Crisis Gürtel. Mariano Rajoy pretendió liquidar el impacto de la Operación Gürtel en un solo acto, sainete, y ha logrado la parte cómica o bufa, las lágrimas de Ricardo Costa, el cabeza de turco, sin lograr dejar cerrado el libreto. Lo que le está ocurriendo al Partido Popular de la Comunidad Valenciana acabará, tal como calcula José Joaquín Ripoll, Presidente del Partido Popular de Alicante, en Comisión Gestora Provisional Regional, en un gobierno de la Generalidad interino y en repique de arrebato. Joaquín Ripoll pide medidas drásticas y rápidas, asumiendo el coste que corresponda asumir. El sainete tendrá más actos y dista mucho de haber concluido.
En auxilio del Partido Popular, para restablecer su base social, ha llegado la crisis, tan pésimamente gestionada por el gobierno de Zetaparo. En su demérito, su falta de reacción, su malos pasos estratégicos y su creencia, muy absurda, de que puede dominar por sus propios medios al 50% de electorado, de manera constante, impertérrita, por los siglos de los siglos.
En demérito del PP, su falta de reacción, su malos pasos estratégicos y su creencia, muy absurda, de que puede dominar por sus propios medios al 50% de electorado, de manera constante, impertérrita, por los siglos de los siglos
El Partido Popular de Mariano Rajoy tiene como norma callar, aguantar y vivir de los errores ajenos. Tan diestros son en no proponer que han terminado por ser incapaces de proponer y elaborar cosa alguna con algún fundamento. Y disponer de ejecutivas, allá donde se indague, que pone en graves aprietos a cualquier máquina electroencefalográfica, no es la mejor señal de que las cosas pueden cambiar (a mejor). Dependen, exclusivamente, del endurecimiento del mercado electoral e impedir que nuevas ofertas políticas entren en escena. Es una circunstancia que comparten con el PSOE y los nacionalistas. Su supervivencia pende de dos ramas: aconchabarse con el PSOE (cerrar el mercado electoral) y del efecto arrastre.
Al Partido Popular le pierden muchas cosas y la más importante, su añejo líder y mentor, Fraga Iribarne, atascado en supuestos políticos menguantes: el bipartidismo, el bilingüismo y la bimentira, esto y lo contrario, en la misma alocución. Fraga es al futuro lo que Sarkozy a Francia, la reedición de viejas estrategias de Estado para dominar a los ciudadanos que curiosamente le proporcionan su razón de ser y la legitimidad para existir.
Existe una clase política que se cree bendecida por un don que la faculta para reclamarle al pueblo su apoyo —buscando legitimarse— y para, a la vez, a continuación, maniobrar para dominarle, someterle y humillarle. En este punto, Fraga y sus sucesores —y Rajoy es un alumno aventajado de su mentor— al igual que el PSOE, los nacionalistas y el resto del arco parlamentario, comparten estrategia. Todos practican el mismo afán, emanciparse de los que les legitiman para dominar el Estado, la caja pública y hacer de su capa un sayo.
:: El Caso Gürtel
Es un caso que en buena lid debiera tener consecuencias y dramáticas. Lo contrario no sería entendido. El Partido Popular ha tardado mucho tiempo en admitir que estaba siendo atacado en firme, con artillería de grueso calibre y que el fuego cruzado arreciaría. El Partido Popular tiene la obligación de lavar la casa y buscar un efecto depurador y catárquico entre su electorado. Y además de limpiar la casa, debiera poner algún afán en la elaboración de propuestas, de medidas estructurales que proporcionen más credibilidad y confiabilidad a nuestro sistema institucional.
Los españoles necesitamos un remozamiento institucional y el Partido Popular debiera por su bien, el de sus militantes, el de sus electores y el de España, hacer algún esfuerzo propositivo, reformador, generador de futuro y esperanza. La pelea de puños y puñetas, de quítate tu que me quedo yo, amén de poco edificante está exenta de futuro. Y lo que sirve para el PP, es de aplicación al PSOE —con tantísimos sumarios abiertos por corrupción— y para los partidos nacionalistas. Tanto monta que monta tanto. El Caso Gürtel tiene suficiente encarnadura, es un caso patrón, que debiera servirnos como guía y fuente de inspiración para acometer reformas estructurales imprescindibles y antiguas. La protección de los derechos de los militantes de los partidos (los estatutos al uso de los distintos partidos son entre bochornosos y repulsivos), la salvaguarda de los derechos civiles y políticos del pueblo y de los respresentantes del pueblo, el cambio de sistema electoral…






















