ACTUALIDAD, CONTEXTO, ANÁLISIS
LOS LÍDERES NO DAN LA TALLA NI LA BASE
Rajoy I, El Grandioso, se hace un lío
Peatóm | 30·10·2009 | 00:00

Crisis en el PP. Rajoy I, el Grandioso, al que nadie le miente y nadie le sostiene la mirada, le crecen los enanos. Una cosa es él mismo, su majestad imperial, y otra bien distinta, el partido que no sabe o al menos no debiera saber de emperadores. España está organizada, también los partidos, para bien y para mal, a imagen y semajanza de la España autonómica y seguir considerando que el Jefe, el Duce, sigue teniendo poder y omnímodo sobre todos los rincones de la organización del Partido, —para lo que es suficiente levantar una ceja— es un periodo concluido en España y para bien. Hacía falta que se lo creyeran los propios militantes de los partidos.

Un gran candidato tiene que serlo a sabiendas que entre su base social, pueden existir discrepancias públicas, oposiciones abiertas y perjuicios derivados de que los anteriores no compartan su opinión

Era imprescindible que los propios militates y cuadros intermedios interpretaran fielmente la lógica contenida en sus propios estatutos y los derechos civiles y políticos que les corresponden, muy por encima de la vanidad política de sus respectivos jefes políticos. Someter un partido para que ni el vuelo de una mosca roce, perturbe o incomode el estado de opinión a favor del gran jefe, aunque el Duce, sea un descerebrado, es anticonstitucional y tiránico. Un gran candidato tiene que serlo a sabiendas que entre su base social, pueden existir discrepancias públicas, oposiciones abiertas y perjuicios derivados de que los anteriores no compartan su opinión. No es consentible —y no lo es para Rajoy ni para nadie— el abatimiento, el acoso y la caza, de parte de su propia organización, a placer, para preservar sus supuestas expectativas electorales.

Y al revés, a Camps y a Aguirre le han faltado agallas, claridad política, jurídica, institucional y partidaria para hacer respetar sus propios estatutos. No se han conducido de forma consecuente con sus propios estatutos y con las leyes españoles. Los monolitismos están pasados de moda y las tiranías internas de los partidos, impuestas por sus jefes políticos, huelen que apestan.

:: ‘Manejar los tiempos’

Liderar no es administrar los tiempos, una anécdota, es adoptar las decisiones apropiadas y que las mismas sean comprendidas y aceptadas por los que se presente liderar. Rajoy I, el Grandioso, se conforma con manejar los tiempos. No es suficiente. Puesto que sus desesos no fueron comprendidos ni aceptados, a saber, su gesto con la ceja no produjo impacto alguno en el Partido Popular de la Comunidad Valenciana, el Secretario General del PP, Ricardo Costa, ha tendio que ser suspendido de militancia desde Génova, manu militari, para que al menos su Presidente, Rajoy I, dado que no es respetado, sea temido. Flaco favor está haciendo la ejecutiva del PP a la democracia con este tipo de conductas.

El Partido Popular de Valencia, un valedor imprescindible, clave, para la nominación de Rajoy como candidato a la Presidendia del Partido Popular, está, en estos momentos, en calamitoso estado de estupefación ante los desmanes de Génova. Génova ha quedado en entredicho, sin autoridad y en lado equivocado de la historia. De igual modo ocurre en Madrid, organización, que finalmente, voto mayoritariamente por Rajoy en el último Congreso.

Al Partido Popular de Madrid y el de la Comunidad Valenciana si quieren sobrevivir a los caprichos de Génova, asunto que es muy opninable, más les vale hacer funcionar los estatutos, movilizar todos sus órganos, hacer valer sus decisiones y defenderlas incluso ante los tribunales, donde fuere, para preservar sus derechos civiles y políticos, el de todos sus militantes y el de los electores. Si no lo hicieran debierán proclamarse, sim ambages, cadáveres políticos, porque, si nada cambia, eso son. El conflicto entre Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón debió quedar resuelto hace tiempo, haciendo funcionar, la lógica interna, estatuaria, y no obstante, no se hizo, en un intento fatuo de componendas que finalmente no se han producido.

:: Dos grandes perdedores, Rajoy y Caja Madrid

Rajoy I, El Grandioso, y Caja Madrid han sido los grandes perdedores de todo este enredo. El enredo, no obstante, esta teniendo dos perdedores menores: Camps y Aguirre que o bien se agarran los machos, hablan algo más claro de lo que lo están haciendo, se aferran a los estatutos, generando mayorías firmes o saldrán, cosa más que probable, despedidos por la ventanas de Génova. Y serán devorados, inexorablemente, si no hacen lo que deben, primero por su propia organización, la propia, después la nacional y después por los electores.

Es imposible servir a dos reyes sin que alguno te rebane el pescuezo. No se puede servir al jefe político, permanentemente, con la excusa de que se está defendiendo cabalmente los intereses de los militantes y electores. Ya no cuela. Ambos intereses no siempre coinciden y en caso de conflicto, son intereses prevalentes los de los militantes, auténticos dueños de la marca. Cuando no se tienen agallas para defender a los militantes que te legitiman lo acertado es poner tu cargo a disposición de los militantes, de lo contrario, serán los militantes, indefensos, los que se aliarán con el jefe. No se puede servir a dos reyes a la vez cuando están en liza o en armas.

Esperanza Aguirre necesita impulsar un Congreso Extraordinario en la Comunidad de Madrid para poner a Génova, a la prensa y a Ruiz-Gallardón, a cada cual en el lugar que corresponde. De igual modo debe hacerlo Camps. Sin el concurso de la voz de los militantes y electores del propio partido, la presente crisis se cerrará en falso y dejará negro sobre blanco, voz en el aire, que partidos y líderes no son confiables.

Todos los intervinientes en la polémica han exagerado lo que podían lograr mediante el apaño y el pasteleo, humillando los derechos civiles y políticos de sus militantes. El mal de España es un exceso de política de altura —política de inspiración canalla como es comprobable—  y la inexistencia de política de base más respetuosa con los derechos civiles y políticos de los militantes y de los electores. Se merecen, unos y otros, lo peor. No dan ni la talla ni la base.


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