Análisis. Los rescates no son posibles y en su lugar debe optarse por las intervenciones. Lean las razones. El último informe de la empresa de Capital Riesgo, Blackstone Group, afirma que la crisis ha destruido el 45% de la riqueza mundial. Siguiendo el hilo argumental de Blackstone Group, Stephen Schwarzman, su director general, Wall Street habría destruido valor, riqueza real, por valor de 11 billones de dólares en el último año. Pero, fíjense ustedes, la mayor parte de dicha riqueza, ha sido descontada por los bancos, ha sido hecha efectiva de uno u otro modo, en modo de créditos por el valor de dichas empresas en Bolsa. ¿Cómo encajar, entonces, el agujero bursátil de Estados Unidos, de 11 billones de dólares en los planes de rescate? Dinero que ha salido de los bancos. El Plan de Rescate previsto por Obama, de un billón de dólares, desde la perespectiva del agujero real servirá para poco más que paños de agua caliente. ¿Quién restituye los otros 10 billones? Con una gestión muy eficiente, agresiva, draconiana y a la vez destructiva de PIB de aquel país, en base a ejecuciones, embargos, amenazas y destrucción de empresas, lo que fuere necesario, el sistema bancario de aquel país podría recuperar como mucho un 50%. ¿Quién restituye los 5 billones restantes para enderezar los balances del sistema financiero?
Si el IBEX, las empresas que intengran el IBEX, solo ellas, llegaron a valer 600.000 millones de dólares en momentos máximos, su valor actual no llega a los 300.000. ¿Quién repone el resto?
Al hilo de estas cifras, hace más de un año, extrapolándolas, se llegó a la conclusión de que los bancos no tenían más opción que la de quebrar dado que ninguna institución pública, ningún Estado tenía capacidad para sanear semejante agujero, para resolver el quebranto patrimonial. Era más rentable dejarlos morir que su rescate. Un rescate que en ningún modo debiera ir más allá de garantizar los depósitos de la gente. Estamos hablando, por lo tanto, de intervención, más que de rescate. Las ampliaciones de capital forzadas, con emisión de acciones nuevas, a precios de mercado, para que entre el Estado, son buenas decisiones. No se lesiona la propiedad privada, pero permite acometer procesos de integración, fusión, absorción o extinción gradual de dichas entidades, procesos a los que suelen resistirse, alocadamente, sus gestores.
¿Garantizan las intervenciones la hidratación del mercado interbancario? De ningún modo, son dos problemas distintos. La hidratación del mercado interbancario será más lenta y se necesitarán nuevas reglas, nuevos actores y nuevos propósitos. Reto para el que nuestra clase política y sus brigadas de expertos no están preparadas. Están muy verdes para admitir los hechos y más verdes aún para admitir lo que se avecina. Podemos amortiguar los efectos dolorosos de la crisis pero no podemos darle la vuelta de hoy para mañana. La recuperación será muy lenta y la generación de un nuevo tejido bancario, de reposición, igualmente, adquirirá la velocidad de crucero que decidan los legisladores y los legisladores han optado, de momento, por morir con la crisis.
:: El caso español
En España el valor bursátil se ha depreciado en el último año, de momento, un 45,42%, pasando de los 13.88 puntos del IBEX el 13 de Marzo de 2008 a los 7.143 puntos actuales. Si tenemos en cuenta que el Sistema Financiero hizo líquido la mayor parte de ese valor cuando estaba en máximos históricos, cuando el IBEX se acercaba a los 15.000 puntos, la pérdida de valor y de riqueza se acerca al 60%. ¿Cómo puede enjuagarse dicha diferencia? ¿Es posible recuperar dicho dinero con planes de rescate?
Como en el caso de Estados Unidos, y por las mismas razones, no es posible enjuagar dichas pérdidas, reponerlas, en el sistema financiero. Las trampas contables ha perdido todo su encanto. Será necesarias las intervenciones. Si España persiste en las trampas contables, querrá decir que ha elegido la destrucción a mazazos de todo su sistema productivo, es decir, la destrucción de empelo y de futuro a cambio de un imposible fáctico: salvar nuestro sistema financiero. El tiempo tiene la palabra. Palabra que han perdido los políticos y sus expertos. Si el IBEX, las empresas que intengran el IBEX, solo ellas, llegaron a valer 600.000 millones de dólares en momentos máximos, su valor actual no llega a los 300.000. ¿Quién repone el resto? Estamos hablando solo del IBEX. La capitalización completa de la bolsa se acerca a los 1,5 billones de euros en sus máximos históricos y estaría ahora, en estos momentos, en 600.000 millones. ¿Quién pone el resto? ¿Se extraen de las costilla de las empresas, descuartizándolas o las pone el Estado? ¿El Estado, de qué modo, con qué?
El valor de nuestro parque empresarial, al completo, se situaba en los 5 billones de euros y se ha esfumado el 60%. Ahora solo valen 2 billones. Dinero que de una u otra manera ha sido descontado por el sistema financiero, en un 60%, y hecho líquido vía créditos, por distintos procedimientos. ¿Quién pone sobre la mesa 3 billones de euros? No es posible, porque nadie los tiene y el Estado de ninguna manera puede, ni por asomo, reunirlos mediante la emisión sostenida en el tiempo de bonos. La regeneración del sistema financiero, llevará su tiempo y necesitará de otra clase política. Una nueva clase política atinente con los nuevos tiempos.






















