Análisis. Las Cajas de Ahorro aspiran a ser rescatadas con dinero público mediante la compra de participaciones preferentes a sus entidades por parte del Estado, eso sí, sin derechos políticos.La estrategia permitiría a todos los que se sientan en los Consejos de Administración de las Cajas y a sus gestores, su continuidad en el usufructo de dichas entidades sin rendir cuentas y sin dar explicaciones por su conducta.
¿Qué se hace con el conductor de autobús que un día sobre otro se pone al volante pasado del alcohol? ¿Cómo se puede pretender que los consejos de administración y los equipos gestores que han quebrado las entidades permanezcan al frente de las mismas?
Hacerlo como postula el Sr. Quintás, Presidente de la Patronal de Cajas de Ahorro, constituiría un escándalo sin paliativos, mayúsculo. Las pérdidas deben ser enjuagadas por sus responsables y tendrán que acudir a a la acción concursal como el resto. ¿Qué es eso de socializar las pérdidas entre los contribuyentes sin que tal circunstancia afecte a los que usufructúan las Cajas de Ahorro, partidos, sindicatos, promotores y gestores muy poco profesionales. Las pérdidas, en todo caso, y para salvar a los impositores y cuentaconrrentistas, como un mal menor, en una hipótesis final, pueden nacionalizarse siempre y cuando el dinero que invierte el Estado esté condicionado a la salida de los equipos gestores, a la disolución de los consejos de administración y a la depuración de responsabilidades. Y tendría que ser dinero sujeto a un Plan de Negocio, viable y creíble, y que se sepa tal cosa no existe. Ya es constitutivo de escándalo y alarma social el intento espeluznante de que los portavoces de las Cajas postulen manga ancha para sus desparrames, más dinero para sus cuitas y bula para su gestión.
¿Qué se hace con el conductor de autobús que un día sobre otro se pone al volante pasado del alcohol? ¿Cómo se puede pretender que los consejos de administración y los equipos gestores que han quebrado las entidades, a sabiendas de que lo estaban haciendo, permanezcan al frente de las mismas, después de ser rescatadas? Los beneficios se privatizan y las pérdidas de ningún modo se redistribuyen o socializan, es una posibilidad que nada más existe en mentes enfermas y podridas.
:: La situación es grave
No puede ser que los empresarios, un empresario cualquiera, pague con todo, con su empresa, con su patrimonio personal y el de sus allegados, que paguen sus empleados, que pague con las obligaciones legales que se derivan de su bancarrota o quiebra y que un banda de desarrapados, instalados en el sector financiero, pretendan irse de rositas, dando portazo a la respondabilidad a la que están tan obligados como el que más y, con más motivos por estar al frente de Cajas de Ahorro, entidades de derecho público.
La confianza es un bien carísimo de adquirir, es un atributo escaso y el sistema financiero, de las Cajas de Ahorro, lo han dilapidado. Es un bien que no es posible prorrogar por decreto. Los dineros del contribuyente que no se usen del modo que se describe, con nacionalizaciones, depurando responsabilidades y dentro de un Plan de Negocio, viable y creíble, serán dineros con propósitos delictivos y que a bien seguro, generará una muy variada actividad judicial y legislativa, como ya está ocurriendo en el Reino Unido, Estados Unidos, Países Bajos y Alemania. El mundo está dejando de ser confortable para los descarados perpetuos. El malestar individual y colectivo crece al mismo ritmo de deterioro de la situación general. Un malestar que, en adelante, generará episodios impensables hace tan solo un semestre.
:: El estado también quiebra
A los güarimbas del keynesianismo y el socialismo, a los desestabilizadores, se les ponen los pelos como escarpias cuando les recuerdas que los Estados también quiebran y que las últimas crisis financieras han derivado casi todas ellas en suspensión de pagos y elevada inflación. Napoléon quebró el Estado después de sus correrías militares. En el período que abarca desde 1820 a 1840, todas las crisis financieras desembocaron en suspensión de pagos, otro tanto ocurrió desde 1870 a 1890. Ocurrió de igual modo, tras la gran depresión, entre 1930 y 1950 y más recientemente en los años 80 y 90. Las crisis financieras tienden a inducir la suspensión de pagos y la quiebra del Estado.
En estos momentos ha quebrado Islandia y está a punto de hacerlo Ucrania, Rumanía, Bulgaria, Croacia… Los peores presagios se están expandiendo sobre Austria y España… España tiene una abultado endeudamiento exterior y su renegociación no será fácil como tampoco lo está siendo colocar las emisiones de deuda. España tiene el récord de quiebras según los expertos. El Estado español ha quebrado en 13 ocasiones. Siete durante el Siglo XIX, otras seis durante los tres siglos precedentes. Después de la guerra civil, aunque no se produjo una quiebra formal, España estuvo, de hecho, en quiebra.
Las operaciones de rescate de un sector herido de gravedad, el sector financiero, huelen a cuerno quemado y son peligrosísimas. Aún más peligrosas cuando no hay con qué. El sector financiero no es un sector a rescatar. Lo que necesita es una reconversión aguda. El dinero tiene que fluir por razones objetivas no como resultado de operaciones de rescate. El Estado Español no puede rescatar un sector elefantiásico, el financiero, fuera de control y de la realidad. No se puede y no se debe. Solo caben decisiones que favorezcan la bancarrota controlada y la minorización de sus consecuencias. No estamos ante un caso de birlibirloque y de magia. La situación es grave.






















