Corrupción en los Partidos. Se ha destapado la Caja de los Truenos de la financiación de los Partidos Políticos. Hay motivo. En algún momento tendrá que declararse inconstitucional que los partidos sean financiados desde el Estado. Y que necesiten, para reforzar, sus necesidades ilimitadas de dinero, todo tipo de extras, en su mayor parte, procedentes de la exuberante negocio de la promoción inmobiliaria, es cosa, naturalmente, que corresponde a los tribunales ordinarios.
Al PP le están destapando la Caja de los Truenos de la financiación extra que consigue en Madrid. Es la guerra de clanes dentro de un partido apartado temporalmente de los beneficios del poder central. Las burocracias partidarias no resisten vivir lejos del poder, no lo soportan, se entristecen, se aburren -el ocio en exceso no es bueno- y acaban yendo al trabajo con la navaja contra el calzón o la braga, con la hoja bien afilada, lista para abrir a un rival político en canal, en un risrrás, en el mesa del despacho.
Al PP le están destapando la Caja de los Truenos de la financiación extra que consigue en Madrid. Es la guerra de clanes dentro de un partido apartado temporalmente de los beneficios del poder central
Un partido grande fuera del poder se convierte con facilidad en una casquería. Y en auxilio de dichas guerras siempre acuden el partido rival aportando fiscales, jueces, periodistas e inquina. Los poderes del Estado está para eso, para rendir pleitesía a quien los une, la burocracia partidaria de turno. Ahora están contra el PP. Y después irán contra el PSOE y así sucesivamente. Hemos entrado en una espiral imparable. El cántabro, Rubalcaba, el urdidor, lo sabe. Es fácil empezar pero muy difícil parar.
La opinión pública se aficiona con facilidad al escarnio, lo interioriza y convierte en un extra que reclama para pasar los días. Un estado sin corrupción es un Estado sin salpichisqui. Unas elección sin hedor, sin su perfume, es una consulta electoral desaliñada. Emitir el voto sin un pañuelo en la nariz, para protegerse del hediondo panorama político es una estampa popular que ya forma parte de nuestro folclore.
Al PP le están buscando las cosquillas en Madrid. A los españoles nos parece bien. Lo que ya no nos parece tan bien es que el PP no se las busque al PSOE y que los que nacionalistas no se las busquen entre sí y todos contra todos. Estamos a las puertas de una guerra generalizada que no se debe tanto al celo de la fiscalía anticorrupción como a la guerra termonuclear iniciada entre burocracias partidarias, con destrucción mutua asegurada. La guerra acaba de empezar. Necesitamos adentrarnos en esa fase y comprobar lo que ya sabemos, que la democracia necesita ser regenerada con importantes cambios legales, constitucionales y electorales. Los partidos y los sindicatos se tienen que financiar de sus militante y si no lo logran que se disuelvan y todos en paz. Existen mejores métodos que los que conocemos. Los que usamos son depravados y miserables. No sirven.






















