Debate moral. Eluana Englaro ha muerto a las 20.10 en la clínica La Quietud, de Udine. Eluana dejó de respirar cuando en el Senado se debatía la ley que el Gobierno había preparado para intentar salvarle la vida. Sin dignidad, sin sentimientos, sin libertad. Atada a una máquina. Con la intimidad violada y la voluntad secuestrada. La mujer, según confirmó su neurólogo, Carlo Defanti, sufrió una crisis imprevista, “sobre cuya naturaleza decidirá la autopsia, que ya estaba previsto realizar”.
Eluana, según confirmó su neurólogo, Carlo Defanti, sufrió una crisis imprevista, “sobre cuya naturaleza decidirá la autopsia, que ya estaba previsto realizar
Lozano, presidente del Pontificio Consejo para la Sanidad, añadió que el Vaticano “recomienda rezar por ella y pide perdón al Señor por todo lo que le han hecho”. “Esperamos que Dios le abra la puerta del paraíso”. El cardenal, de todos modos, excluyó que pueda producirse la excomunión de los médicos que llevaron adelante el protocolo dictado por el Tribunal Supremo. “En este momento debemos tener espíritu de perdón y reconciliación y continuar promoviendo el respeto absoluto a la vida”.
Cuando llegó al Senado la noticia del fallecimiento de Eluana Englaro el presidente, Renato Schifani, pidió un minuto de silencio. Tras la pausa se alzó una voz en las filas de la derecha: “¡Eluana no ha muerto, la han matado!”. Era el vicepresidente del grupo del Pueblo de la Libertad, Gaetano Quagliariello. La asamblea derivó entonces en una bronca impresionante. La oposición insultaba a la derecha; éstos gritaban “asesinos, asesinos” a la izquierda.
“Nosotros”, espetó Quagliarello, “no tragamos”. La líder de los senadores del Partido Demócrata (PD), Anna Finocchiaro, le replicó con voz alterada: “Siguen ustedes perpetrando el enésimo acto de vandalismo político”. Schifani levantó la sesión, y reunió a los jefes de grupos. El PD se negó a seguir adelante con la aprobación de la ley. El Gobierno propuso aplazar el debate al día siguiente para trabajar “con mayor serenidad”. A pesar de que la urgencia ya no tenía sentido, la mayoría está dispuesta a aprobar la ley lo más rápido posible: “Hay que evitar que se repita un caso igual”.






















