Por Donaciano Dujo · Presidente de Asaja Castilla y León. Si hay un sector económico en Castilla y León que en los últimos años haya asumido simultáneamente una dura reestructuración y una radical modernización, cumpliendo a la vez innumerables requisitos burocráticos, este ha sido el de la ganadería. Nada tienen que ver nuestra cabaña ganadera con la de los años ochenta, ni en volumen, ni en manejo, ni en producciónCuántas veces hemos tenido que oír aquello de que nuestras explotaciones no eran viables por su producción, dimensión y falta de calidad. Los ganaderos se pusieron las pilas mejorando todas las condiciones que estaban de su mano y que, según nos decían, iban a hacer más rentables competitivas nuestras explotaciones e iban proporcionarnos todo tipo de garantías económicas y sanitarias.
Los efectos secundarios de la vacuna contra la lengua azul, muchos decesos fulgurantes, así como su aplicación han encendido las alarmas del sector, a las puertas de la segunda oleada de vacunación y con pánico a que se produzcan más pérdida de ganado y mayores quebrantos económicos
Se mejoró en raza, bien importando animales de otros países, bien a través de la inseminación artificial, y así conseguimos una genética más productiva. Se mejoraron las instalaciones, cambiamos el pastoreo o el extensivo por explotaciones de intensivo controladas dentro de nuestras granjas, invirtiendo en grandes infraestructuras para el manejo y la alimentación. Se mejoró la alimentación con piensos adaptados a cada especie, cada época del año y cada producción. Se incrementaron todo tipo de controles sanitarios así como burocráticos, para controlar que además de unas excelentes y productivas explotaciones ganaderas su calidad estuviera contrastada.
Este avance, que ya es un hecho y es real en estos momentos, lo que no ha logrado ha sido mejorar las condiciones económicas de sus titulares, los ganaderos de Castilla y León. Y tampoco se han erradicado, ni mucho menos, las enfermedades de nuestra cabaña que, llámesele tuberculosis o brucelosis, vacas locas, fiebre aftosa, peste porcina o, en los últimos tiempos, la lengua azul, ponen en entredicho la salud de nuestra ganadería. Todas estas enfermedades tienen puntos en común. Primero, vienen de fuera de nuestras fronteras. Segunda cuestión, perjudican seriamente la imagen de nuestra producción y crean por lo tanto unos stock productivos y una bajada de la rentabilidad. Asimismo, buena parte de los presupuestos de las distintas administraciones tienen que dedicarse a su erradicación, dejando otras líneas de ayudas necesarias para el campo desprovistas de fondos.
Cuando creíamos que teníamos superado el mal trago que pasamos con el tema de las vacas locas, aparece en el escenario la lengua azul. No sabemos si es el serotipo 1, si el 8, si son ambos o si dentro de cuatro días nos desayunaremos con algún serotipo más. La realidad es que la enfermedad, por dar algunos datos, no perjudica a la especie humana, que es importantísimo y nuestra principal preocupación, pero sí que es devastadora con la cabaña ganadera, bien sea por muerte de animales, bien por la bajada de la producción. Todos teníamos esperanzas en que con una medida preventiva como es la vacunación soportaríamos los trámites burocráticos y las inconveniencias del manejo, pero acabaríamos con la enfermedad. Sin embargo, los efectos secundarios de la propia vacunación así como de su aplicación han encendido las alarmas.
Desde ASAJA creemos que ante todo hay que controlar la enfermedad, y para ello hay que vacunar, pero no de la forma que se está haciendo. Las administraciones, tanto autonómica como nacional, debe hacer un seguimiento exhaustivo de aquellas explotaciones que han sufrido bajas dentro de su cabaña ganadera para dar con la causa que produce estas pérdidas , una vez encontrada esa causa, habrá que modificar bien la propia vacuna, bien su utilización, bien cualquier aspecto que esté perjudicando al ganado.
La siguiente cuestión es indemnizar con generosidad a los ganaderos por las pérdidas económicas que se están originando. Unas indemnizaciones que deben cubrir tanto las bajas de la cabaña como el lucro cesante, las pérdidas derivadas de la producción que no se va a obtener por culpa de esta cuestión. Por último, y una vez más desde ASAJA debemos insistir en ello, no pueden fallar los controles en todos los productos que llegan de fuera de nuestras fronteras, porque aunque estas enfermedades tienen su origen en otros países, las consecuencias las acaban pagando nuestros ganaderos.






















