Análisis. Con Coughlin, que ha sido corresponsal en Irán la mitad de su vida, buen conocedor de la zona has escrito mucho sobre el Golfo Pérsico y en particular su laureada biografía de Ruholá Jomeini, desde su nacimiento hasta, pasando por la proclamación de la República Islámica hasta la actual residencia del apocalíptico Mahmud Ahmadineyad. Al margen de mil anécdotas, algunas muy curiosas, tal quera tenía muy demostrada su capacidad para los negocios y la gestión, cultivaba grandes extensiones de tierra y daba trabajo a tres mil familias, lo más destacado del Ayatolá que dirigió la revolución es su firme determinación de crear una república islámica revolucionaria capaz de, bajo su liderazgo espiritual y político, imponer su visión rigurosa del Corán a todos los musulmanes y acceder al estatus de potencia hegemónica. Aspiraba a convertir Irán en la fuerza espiritual del mundo musulmán, por la fuerza y por los medios que fuera necesario emplear, el terrorismo y las armas atómicas.
Los Guardinaes de la Revolución, los clérigos, siempre han conseguido lo que perseguían, jamás han abdicado de sus objetivos, y nunca les ha temblado el pulso en la hora de preferir la confrontación al diálogo
Puede parecer una exageración interesada, pero la biografía de Con Coughlin, con precisión de relojero, va dejando constancia con testimonios y documentos de los propósitos finales de la revolución islámica. Detalla el modo en el que el Consejo de los Guardianes de la Revolución, los clérigos, siempre han conseguido lo que perseguían, jamás han abdicado de sus objetivos, y nunca les ha temblado el pulso en la hora de preferir la confrontación al diálogo.
Y son detalles que explican profusamente, el fracaso, una y otra vez, de todas la facciones de los clérigos moderados, desde Rafsayani, hasta Musavi, pasando por Jatami. Otra de las claves de la Ayatolá Ruhola Jomeini, que pone el sello a la revolución islámica y que el colegio de clérigos radicales que tutela la República Islámica de Irán, aplica con el mismo rigor, es la determinación mostrada por su mentor principal en la hora de exigir la ejecución de sus enemigos políticos, religiosos, seculares, de derechas, izquierdas, kurdos o persas.
Y por si quedaban dudas sobre las entrañas y el código genético de la República Islámica de Irán, Coughlin saca una relucir una carta de Jomeini fechada el 16 de junio de 1988, cuatro días antes de que tuviera que aceptar el alto el fuego con Irak, en la que pedía que su país se dotara de los medios oportunos para acometer operaciones ofensivas, incluido el armamento nuclear. La carta estaba dirigida al liderazgo militar y político iraní, y es importante porque desmonta la teoría —tan en boga ahora— que afirma que el Islam no aprueba las armas de destrucción masiva. El Islam de Jomeini, desde luego que sí.
:: Exportar la revolución
Con Coughlin demuestra con documentos y testimonios los ingentes esfuerzos realizados por la República Islámica de Irán, para exportar su revolución mediante terceros y la explotación de grupos terroristas, desde Hezbolá y la Yihad Islámica. La práctica del terrorismo como método para hacer avanzar sus intereses y objetivos. Y nos revela el método ampliamente probado de la taqyya, la ocultación de sus verdaderos intereses mediante mentiras. Una práctica muy común en el islam.
Las explicaciones ilustradas, razonadas, de Occidente, de unos y de otros, de ambos lados del atlántico, chocará siempre con los verdaderos objetivos de sus interlocutores, emboscados en astucias varias. A nadie engañan, excepto a los prohombres de occidente que han sido comprados previamente por los clérigos. Irán, controla a buena parte de los interlocutores de Occidente que tienen que negociar con la República Islámica. Irán invierte mucho en personas.
:: Musavi el reformista
¿Musavi representa una opción más reformadora y occidental, menos beligerante y agresiva que la opción de Ahmadineyad? Pues leyendo sus programas no está nada claro. Musavi y Jatami viejos líderes de la revolución islámica, están ajustando cuentas dentro de los clérigos que controlan el Consejo de los Guardianes de la Revolución, pero comparten buena parte de sus objetivos. La opinión que les merece Israel, es similar a la que propaga Mahmud Ahmadineyad y comparten con él la carrera armamentística.
La lucha interna, dentro del Consejo de los Guardianes de la Revolución, órgano supremo de la República Islámica, con sede en la ciudad de Qoom, nadie sabe el modo en cómo terminará. De momento los clérigos radicales están perdiendo el control de las calles y del pueblo. Lo más relevante es que radical y moderado son términos que en el interior de Irán tienen una significación muy distintas a como la interpretamos en Occidente. Musavi y Jatami quiere más eficacia para el mejor cumplimiento de los objetivos fundacionales de la República Islámica. Acusan a los clérigos radicales, de avariciosos y de ineptos para conducir el creciente poderío de la República Islámica de Irán.






















