentro de una crisis social severa y con profundas consecuencias
¿Tiene España una crisis de crédito? Claro. El sistema financiero español tiene una importante crisis de crédito. Pidieron mucho dinero prestado al Banco Central Europeo, al interbancario de aquí y del mundo entero y ahora no puede devolver sus créditos. ¿Cómo consiguieron tanto crédito? Buena pregunta. El sistema financiero español necesita hacer frente a su propia deuda. No tiene un problema de liquidez, lo tiene de insolvencia, resultado de sumar lo que debe más lo mal que ha prestado su dinero (promoción inmobiliaria). Su absurda gestión tiene un resultado: insolvencia.
Y como es insolvente acusa de insolventes a los españoles que demandan un crédito. Piensa el ladrón que todos son de su condición. No puede conceder crédito a insolventes para hacer aún más grande la insolvencia. Y como siempre, el sector financiero español se comporta de forma ciega, sin criterio, haciendo tabla rasa, sin capacidad alguna de discriminación. Trata a todo el mundo, excepto a sus promociones inmobiliarias, por igual: mal. Su fuerza humana, su fuerza comercial de choque, repartida por todas sus oficinas, ingente, gigantesca, ha sido vaciada de competencias, ha sido desposeída de criterio para proceder a una política de crédito, más dependiente del potencial de los que los que lo demandan y menos de los bienes que aporta como garantía. ¿Es posible menor eficiencia? ¿Por qué desprecia a su propia fuerza comercial? Por la razón esencial de que su negocio, la estructura de su negocio, antiguo y ya inexistente, no cree en su propia fuerza laboral.
:: La prescindibilidad del actual sector financiero
Ha llegado el momento, es ahora, ya, de dar vida y aliento a un nuevo tipo de banca empresarial, banca de empresas, banca de inversión en nuestro tejido empresarial PYME, microempresas y nanoempresas, comprometida con el territorio, con capacidad para participar empresas, otorgar créditos y captar depósito
El gran escándalo, lo que decanta la prescindibilidad del actual sistema financiero, es que demanda como garantía para su política crediticia activos con valor cero: los bienes inmuebles o activos convencionales. Concede créditos cuando se le aporta garantías con valor cero en el momento presente. No es banca empresarial, del mundo real, es banca senil, provecta y caduca, cuya existencia, por el lugar que ocupan, es un handicap para el futuro. Ha llegado el momento, es ahora, ya, de dar vida y aliento a un nuevo tipo de banca empresarial, banca de empresas, banca de inversión en nuestro tejido empresarial PYME, microempresas y nanoempresas, comprometida con el territorio, con capacidad para participar empresas, otorgar créditos y captar depósitos. Banca local especializada en aflorar patrimonio, patrimonio real y ahora mismo invisible para la economía y para el PIB. Invisible desde el punto de vista patrimonial para nuestras administraciones públicas, para la estadísticas y para el actual sector financiero.
:: La gravísima crisis social
Para situaciones excepcionales necesitamos soluciones excepcionales sin la tutela de una clase política desvencijada, enmohecida y autoenvilecida
La crisis social viene impuesta por un cuadro macroeconómico hostil, que sostiene en solitario una clase política ignara, desconectada de la economía real. Los agentes sociales convencionales, el empresarial y el sindical, con la sintomatología típica del que ha sido expuesto a un cuadro de pánico, están desaparecidos. No consiste en generar más deuda, consiste en paralizar su ejecución, consiste en liberar energía social y económica mediante la afloración de patrimonio y haciendo posible todo aquello que favorezca la inversión y la innovación. Dos conceptos con los que la clase política e institucional se llena la boca, pero que odia con todas su fuerzas y a los que se opone incluso con violencia.
La quiebra de empresas, que será espectacular, será la antesala de ejércitos de parados de todas las categorías y cualificación. La inexistencia de tejido empresarial e industrial propio, con centros de decisión en España, nos coloca en una situación muy parecida al régimen autárquico de la postguerra. Nada tenemos y ninguna capacidad de decisión retenemos. Tenemos, para mejor, en contraste con la época anterior, la posibilidad de acudir al comercio internacional. Respecto a entonces es una ventaja estructural muy de agradecer. Añádase que nuestro sector financiero es un enemigo jurado de nuestra economía, la real.
Se avecina el empobrecimiento masivo y la desolación. Nadie vendrá en nuestro rescate. Los españoles saldremos del estado de postración con mucha determinación y con nuestras propias fuerzas. Alemanes, japoneses, useños (USA) y chinos tendrán que demostrar que pueden hacer lo mismo. Para nadie será fácil y para los españoles será especialmente difícil. Para situaciones excepcionales necesitamos soluciones excepcionales sin la tutela de una clase política desvencijada, enmohecida y autoenvilecida. Hemos abandonado el estado de crisis financiera y económica para entrar en un estadio más peligrado, el estado de crisis social severa, con muchos frentes abiertos.






















