Análisis. Feijóo dijo muchas cosas durante la campaña electoral. Es un político al uso. La inmersión lingüística, suave, por decreto, la puso en marcha Fraga y la intensificó el Bloque Nacionalista Gallego con el apoyo del PSOE. Ahora Feijóo (PP), como es lógico en los partiditos políticos que padecemos los españoles, se asomará a Finisterre, oteará con un catalejo la línea del horizonte e invocará el realismo lingüístico y zarandajas varias para convertir en papel mojado todas sus promesas.
Los partidos políticos simulan decedencia siempre que pueden, excepto cuando se sientan a negociar con los grupúsculos nacionalistas de Galicia, del País Vasco, de Cataluña, de Baleares y de la Comunidad Valenciana. Cuando se inician esas reuniones, los partidos políticos se desinhiben y dejan los derechos civiles en la puerta: no los pasan a las reuniones
En la campaña afirmó que desplegaría una política lingüística sin imposiciones, emisión bilingüe de todas las comunicaciones de la Junta y la conversión de las galescolas (correccionales nacionalistas para hispanohablantes) en escuelas infantiles, consultar a los padres en el curso 09/10 la lengua en que quieren que sus hijos reciban la enseñanza de las asignaturas troncales y la implantación de la libertad de idioma en las escuelas de tal forma que los estudiantes puedan utilizar el de su elección en su expresión oral y escrita así como la realización de exámenes en todas las asignaturas. Eran promesas que pasaban ineludiblemente por la derogación del decreto de inmersión lingüística en la lengua vernácula en los primeros cien días de gobierno. Ja. Para entrar en materia Feijóo ha nombrado Secretario General de Política Lingüística a Anxo Lorenzo, ferviente partidario del decreto de inmersión lingüística patrocinado por el PSOE el BNG, y el titular de la política lingüística con los gobiernos de Fraga Iribarne.
Para Feijóo la derogación del decreto de inmersión lingüística tiene que hacerse, ahora, desde el consenso y de forma realista. Y las declaraciones coinciden con la marcha contra la lengua Española celebrada en Santiago de Compostela y convocada por la Mesa por la Normalización Lingüística, o sea, Mesa por la conversión de la Lengua Española en lengua extranjera con tres horas lectivas a la semana, es de cir, una ‘Mesa’ que considera ‘normal’ convertir a los hispanohablantes en extranjeros en su propio país. Nada es casual. Una marcha progresista que se celebró sin incidentes y que contrasta con la que convocó Galicia Bilingüe, acorralada por la propia policía, boicoteada con fuerza y agresividad, con violencia, por grupos radicales nacionalistas y humillada demonizada por todos los medios de comunicación gallegos y nacionales.
:: Derechos civiles
Los partidos políticos simulan decedencia siempre que pueden, excepto cuando se sientan a negociar con los grupúsculos nacionalistas de Galicia, del País Vasco, de Cataluña, de Baleares y de la Comunidad Valenciana. Cuando se inician esas reuniones, los partidos políticos se desinhiben y dejan los derechos civiles en la puerta: no los pasan a las reuniones. Son sesiones de baja política, de bajos instintos. Son negociaciones que están presididas por un afán totalitario intolerable, imperdonable y repulsivo. En la Unión Europea, claro, es bien sabido, puede pasar de todo. Es una entidad al aire, en carne viva.
En el resto de Europa, donde existen varias lenguas oficiales, más que menos, nadie se atreve a pisotear los derechos civiles de sus ciudadanos y un derecho civil básico, estratégico, para disfrutar de una buena vecindad, es la libre elección por parte de los padres de los alumnos de la lengua vehicular de la enseñanza, en correspondencia con sus usos y con sus preferencias. No es el caso en España. En determinados territorios de España solo existe una lengua materna y no es el español. En dichos territorios la lengua española la hablan, exclusivamente, los que han nacido mal, los mal nacidos. El pensamiento de nuestros políticos es tan corrosivo como los son sus convicciones.






















