Tailandia. Varios tanques recorrían las calles de la capital tailandesa, mientras miles de manifestantes vestidos de rojo llamaban al levantamiento contra el gobierno. El primer ministro de Tailandia, Abhisit Vejjajiva, pidió a los manifestantes que pongan fin a las protestas o recibirán respuestas más contundentes en cumplimiento del estado de excepción en la capital, Bankgok, y los alrededores. “Queremos pediros que pongáis fin a estas acciones”, afirmó Abhisit mediante una declaración televisada. “Es necesario que el Gobierno adopte las medidas previstas en el decreto de estado de excepción a fin de que la nación vuelva a la paz”.
Es difícil determinar de qué lado se posicionarán las fuerzas militares, tan poderosas en el pasado. Hasta ahora no han ocultado su simpatía por el gobierno de Abhisit
Abhisit consiguió escapar de la sede del Ministerio del Interior, que acababa de ser ocupada por medio centenar de manifestantes poco después de que el jefe del Ejecutivo anunciara la declaración del estado de excepción. Según fuentes presenciales, los soldados que vigilaban el edificio no ofrecieron resistencia en un primer momento a los manifestantes y únicamente en segunda instancia efectuaron algunos disparos al aire para contenerlos.
La última esperanza de Tailandia, el joven primer ministro Abhisit Vejjajiva, de 44 años, “ha fracasado” apenas cuatro meses después de su investidura, apuntaba este domingo el diario “Bangkok Post”. El sábado, los manifestantes asaltaron una cumbre regional con una docena de jefes de Estado y de gobierno de los países vecinos en el balneario tailandés de Pattaya, y forzaron la cancelación del encuentro. Un bochorno sin precedentes. El gobierno de Tailandia se vio obligado a cancelar una cumbre de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN) luego de que miles de manifestantes irrumpieran en el centro de la reunión en Pattaya, donde se había convocado a 15 jefes de Estado y de gobierno asiáticos, entre ellos el primer ministro chino Wen Jiabao.
La cumbre del este de Asia reuniría a los 10 miembros de la ASEAN, Brunei Darussalam, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Filipinas, Singapur, Tailandia, Camboya y Vietnam y estaban invitados numerosas delegaciones de Australia, Nueva Zelanda, China, India, Corea del Sur y Japón. Los primeros ministros de China y Japón estaban presentes en la reunión. La cumbre tenía previsto discutir temas económicos, comerciales y de seguridad regional. Sin embargo, cuando los manifestantes invadieran el hotel en el que se celebraba la reunión, los invitados destacados que habían llegado a la localidad costera, ubicada a unos 130 kilómetros al sur de Bangkok, tuvieron que ser evacuados en helicóptero a una base aérea militar cercana.
“Realmente fue muy inusual”, dijo un ministro de Laos. “Vimos cómo esta mañana todo se descomponía, pero el gobierno parecía incapaz de hacer algo”. Un político neozelandés comentaba que tal vez el gobierno no había hecho nada para tachar a los manifestantes como antipatrióticos. “O esto fue muy incompetente o muy inteligente, pero nada normal en materia de seguridad”.
La supervivencia política será ahora difícil para Abhisit. Primero tuvo lugar la vergonzosa acción de rescate con la cual el primer ministro tuvo que evacuar en helicóptero a los jefes de Estado y gobierno llegados al lugar, sobrevolando la turba de opositores. Luego se planteó la pregunta de si alguien que no puede garantizar la seguridad del primer ministro chino, Wen Jiabao, ni del jefe de gobierno japonés, Taro Aso, está de verdad capacitado para gobernar. “¿Cómo puede un gobierno ser tan incapaz y fracasar de esa manera?, señala el “Bangkok Post” con consternación.
Tras tres años de tumultos políticos, Tailandia se precipitó este fin de semana, más aún, en una crisis con poco precedentes. La esperanza de que el joven y preparado Abhisit, un egresado de Oxford, consiguiera cerrar el profundo abismo existente entre las masas de tailandeses empobrecidos y las élites tradicionales ha demostrado ser vana. “El daño causado a Tailandia no es estimable”, apunta el politólogo Thitinan Pongsudhirak en una entrevista de hoy con otro periódico. Y “el daño para Abhisit es irreparable”, agrega.
:: Las protestas cambian de bando
Las escenas de caos público son habituales para los habitantes de Bangkok en los últimos tres años. Pero hasta diciembre de 2008 los manifestantes que atacaban las oficinas del gobierno, que bloqueaban las calles y que llegaron a paralizar el país con la ocupación de los aeropuertos de la ciudad iban vestidos de amarillo. En ese clima de tensión, el mayor tribunal del país ordenó la disolución del entonces partido del gobierno, el principal blanco del odio de los manifestantes, y dejó con ello el camino libre para la llegada de Abhisit. Ahora son los así llamados “camisas rojas”, los seguidores del ex primer ministro Thaksin Shinawatra y de su gobierno derrocado en 2006, los que se lanzan a las barricadas en las calles.
:: Antecedentes inquietantes
Por el momento no hay una solución a la vista. El politólogo Thitinan apunta ya a un escenario de posibles hechos sangrientos. “Podríamos ver un contraataque de la ultraderecha, como en 1976″, señala. Entonces, varias milicias ultraderechistas pusieron fin al creciente caos en el país con una masacre entre los estudiantes que protestaban. También en 1992 tuvo que hacer Tailandia frente a la violencia política. El Ejército abrió entonces el fuego contra algunos manifestantes que protestaban contra un gobierno apoyado por los militares, lo que dejó varias víctimas.
Es difícil determinar de qué lado se posicionarán las fuerzas militares, tan poderosas en el pasado. Hasta ahora no han ocultado su simpatía por el gobierno de Abhisit, aunque, por otro lado, un oficial ya ha señalado lo siguiente frente al diario de Singapur “Sunday Times”: “Como ciudadano tailandés, éste es el dilema más grande al que he hecho frente”. Y es que “yo sé que la gente sencilla apoya a los ‘camisas rojas’”, añade.






















