Análisis. Se está celebrando en Washington una ronda del diálogo económico entre Estados Unidos y China. Ambos países dependen uno de otro, en las buenas y en las malas. A comienzos de abril en Londres, al margen de la cumbre del G-20, se reunieron por primera vez Hu Jintao, el presidente chino, y Barack Obama, su homólogo estadounidense. El tema más importante: la crisis financiera y económica.
A pesar de sus dolores de cabeza, los chinos continuarán, seguramente, invirtiendo en dólares, para satisfacción de Washington. La razón: ningún otro mercado puede absorber tanto dinero
La prensa enseguida especulo con una futura cumbre G-2, como posible salida a la crisis. Pues bien, está teniendo lugar en Washington (27 y 28 de julio). Ambos países mantienen una relación simbiótica: dependen mutuamente uno del otro, en las buenas y en las malas. En marzo de 2009, el Center for Strategic and International Studies publicó un estudio sobre las relaciones entre Estados Unidos y China. Ese think tank de Washington en materia de política exterior resalta ya en la primera frase del estudio que las relaciones entre China y EE UU pueden tener mayores consecuencias para los asuntos internacionales que toda otra relación bilateral.
Y en el último párrafo del estudio se lee: “ningún desafío global puede asumirse sin la cooperación entre EE UU y China. El primer desafío es la crisis económica y financiera mundial”. El ministro estadounidense de Hacienda, Timothy Geithner, resaltó durante su reciente visita a Pekín, la trascendencia de esa cooperación chino-norteamericana: “Una transformación exitosa en el sentido de una economía más equilibrada y estable sólo será posible con un cambio substancial de la política económica y la regulación del sector financiero”.
Y agregó, por si no había quedado claro: “Algunos de los cambios más importantes deberán venir necesariamente de Estados Unidos y China. Los éxitos que se logren en Washington y Pekín serán esenciales para las economías del resto del mundo. Y la efectividad de la política norteamericana dependerá en parte de la china, lo mismo que la efectividad de la política china dependerá de la nuestra”.
:: China mueve pieza y no es pequeña
China ha acumulado reservas por 2,13 billones de dólares, con un aumento neto de 17,8 por ciento durante el primer semestre de este año, razón por la cual ha puesto en marcha un plan para darle un rol global al yuan y convertirla en una divisa mundial que no tenga nada que envidiar ni al dólar ni al euro. El Banco Popular de China ha firmado acuerdos para establecer swaps cambiarios bilaterales por 95.000 millones de dólares con bancos centrales de seis países.
El objetivo de China es internacionalizar el yuan y es probable que el proceso sea más rápido de lo que muchos esperan, y sin mediar acuerdos ni grandes tratados. Si este plan tiene éxito, podría dar como resultado que flujos comerciales por casi 2 billones de dólares anuales (el 50% del comercio exterior chino) se pacten en yuanes para el año 2012, comparado con menos del 10% actual. Esta decisión se toma después de que China hiciera un llamamiento para que el mundo adopte una moneda supranacional que reemplace al dólar en el mediano plazo. En principio esta moneda serían los DEG (Derechos Especiales de Giro del FMI) que correspodería a una ponderación de las monedas más importantes del comercio (dólar, euro, yuan, yen).
Los estadounidenses son los únicos que han entendido que la reivindicación de una divisa mundial quiere ocultar el verdadero propósito, compartir con el dólar la hegemonía monetaria y reemplazarle progresivamente. Una operación que no es sencilla ni viable sin cierto consentimiento de los EE UU.
:: China depende del mercado estadounidense
Las economías de la última potencia mundial y de la potencia regional ascendente están estrechamente ligadas entre sí. China abastece el mercado norteamericano con bienes de consumo baratos. Y depende también de ese mercado para un continuo crecimiento económico, empleo y consecuentemente, estabilidad social. El volumen del comercio bilateral ascendió en 2008 a 400 mil millones de dólares, con un déficit de EE. UU. de 266 mil millones. El creciente desequilibrio comercial de EE UU con China causa malestar en Washington desde hace años.
No habían transcurrido dos horas, inmediatamente después de la toma de posesión de su cargo, cuando Geithner lanzó un directo al mentón: “China manipula su moneda para abaratar artificialmente sus exportaciones a Estados Unido”. Las espadas entre ambos países están en alto. Barack Obama debió telefonear urgentemente al Gobierno chino para aplacar los ánimos. La razón es evidente: los superávits logrados por China en el comercio con EE UU, pero también con la Unión Europea, China los invierte en dólares.
Se estima que China mantiene aproximadamente el 70 por ciento de sus reservas de divisas en dólares. A fines de junio ascendían a la friolera de 2 billones de dólares. Y Pekín ha invertido 800 mil millones de dólares en bonos del tesoro estadounidenses. Ello significa que con sus superávits, China ayuda a financiar el presupuesto norteamericano y mantiene relativamente alta la cotización del dólar. De acuerdo con información del ministerio de Hacienda de EE. UU., China tiene aproximadamente un cuarto de toda la deuda pública estadounidense que se halla en manos de extranjeros. Los chinos se han transformado ni más ni menos que en el mayor acreedor de EE. UU.
:: “EE. UU. y China se recuperarán juntos”… o no
Y como con los paquetes de rescate económico del Gobierno estadounidense, sus necesidades financieras continúan aumentado, la ministra de RR. EE. Hillary Clinton tuvo cálidas palabras en febrero en Pekín para con China: “Tengo en alta estima la inquebrantada confianza del Gobierno de China en los bonos del tesoro estadounidenses. Creo que es una confianza fundada. Tenemos buenos motivos para pensar que EE UU y China se recuperarán y juntos liderarán la recuperación global”.
Sin embargo, la confianza de China en el dólar disminuye aceleradamente. Wen Jiabao, el primer ministro chino, dijo el 13 de marzo que está preocupado por la seguridad de las inversiones chinas en dólares. Norbert Walter, director de Deutsche Bank Research, piensa también que las preocupaciones de China no son infundadas: “Es evidente que los chinos han efectuado inversiones financieras sumamente unilaterales. En pocas palabras: los chinos no han diversificado sus haberes. Y eso es algo que normalmente no se hace y que ahora le está dando dolores de cabeza.”
A pesar de sus dolores de cabeza, los chinos continuarán, seguramente, invirtiendo en dólares, para satisfacción de Washington. La razón: ningún otro mercado puede absorber tanto dinero. Y una venta masiva de bonos del tesoro en dólares haría que el mercado colapsara. Para Norbert Walter, China está atrapada en una especie de “trampa del dólar”: “En el debate económico existe una interesante teoría, llamada el efecto “locking in“, que dice que quien tanto ha invertido en una cosa, tiene naturalmente también interés en que esa inversión sea un éxito y no puede ponerla en peligro dándole súbitamente la espalda.”
El diálogo estratégico chino-norteamericano en Washington será por lo tanto muy interesante. Por lo menos Timothy Geithner está interculturalmente bien preparado para el encuentro con Wang Qishan, el vice primer ministro chino. En sus años jóvenes, Geither estudió chino en Pekín.






















