Análisis. Los grandes partidos políticos europeos son viejos dinosaurios en extinción. Su reloj biológico ha iniciado la marcha atrás. Se han quedado sin palabras y su comportamiento, automático, reflejo, se corresponde con épocas en los que eran portadores de ideas más o menos novedosas.La novedad feneció hace tiempo pero su comportamiento interno no ha cambiado un ápice. Laminan la disidencia, confunden partido con Estado, partido con poltrona, partido con prebendas, partido con nación, partido con pueblo, sus jefes se confunden con el partido y su lideres se confunden con todo lo que les rodea. Es un cúmulo de desatinos y desaciertos que actúa como un embudo biológico: se extinguen. En los partidos ya no hay palabras, solo codazos.
Su descomposición se ha iniciado. La derrota electoral de José Luis Rodríguez Zapatero, que se acentuará en sucesivas consultas electorales, tendrá como consecuencia inmediata el cuarteamiento del partido, con un espacio electoral que ocuparan otras siglas y ofertas políticas. El Partido Popular, transita, en estos instantes, por su última oportunidad como bloque político homogéneo. Puede vencer en las sucesivas consultas electorales pero tendrá que enfrentarse en su acción de gobierno a decisiones difíciles y complejas que cuarteará a sus bases, a sus electores, en un proceso para el que se revelará insustancial la vieja disciplina. Su espacio electoral será ocupado por variadas ofertas políticas.
Los dinosaurios se extinguieron y lo están haciendo las grandes casas políticas y lo que se sitúa a su derecha o izquierda son epifenómenos del mismo ideario, más o menos radicalizado, que tiene al viejo Estado, confiscatorio de derechos civiles y políticos, como referencia
El nivel de adhesión a las viejas siglas se ha debilitado y se debilitará mucho más para desgracia de los viejos guardianes de antiguos clichés. En el Reino Unido, los viejos partidos, el Laborista y el Conservador, estaban acostumbrados a gobernar con mayorías absolutas y apoyos electorales, siempre superiores al 40% de los votos. Es una situación que jamás se repetirá. Ambos partidos están muypor debajo del listón del 40%. El Partido Conservador ha cosechado un escueto 27,7% de apoyo popular y el Partido Laborista un exiguo 15,31%. Otro tanto ocurre en Alemania, Francia e Italia. El Partido de Sarkozy, en la práctica, la suma de una miriada de siglas, ha cosechado un misérrimo 25,6%. El proceso italiano, el país donde primero se hizo visible que el viejo sistema no era prorrogable, las formaciones políticas, cambian de nombre, de enseña, se fusionan, se rompen y se aglutinan en un intento de reeditar al mismo monje (izquierdas y derechas) con distinto hábito y sin éxito de ningún tipo. La degradación de la política italiana sigue su curso a un ritmo trepidante y del que todos somos testigos.
Estamos en el Siglo XXI y la humanidad sigue temiendo nombrar sus incongruencias y debilidades. Las opiniones públicas está confundidas y no obstante su instinto social y de supervivencia, les está anunciando que los viejos modelos, procedimientos, están implorando su renovación. Un instinto que tiene que enfrentarse a sus viejos intermediarios sociales (la política clásica) que se obstina en reeditar las viejas recetas y ocluir todo tipo de mensajes que se les oponga.
:: Los grandes cambios
Los grandes cambios son precedidos por prolongados periodos de inestabilidad, el viejo sistema se derrumba con gran lentitud hasta que se consolidan las ideas emergentes. ¿Y qué está en juego? Pues nada más y nada menos que una completa reingeniería del Viejo Estado Omnipotente, la gran causa, el precipitante de las grandes catástrofes económicas, sociales y militares. El Estado tal como lo conocemos, encarnado en los ciudadanos a través de sus opciones políticas clásicas, se ha convertido en su primer enemigo y el enemigo número uno de la humanidad.
Entramos en un mundo en el que los derechos civiles y políticos, nuestra seguridad física y material, estará garantizada por instituciones mucho más ligeras, mucho más eficientes, no confiscatorias de derechos civiles y políticos, y más aptas para administrar situaciones crecientemente complejas, enigmáticas y peligrosas. Los nuevos retos necesitarán de nuevas mentalidades, de mejores procedimientos y nuevos Estados, altamente productivos en términos de eficiencia. La desburocratización, la simplificación de procedimientos, el reintegro de derechos a los individuos y la mejor valoración de la comunidad local y nacional, las que se constituyen políticamente, son necesidades imperiosas.
¿Podemos mejorar nuestros derechos civiles y políticos? ¿Podemos mejorar nuestra calidad de vida y lograr que sean atendidas nuestras necesidades educativas, sanitarias y de seguridad con nuevos procedimientos mucho más eficaces, sencillos, estables y sin graves amenazas cíclicas financieras, económicas, sociales o militares? La respuesta es sí. Y aunque la respuesta sea sí, no podemos excluir la degeneración del actual sistema, hacia un estadio caótico y destructivo aunque, a la postre, catárquico.
:: La extinción
Los dinosaurios se extinguieron y lo están haciendo las grandes casas políticas y lo que se sitúa a su derecha o izquierda, son epifenómenos del mismo ideario, más o menos radicalizado, que tiene al viejo Estado, confiscatorio de derechos civiles y políticos, como referencia. Nos resistimos a enunciar los problemas de fondo que nos afectan, por vértido, por pánico, a pesar de lo cual, nada impedirá que los acontecimientos sigan su curso. Espiritual y materialmente necesitamos dicha evolución. La intermediación política se reorganizará, es inevitable, adoptando modelos más abiertos, permeables, sencillos y eficientes.






















