Calentura mental. El G-8 acordó intentar limitar en 2° el calentamiento global y recortar las emisiones de gases de efecto invernadero en un 80%, pero no consiguieron persuadir a China y a India para que se unan a la propuesta de reducir a la mitad las emisiones mundiales. A falta de sólo cinco meses para que se acuerde un nuevo pacto climático de la ONU en Copenhague, varias organizaciones que trabajan contra el calentamiento global han dicho que el G-8 tiene aún mucho trabajo por hacer y que esquiva los asuntos claves.
El acuerdo alcanzado por el G-8 más parece una calentura global de los mandatarios que un acuerdo práctico para reducir el verdadero calentamiento
Cifrar de manera tan precisa, reducir en 2° el calentamiento global y en un 80% la emisión de gases de efecto invernadero, son ganas de hacer el ridículo, de generar titulares en los que nadie cree para ensanchar ilusoriamente, mágicamente, su propio poder. Poder que no tienen. Ambos propósitos, el del descenso de la temperatura global y el de la reducción de emisión de gases de efecto invernadero en un 80%, para cumplirse, requieren que se ejecute una cadena de hitos tecnológicos y científicos, fuera del alcance de los mandatarios. Más parece una calentura global de los mandatarios que un acuerdo práctico para reducir el verdadero calentamiento. La Cumbre del G-8 arranca febrilmente.
Las temperaturas se han elevado alrededor de 0,7 grados desde que el comienzo de la Revolución Industrial y nadie entiende —porque acaso sea incomprensible— que se necesite rebajar la temperatura global en dos grados y que dicho objetivo constituya un objetivo cumplible y lo que es decisivo: deseable.
El acuerdo alcanzado debe ser considerado en su plenitud un acuerdo publicitario sin valor operativo alguno. Hacen el ridículo, contribuyen a desacreditar el papel de los jefes de estado y de gobierno, abusando del sentimiento de zozobra que padece la humanidad ante los cambios climáticos.
:: China e India, pasan
China e India se resistieron a firmar el objetivo global de reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero para 2050. Las naciones en desarrollo demandan a los países ricos que se comprometan para acelerar las reducciones a corto plazo. Y aunque el objetivo de los dos grados lo han adoptado por primera vez Estados Unidos, Rusia, Japón y Canadá, ya lo habían acordado en 1996 la Unión Europea y sus miembros del G-8 Alemania, Reino Unido, Francia e Italia, claro está, a título publicitario. El comunicado del G-8 tampoco precisó un año con el que comparar la reducción del 80% -diciendo que debería “compararse con 1990 o años más recientes”- lo que significa que el objetivo estaba abierto a interpretaciones.
:: Grandielocuencia
“El mundo reconocerá que hoy en Italia hemos fijado los pilares para un acuerdo en Copenhague que es ambicioso, justo y efectivo”, dijo el primer ministro británico, Gordon Brown. ¿Se cumplen los objetivos de la ONU, se respetan, los respetan las potencias y naciones que los suscriben?
La canciller alemana, Angela Merkel, dijo que el objetivo de los dos grados centígrados era un “claro progreso” para el G-8. El G-8 respaldó la creación de un mercado mundial de comercio de emisiones de carbono y un fondo financiado por los países ricos para pagar por el cambio tecnológico, pero se quedó lejos de los 100.000 millones de dólares que apoyan el británico Brown y las organizaciones no gubernamentales.
:: El papel de China
El objetivo de la temperatura iba a incluirse en un comunicado de los 17 miembros del Foro de Grandes Economías (MEF), que agrupa al G-8 más las principales economías desarrolladas, que se reunirá el jueves. Pero las conversaciones de última hora para convencer a los miembros del MEF para que incluyan el objetivo de recortar las emisiones en al menos un 50% para 2050 se atascaron el martes.
Los delegados dijeron que la ausencia del líder chino, Hu Jintao, que voló a casa para hacer frente al estallido de violencia étnica en el oeste de China, hizo fracasar las esperanzas de conseguirlo. Merkel dijo que los países emergentes parecían tener voluntad para firmar un objetivo de emisiones a largo plazo si las naciones ricas acordaran aspiraciones más estrictas para 2020.






















