Análisis. Eso quisieran ellos. Estando pensando, como siempre, unos pocos. No leen porque no tienen tiempo, ni calma. “Los jóvenes no leen”, es lo que de verdad ha dicho Mattehw Robson, el joven británico que ha revolucionado la banca con su informe estratégico, de tres hojas, para Morgan Stanley. Un informe en el que se describe cómo viven y qué hacen los jóvenes. Y en el que se deduce, yendo al grano, lo que ya sabíamos. Un joven, Mattehw Robson, eso dice él, que entendió como funciona la banca en una semana. Los ejecutivos de Morgan Stanley y el resto del sector, al alimón, comparten trono en la república de la idiocia.
Mattehw afirma, sintéticamente, que los jóvenes no leen porque no tienen tiempo. En esencia porque su agenda no se lo permite entre estudiar, los que lo hacen, aumentar su red personal en Facebook, jugar y ver y escuchar sus músicas y series favoritas. ¿Leer páginas y páginas de texto en los periódicos, para qué? No pueden perder el tiempo en ese tipo de cosas, no tienen dinero para sufragar gastos tan explosivos y tienen internet para leer titulares. La prensa sensacionalista, la ojean con más agrado. ¿Por qué será? ¿Qué cabía esperar?
Mattehw Robson, que comprendió como funciona la banca en una semana, cuyas conclusiones, cualitativas, sin apoyo estadístico, se las rifa el sector, le ha convertido en un fenómeno que está en boca de todos y la prueba del algodón que todos necesitaban para comprender la verdadera importancia de internet. Bien. No dice la prensa inglesa, la seria, y el sector financiero —que no es serio— el nivel de indigencia intelectual que padecen. Para pasar sus servicios a Internet no necesitaban el informe de Matthew, les bastaba con ponerse manos a la obra y abandonar el estado de idiocia en el que vegetan. Internet es un clásico, señores, una infraestructura muy madurita y parte de nuestra tradición.
Harían mejor en dejar de hacer el gandul y dedicar su tiempo a lo que interesa. Tiene que definir qué le ha pasado a su negocio convencional y de qué piensan vivir en el futuro. De eso no habla Mattehw. Lo que hacen los jóvenes es de sobra conocido: no paran. Y el ‘no parar’ es, precisamente, su mayor problema, tienen la agenda repleta de compromisos inaplazables, de vida o muerte, por ejemplo, jugar en red o contra la aplicación, bajarse música, series y escuchar o ver todo aquello que puede ser consumible de manera pasiva mientras interactúa mecánicamente de manera impulsiva. Es la otra cara de la moneda, que también es cierta.
A los jóvenes no les gusta la publicidad ni leer. ¿Qué cabía esperar? Las emisoras las escucha por Internet y la series, cuando quiere, igualmente por Internet. No ve la televisión, no lee periódicos. No nos ha contado Mattehw qué es lo que comprendió del banco en el que estuvo becado durante quince días. Me malicio que es mejor no saberlo para no amplificar la decepción. ¡Cualquier niño de quince años comprende en unas horas como gestionar su cuenta corriente en el banco.
Llama la atención que todavía cause asombro el comportamiento de los jóvenes (la mayoría de los ejecutivos no tienen hijos o no les ven el pelo). Se asombran de que los más jóvenes pasen más tiempo en Internet que haciéndole la ola a las grandes corporaciones mediáticas. La importancia de Internet no es discutible. El propio Mattehw desconoce que cuando vaya cumpliendo años, necesitará leer algo más que titulares para comprender algo mejor lo que ahora cree saber y alguna cosa más.
Alguien le tiene que decir a Matthew que jugar en red o contra una aplicación es muy poco relevante. Le tienen que advertir que interactuando y aumentando su red personal en Faceboock, puede emprender y poner en marcha muchas acciones relevantes, y que su relevancia, su verdadera relevancia la podremos valorar cuando tenga cuarenta años, con un poco de perspectiva.
Internet es una balcón al mundo, comprime el espacio y ensancha el tiempo, tiene consecuencias espacio temporales, físicas, para nuestra especie en el periodo de una vida. Pero las tiene para todos y a todos permite vivir de otra manera. Algún día Mattehw tendrá que descomprender lo que hoy dice comprender. De Mattehw Robson todavía podemos esperar lo mejor y no podemos decir lo mismo, sin embargo, del sector financiero y de las grandes corporaciones mediáticas.






















