Inmersión lingüística. “No habrá imposiciones, ha dicho el ministro Gabilondo, sobre los que deben hablar los chicos en el patio”. ¿Por qué lo ha dicho? Es inexplicable. No tiene competencias para impedirlo y el Tribunal Constitucional ha casi santificado la legislación existente sobre inmersión lingüística. España entera vive bajo la conmoción de que en el mismísimo Instituto Cervantes de Enseñanza Secundaria hablar español sea constitutivo de conducta antisocial.
Al pati parlem catalá. Es una consigna que reza en muchos institutos de Cataluña, en muchos de ellos, con abundante cartelería y con vigilancia de tutores para comprobar, que los chicos, efectivamente, en el recreo, hablan en catalán
Como recoge el Decreto 142/2007, de 26 de junio, por el que se establece la ordenación de las enseñanzas de la educación primaria, la Generalidad de Cataluña, de acuerdo con lo previsto en el artículo 131.3.c) del Estatuto de autonomía de Cataluña, tiene competencia compartida para el establecimiento de los planes de estudio correspondientes a la educación obligatoria (…) y el Estatuto de autonomía de Cataluña, en su artículo 6, determina que la lengua propia de Cataluña es el catalán, la cual tiene que ser la lengua normalmente utilizada como vehicular y de aprendizaje en la enseñanza. El mismo decreto también recoge que incluso el recreo se considera una actividad educativa integrada en el horario lectivo del alumnado y, que, por ello, se tienen que respetar también los principios del proyecto educativo.
:: Al pati parlem catalá
Es una consigna que reza en muchos institutos de Cataluña, en muchos de ellos, con abundante cartelería y con vigilancia de tutores para comprobar, que los chicos, efectivamente, en el patio, hablan en catalán. Ahora conocemos, es de dominio público, se habla de ello, que en los territorios autónomos con leyes de inmersión lingüística no es posible recibir la educación en español o examinarse en español.
El ministro de Educación, Ángel Gabilondo, a sabiendas de que miente, afirmó “no tener datos que demuestren que existe desconocimiento de la lengua española” en algunos territorios. Permitiéndose, a continuación, la licencia de reconocer que “sería un disparate que en cualquiera de las comunidades autónomas no se dominara el español adecuadamente”. El Sr. Ministro sabe y lo sabe con precisión y abundancia de testimonios que lo que abunda es el disparate. Todas las personas que forman parte de la estructura educativa y con mayor razón, los profesores, poseen abultada información del catastrófico estado de la enseñanza en general y de la enseñanza del español, en particular.
La sociedad española, parece que se entera ahora de que la leyes de inmersión lingüística, son destructoras de los derechos civiles y políticos de la inmensa mayoría de la población, de extracción y expresión hispanoparlante. Se empiezan a caer del guindo cuando el mal es un carcinoma en toda regla; cuando ya existen dos generaciones abatidas por dichas leyes, que se expresan rematadamente mal en español y en la lengua vernácula y que no escriben, ni siquiera con torpeza, ninguna de las dos lenguas. Un grupo social y humano que será penalizado por no disponer de instrumentos de comunicación interpersonal básicos y que se comportarán en la edad adulta, ya lo están haciendo, con gran resentimiento contra todo lo que se mueve y respira. Y será así por decisión unánime del arco parlamentario y con el consentimiento troglodita de toda la población.
¿Qué alternativa baraja la clase política para enmendar el carajal que han organizado? Aumentar la apuesta. En lugar de bilingüismo, trilingüismo. Si no se domina un idioma, el principal, no se dominará ninguno, es imposible. El que no es capaz de escribir un currículo comprensible y atinado en español, de ninguna manera lo escribirá en catalán, en gallego, en euskera o en inglés. Quién sea capaz de hacerlo en español de forma solvente porque domina la lengua, tiene más posibilidades de reproducir dicho dominio en otras lenguas porque es conocedor de las exigencias expresivas, orales y escritas.
Muchos políticos y especialistas siguen sin hacer ningún esfuerzo para combatir la caspa intelectual que padecen. Y entre sus ensoñaciones y la agreste enfermedad que no quieren tratarse, mientras tanto, le exigen a nuestro desvencijado sistema educativo lo que de ningún modo puede proporcionar. Salimos del sistema educativo con serias deficiencias en el uso y dominio del español y un puñado de aprendices de brujo se ha propuesto que el moribundo sistema nos provea de individuos sabrosamente bilingües y ahora trilingües.






















