Guerra Civil Española. Baltasar Garzón inició la causa general sobre la guerra civil española, pero lo hubiera podido hacer, tan ricamente, sobre la Guerra Civil de Estados Unidos, la revolución de Octubre, la Guerra del Rif o la guerra de Crimea, con la misión de depurar responsabilidades y dictar sentencias. Y tiene razón los juristas cuando deducen que los tratados y convenciones internacionales que se suscriben forman parte del derecho interno. Su argumento es inapelable. Y, efectivamente, se pueden perseguir delitos internacionales, concretos y bien documentados y cuando dichas acciones judiciales, tienen un componente ejemplar, contra sátrapas cuya satrapía está bien datada y se puede probar o contra delincuentes de cuyas fechorías se tiene abundantes pruebas.
Baltasar Garzón inició la causa general sobre la guerra civil española, pero lo hubiera podido hacer, tan ricamente, sobre la Guerra Civil de Estados Unidos, la revolución de Octubre, la Guerra del Rif o la guerra de Crimea
Pero, no es el caso. Nuestros jueces estrellas prefieren asuntos estelares y juzgar procesos históricos al completo. Se autoproponen, todo en uno, como moralistas, historiadores, antropólogos, científicos y el brazo inplacable de la Ley. Son arrogantes y se presentan como todopoderosos. No abren causas contra los que deben y si tiene abundante documentación. Les encanta enredarse en aventuras política y dizque propagandísticas, como artilleros, en las que la Ley juega el papel de carro de combate.
La esperpéntica causa general abierta por el Juez Garzón a la Guerra Civil, contra un bando, constituye una aberración intelectual, es consecuencia del resentimiento personal, no hay nada que lo justifique y formaba parte de una maquinación político propagandística. Los españoles necesitamos que se depuren ciertas conductas que tienden a la impunidad, en este caso, de personas que prevaliéndose de la solemnidad y autoridad que, con razón, nuestras leyes otorgan a los jueces.
:: Malversación de caudales públicos
El juez Baltasar Garzón, se prevalió de su función pública, utilizó la maquinaria del Estado, los presupuestos del Estado, para propósitos particulares y para fines políticos y de propaganda. El Supremo ha aceptado una querella interpuesta por el Sindicato Manos Limpias contra Baltasar Garzón y el expresidente de la Audiencia Nacional, Rafael Mendizabal, ha declarado que no le sorprende la decisión del Tribunal Supremo al considerar el comportamiento del Garzón, de “desafortunado y circense. Es como abrir una causa con lo ocurrido con la Beltraneja”.
Por las mismas razones que se abre una causa contra el Franquismo, se puede hacer contra la UGT y el PSOE por el golpe de Estado de 1934 o posteriormente por los crímenes cometidos por el Frente Popular, muy abundantes, y aunque solo hubiera sido uno. El Juez Garzón, en su defensa, podrá argumentar sucesivos episodios de jurisdicciones especiales creadas para enjuiciar distintas conflagraciones. No es fácil que encuentre razón suficiente para sus maquinaciones. Juzgar a los ya muertos tiene muchos inconvenientes, juzgarlos después de un siglo, tiene aun más inconvenientes y abrir una causa general implica, poco menos, que paralizar la justicia al completo, dejando sin justicia, a los que ahora la necesitan, para conducir esa causa con alguna eficiencia.
Los tribunales especiales para juzgar al régimen nazi, la guerra de los Balcanes o el genocidio de Ruanda, sentaron en el banquillo a personas particulares, con nombres y apellidos, todos vivos, y se perseguía un castigo ejemplar y enviar un mensaje a todos los que participen en propósitos políticos y militares tan delirantes. Baltasar Garzón puede que sea un juez residuo de otra era, la tontolítica, con abundancia de ideologías bobistoides.






















