Crisis en Afganistán. Occidente se juega su credibilidad, y la credibilidad de su acción exterior, en Afganistán y todas las partes son conscientes del reto. De Afganistán saldrá, en el mejor de los casos, un nuevo orden internacinal que incluye a Rusia, China e India o todo lo contrario, un abrasador desorden. La proclamación de Hamid Karzai como presidente electo ensombrece el futuro cercano de Afganistán y de Occidente. Es mucho lo que está en juego y lo que está en juego es más trascende para nuestra vida diaria de lo que imaginamos.
La Comisión Electoral de Afganistán proclamó al actual mandatario, Hamid Karzai, vencedor de las elecciones presidenciales. La Comisión argumentó que como Karsai había obtenido la mayoría de votos en la primera vuelta y puesto que una segunda no tiene ningún sentido, una vez conocida la retirada de Abdulá, lo lógico era proclamar a Karsai como vencedor. Ello dio al traste con los esfuerzos del secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, que se trasladó sorpresivamente el lunes (02.11.2009) a Afganistán para intenta salvar la controvertida segunda vuelta electoral. En el ínterin, Ban Ki-Moon, declaró, agachando las orejas, que la ONU aceptará cualquier decisión de la Comisión Electoral, siempre que esté en consonancia con la Constitución del país y sirva los intereses de Afganistán.
Lo que ocurra en Afganistán no solo afecta a Afganistán, en aquellas tierras se están librando muchas batallas que afectan al futuro inmediato de Occidente y su hipotética autoridad científica, económica, intelectual y moral
Abdulá renunció a participar en la segunda vuelta debido a la amenaza de “nuevos fraudes”. La primera ronda en agosto había sido ensombrecida por manipulaciones masivas, según constataron los delegados de las Naciones Unidas y observadores independientes. Abdulá Abdulá, sin embargo, había reprochado a Hamid Karzai haber rechazado las condiciones que le propuso para evitar que el 7 se noviembre se repitieran las irregularidades masivas que llevaron a la anulación de la victoria reivindicada por el bando del actual presidente en las elecciones del 20 de agosto.
En este contexto la Comisión optó por cortar por lo sano, a pesar de que la nueva presidencia de Karsai pueda quedar irremediablemente asociada con las manipulaciones de la primera vuelta. Si la elección hubiera tenido lugar hubiera sido vista, seguramente, como un chiste de mal gusto, en opinión de todos los analistas. Para una elección que no es tal, no tiene sentido poner en peligro vidas humanas. Además, desde el ataque de los talibanes contra una residencia de las Naciones Unidas en Kabul, en que murieron seis empleados, el personal de la ONU no sale de los edificios por motivos de seguridad. Lo que quiere decir que no habría podido apoyar a la Comisión Electoral ni supervisar la segunda vuelta.:: ¿Habrá finalmente un acuerdo político?
“Karsai deberá tomar una posición clara”, dijo Abdulá. Y agregó: “Yo no cierro ninguna puerta. Si bien sigo fiel a los principios que anuncié durante mi campaña electoral, repito, no cierro ninguna puerta”. Y el candidato a vicepresidente de Abdulá, Humayun Shah Asefi, dijo por su parte: “Le deseo mucha suerte a Karsai. Pero no será fácil gobernar solo el país, con los talibanes delante de las puertas de Kabul”. Nuestra retirada de la segunda vuelta es un primer paso, anunción de modo enigmático”. Ello deja abierta la posibilidad de una eventual participación de Abdulá de alguna forma en el poder. El futuro de Afganistán es, ahora, más que incierto.
:: Apuesta arriesgada
Le Figaro, de París: “Fue una apuesta arriesgada la de sustentar el carácter democrático del Gobierno afgano en una votación realizada mientras el país se encuentra en medio de una guerra. La primera ronda electoral fue opacada por un masivo fraude. Ninguna elección por sí misma puede conformar un país o fundar una democracia. Sobre todo en Afganistán, donde el poder -querrámoslo o no- está abierto a la extorsión y la influencia de los barones de la guerra. La elección no cambiará nada. Sólo nos enseñará cuán grandes son los problemas a solucionar.”
La Repubblica, de Roma: “Teóricamente, estadounidenses y europeos pueden aplicar diversas soluciones para evitar grandes daños. Podrían obligar a Karsai a aceptar la existencia de un primer ministro para incrementar la credibilidad del Gobierno afgano, o repartir el poder entre los gobiernos de las distintas regiones, siempre y cuando éstos sean dignos de confianza. En todo caso se trata de un asunto urgente si es que se quiere prevenir un desastre. No sólo está en juego el futuro de Afganistán, sino también la credibilidad de la OTAN y el destino de una de las regiones más complejas del planeta.”
En Varsovia, el Rzeczpospolita: “La secretaria de Estado de EE UU, Hillary Clinton, y el primer ministro británico, Gordon Brown, aseguran que en principio todo sigue en orden y que aún puede salvarse el ‘proceso democratizador’ de Afganistán. Darán un espaldarazo al presidente Karsai, pues no tienen alternativa. Nadie en Occidente tiene una idea mejor para solucionar el problema. Lo cual no es nuevo en Afganistán.”
En Noruega, el Aftenposten: “La farsa electoral es un reflejo dramático de los problemas en el núcleo de la sociedad afgana. Bajo la presión de un fortalecido y violento movimiento talibán, el país no consigue establecer un sistema de Gobierno ni instituciones legítimas. La debilidad del Gobierno en torno de Hamid Karsai tiene efectos negativos mayúsculos para la presencia internacional en Afganistán.”






















