Análisis estratégico. Las relaciones entre España y Francia son excelentes y Sarkozy nos ha recordado que odia todo lo que representa ETA, sin tregua, desde el desayuno a la cena. Las relaciones entre España y Francia, bien. Sonsoles no estaba y la Reina cumplió como suele, con elegancia y cortesía. No asistimos a una visita de Estado. Asistimos a un encuentro al más alto nivel entre consortes. Un duelo en las alturas, de El Palacio de El Pardo al Palacio Real. Ha sido un duelo para que las consortes se dieran un baño en la red, de internet y de televisión en horas de máxima audiencia. Se parecen en todo excepto en un pequeño detalle.
Carla Bruni prefiere Dior y Letizia Ortiz Felipe Varela. Ganó Varela
Carla Bruni viene de la pasarela y la farándula y Leticia Ortiz de la tribu mal criada del periodismo. Son dos supervivientes, cada una de ellas con su propio acervo, con su propio atillo de buen y mal gusto y muy parecidas en sus pretensiones. Geisas, profesionales, rendidas, mayestáticas, enjutas, con vestidos diseñadas para lamer sus escasas curvas, más elegante el de Leticia, con el pelo de puntas moldeadas, la asturcona con mechas y ambas adustas en joyas y sin embargo, a pesar de todo, distintas, muy distintas, de sensibilidades distintas. Lo que ha quedado claro en la visita de Estado que se han girado las consortes.
Carla Bruni prefiere Dior y Letizia Ortiz Felipe Varela, ganó Varela. La musa de Versace, sensual y supermodelo, se enfrentaba a la discreta pero firme asturcona. Son, más o menos, de la misma quinta y de repente, como por ensalmo, han interrumpido sus vidas para dedicarse a sus respectivas parejas, para desarrollar su dimensión geisa. La asturcona se calza con alzas para estar más cerca de su marido y la cantante se sierra los tacones para no perder de vista al suyo. Están unidas por muchas cosas y también por sus respectivas políticas de tacones. Letizia se los pone, Carla se los quita. Los tacones juegan un papel destacado en sus vidas.
Las dos han reinventado sus vidas y Leticia, incluso, ha reinventado su mentón y nariz. Ambas militan en el minimalismo, un pequeño gesto es más visible que un salto mortal sin red. Las cámaras no buscan tocados muy sofisticados, la sofisticación está en su ausencia. Sirven a la elegancia con escasos movimientos y recursos, mostrándose con quietud y delicadeza, dejándose observar. Lo saben. Han aprendido. Carla Bruni habla con sus escasos movimientos, calculados, saludó a los reyes, en el Palacio Real, también a Letizia, detuvo el paso, giró sobre sí misma, profesional, sin mover los pies, y dio un paso atrás para ocupar su posición (a la altura de Leticia). Ocurrió el en el Palacio Real (en la cena de gala). Giró como lo hace una modelo y Leticia flipó. Por un instante pensó que se trataba de un ademán excesivo, apabullante, para, a continuación, apuntarse el detalle. Estoy en el escuerzo de Leticia y su decisión, lo digo, le honra. Sé que pensó como les cuento.
Ayer fue un día difícil para la asturcona. Carla Bruni empezó mandando, descendió del avión disfrazada de chica de campus universitario, con un vestido negro modelado por una blusa chaquetilla (de Azzedine Alaia). Su porte era fresco y muy juvenil (sin pretensiones). No competía con nadie, solo contra las cámaras y triunfó. Para la comida en El Pardo sustituyó a Alaia por Dior con zapatos, espectaculares, de Christian Louboutin. Por la noche posó mejor que Leticia y vistió de negro, con solemnidad pero con contención. Leticia se afeó, innecesariamente, con un camisón y una entre corona y diademita de princesa. Carla Bruni fue fiel, dicen los que siguieron los acontecimiento, a Chaumet, el joyero de Napoleón.



Carla Bruni y Leticia en todo se parecen, excepto en una cosa, Leticia es más firme y enérgica y no juega. Carla Bruni juega, coquetea, posa. Lo sabe hacer. Leticia no posa, trabaja, y es más intensa y mucho más exigente con la belleza. Para el almuerzo en el Palacio de El Pardo Leticia se desnudó. Desnudó una vez más sus muñecas y no es fácil para una mujer desnudar sus muñecas excepto que se sepa en qué consiste la firmeza y la belleza. Desnudarse para el mundo, sin escándalo, no es fácil. Madrid no es Paris.






















