Análisis. Se vende todo. Hace falta liquidez. Se vende todo, todo, absolutamente todo. Se necesita liquidez. Se venden los pisos, los hoteles, las fábricas, las empresas, los bancos, los empleados, las familias, las ilusiones, la templanza… Se vende todo. Se venden ministros, comunidades autónomas, entes y partidos. Se venden políticos y aguaciles. Todo está en venta. Hace falta liquidez. Hace tiempo, en estás mismas páginas, advertimos de lo inevitable: que los fondos de inversión, antes o después, se saldrían de los valores bursátiles, también de los bancos, a la desesperada, en búsqueda de liquidez.
Los valores se desploman porque los dueños de las acciones, necesitan, y ya, el dinero. Las acciones del Santander están por debajo de los cuatros euros y cayendo y las del BBVA, siguen su estela. El descalabro patrimonial es apocalíptico
Era lo lógico. Nadie quiso escuchar y, todavía hoy, nadie quiere escuchar. La sociedad española, con su clase política al frente, ha preferido, impávida, asomarse al balcón, con sombrilla, a esperar el desplome económico, financiero y social y filmar el espectáculo. En eso estamos. Tenemos todo el sistema financiero en ruinas. En la jerga de los expertos bursátiles un ‘chicharro’ es un valor con poco recorrido, con poca fortuna y con el que se pierde dinero. Toda la Bolsa es un chicharro. Los valores se desploman porque los dueños de las acciones, necesitan, y ya, el dinero. Las acciones del Santander están por debajo de los cuatros euros y cayendo y las del BBVA, siguen su estela. El descalabro patrimonial es apocalíptico. Si las Cajas de Ahorro estuvieran cotizadas habrían bajado la trapa hace tiempo. Desastre.
Los fondos de pensiones y de inversión del mundo entero y más que nada de los Estados Unidos, estremecidos, convencidos al fin de que el sistema financiero es una sima insondable y presionados por la gente, que reclama lo suyo, que le reembolsen su participación porque la quieren ver, porque la necesitan, porque quieren poner sus haberes a la vista, bajo su control, necesitan obtener liquidez para atender, a uña de caballo, dichas reclamaciones de reembolso que les llueven desde los cuatro puntos cardinales. Y no hay dinero y la presión es tanta y tan intensa que están obligados a deshacer sus posiciones en cualquier confín, vender, para dar satisfacción a la gente, a sus legítimos propietarios. Le llega el turno a los fondos de inversión y de pensiones.
Hemos apostado por el derrumbe, un derrumbe angustioso, sistémico, y estamos alcanzado todos los objetivos. Asomados a la bandarilla del balcón, plácidamente, hemos puesto toda la carne en el asador, todo nuestro ser, los cuatro sentido, en permitir, en hacer posible, en empujar el derrumbe. La gente optó por el balcón y esperar a ver pasar el cadáver, que imaginaba sería el de su vecino y, maldición, ahora teme que sea el suyo. Estamos todos, en pleno ataque de pavor, palpándonos, averiguando si el del catafalco somos nosotros o un vecino. Y pase que el cadáver pertenezca a nuestro mejor amigo, pase que sea el del conyugue o el de la abuela o el de los propios hijos, pero el propio… ¿Hasta dónde vamos a llegar?
:: Gobierno de Pasión
El Sol en España sale por la calle Ferraz donde tiene su sede el PSOE y se recoge, se pone, por donde ordena María Teresa Fernández de la Vega, la Vice, el resto del día, ilumina con preferencia las dependencia personales de Zapatero
Ni Zapatero era el motor del la euforia económica (ilusoria) de haces tres años, ni es ahora el responsable de la crisis. Es responsable, exclusivamente, de su aceleración y de cegar todos las puertas de salida. El Zapaterazo se produjo poco a poco, asumiendo un liderazgo económico y financiero que no le correspondía. Ni hizo nada, ni hace nada, ni nada debe hacer excepto las maletas. Nunca entendió nada, sigue sin entender y nada aprenderá en la apretada agenda internacional que ha puesto en marcha para enseñar mundo a Sonsoles (su mujer). El liderazgo político mundial sufre de los mismos sofocos e idéntica inanidad. No importa que cambie el gobierno, que ha sugerido que será en Semana Santa. El nuevo gobierno será, igualmente, un gobierno de Pasión.
El Zapaterazo es un hecho. Tiene lo que quería: manos libres. El secarral es todo suyo. No existen partidos, no existen sindicatos, nos existen empresarios, no existe discurso social alternativo, y los ciudadanos están instalados en el balcón, esperando a ver pasar su propio cadáver. El Sol en España sale por la calle Ferraz donde tiene su sede el PSOE y se recoge, se pone, por donde ordena María Teresa Fernández de la Vega, la Vice, el resto del día, ilumina con preferencia las dependencia personales de Zapatero. Es de risa. España es suya. Eso sí, depende de sus propias fuerzas, no podrá contar con nadie, porque los españoles estamos todos, a la espera, en los balcones. Hay mucho que enterrar y mucho entierro que ver. España en sus manos. El PP se queja, se lamenta, utiliza la trampa en que se ha metido Zapatero pero no propone ni esto, ni lo otro ni lo de más allá. Ni a corto, ni a medio, ni a largo plazo. Silencio. Espera agazapado ser el beneficiario del fiasco de su principal rival.
Y Zapatero, diantres, no puede contar con nadie, ni siquiera con el hiperactivo Jefe de Estado francés. Sarkozy solo tiene ojos para Carla Bruni. Zapatero y los suyos siguen dándole al manubrio de ‘la crisis’ cuando estamos en una situación de emergencia. No ha pinchado una burbuja, ha explotado un volcán y vamos de terremoto en maremoto. Esto, señoras y señores, es un crash y necesitamos políticas proporcionales: de emergencia. Estamos en una fase de arrasamiento y a dos minutos de que la Hacienda Pública cree unidades de asalto para incautar bienes y hacerlos líquidos en el mercado negro. La finca España está en deshaucio. Está todo en venta, se necesita liquidez, nuestro sistema institucional está en venta y lo está su clase política.






















