Análisis. Sin saber qué hacer ni qué decir. Esquivando todos los problemas y dudas que los ciudadanos tienen sobre Europa, la totalidad de las fuerzas políticas —la totalidad, parece una broma pesada— ha esquivado el problema y se ha enzarzado en una gresca pandillera aprovechando que el caudal fluvial de España ya no es lo que era: está podrido. Nada tienen que decir porque nada saben sobre el euro, sobre la PAC, sobre las limitaciones presupuestarias de Bruselas, sobre el papel del Parlamento, sobre los temas de seguridad, sobre la impresionante burocracia de Bruselas que se expande sin cesar, sobre las políticas comunes, sobre la representatividad de España en dichas estructuras, sobre el bloqueo institucional que padece la UE y, más que nada y por encima de todas las cosas, qué queremos los españoles que sea la Unión Europea. Los europeos no lo tiene claro y los españoles, hacedores de Europa, lógicamente, tampoco.
Produce desazón el estado de calamidad al que hemos llegado. El Estado de postración, de indigencia intelectual y moral de nuestras fuerzas políticas, es pavoroso. Están exhaustas, agotadas y necesitando repuesto. Han llegado al límite de su competencia
Existe consenso, sí que es verdad, entra las fuerza políticas para hurtarle el debate a los españoles. Y existe a medias, digo, porque ellos mismos no saben si van o vienen y a medias porque quieren mangonearlo sin miramientos. En la Unión Europea se deciden muchas cosas que no debieran decidirse y no se deciden aquellas que sí importan. El debate de las competencias de la Unión Europea es un debate que no está cerrado y que nos acercamos al umbral en el que se puede reabrir con acritud y con más de un susto. Estamos trabajando con demasiados supuestos que damos imprudentemente por incontrovertibles e inamovibles.
Produce desazón el estado de calamidad al que hemos llegado. El Estado de postración, de indigencia intelectual y moral de nuestras fuerzas políticas, es pavoroso. Están exhaustas, agotadas y necesitando repuesto. Han llegado al límite de su competencia. España necesita sabia nueva. Hacen lo que pueden, huecas y vacías, sin otro propósito que prolongar hasta donde sea posible vivir del presupuesto. Todo lo atropan, como gran excusa, para acumular poder y vivir de espaldas a la realidad. Se han convertido en una parte más del problema y no el más pequeño. Es lógico, por las mismas razones, que la población se abstenga de dar pávulo al circo de las elecciones europeas. La abstención será más relevante que el voto acumulado de la totalidad de las fuerza políticas, lo que querrá decir que los españoles se reservan el derecho y los argumentos para dar el alto si así lo creen, cuando lo decidan, si así lo deciden. ¿Qué conclusión sacarán nuestra fuerzas políticas de todo esto? Les contesto. Sacarán la conclusión de que verde era mi valle. Y es cierto que lo era. Ahora es poco más que un pedregal.
:: A no es B
Zapatero viaja en transporte oficial y me parece bien. Me parece mal, endiabladamente mal, que se pase el año de mitin en mitin a razón de tres mil diarios. Es el Presidente del Gobierno y lo olvida. ¿Cuándo gobierna? En lugar de Presidir un gobierno parece que preside una Agencia de Agitación y Propaganda. La Oposición, por su parte, se paga sus desplazamientos en campaña y fuera de campaña a cuenta del Presupuesto del Congreso y del presupuesto que ellos mismos se adjudican en función de los votos recibidos y de los escaños obtenidos. Dotaciones que se revisan cada año, siempre al alza, muy por encima del IPC, porque el nivel de vida de nuestros políticos se encarece por segundos. No sé que pasaría si se hicieran públicos los gastos de nuestros representantes.
Los congresistas y senadores debieran disponer de presupuesto para desplazarse y viajar con muy pocas limitaciones cuando los viajes formen parte del desempeño de su actividad. Los privados, ni uno y no eso lo que pasa. Y una cosa son los representantes del pueblo y otra bien distinta el partido. Los partidos políticos tienen, obligatoriamente, que sobrevivir con las cuotas de sus militantes y las aportaciones de sus electores y simpatizantes. Colgar sus quehaceres de los presupuestos, como se hace en España, forma parte del bajo aprecio que tenemos por el sentido común y la proterva tendencia a confundir los asuntos privados con los públicos.
Lo hacen, lógico, porque quieren encarecer, la entrada en el mercado electoral de nuevos actores. No entra nadie ni de canto y les parece, a nuestros políticos, de lo más divertido y necesario. ¡Ándele, pues! ¿Se acuerdan del Partido Revolucionario e Institucional de México, el célebre PRI, que era revolucionario e institucional a la vez, conservador y revolucionario al tiempo? Pues eso. Ni para adelante ni para atrás, para ellos.






















