Componendas. El vigor de la estrategia de la componenda está incrustrada en el espíritu de la transición y nadie hasta la fecha ha sido capaz de descabalgarla. Todo se trapichea en función del poder de cada uno y de los intereses particulares de las distintos jefes políticos. Se trata de un periodo con dos grandes perdedores los derechos civiles y políticos de los españoles y la lengua española. El ministro de Educación, Ángel Gabilondo admitió que la Ley Catalana, desde su percepción de la autonomía de los centros y su distribución geográfica, “hace que en algunos lugares sea necesario poner al menos una hora más de castellano, pero también hay otras zonas donde hay que reforzar el catalán”.
La interpretación del ministro Gabilondo, sabio en metafísica, es la interpretación al uso, consuetudinaria de la transición: las lenguas periféricas siempre tienen razón y el español, en España, no tiene más destino que su extinción gradual y efectiva
La interpretación del ministro Gabilondo, sabio en metafísica y hermanísimo del agitador ideológico que cada día atiza el vendeval de rencor desde Canal Cuatro, es la interpretación al uso, consuetudinaria de la transición: las lenguas periféricas siempre tienen razón y el español, en España, no tiene más destino que su extinción gradual y efectiva. ¿Qué lengua debierámos hablar los españoles y cual el propio Gabilondo y el mismísimo Zetaparo? ¿Qué destino lingüístico les espera? ¿Qué han diseñado para sí mismos el gabilondismo y el zetaparismo? ¿Hablar por señas? ¿Y si fuera cierto que el Gabilondismo, como fenómeno social con amplia base social en la universidad, y el Zetaparismo, fueran fenómenos intelectualmente muy angostos y astringentes?
En este sentido, Gabilondo añadió, en declaraciones a Onda Cero recogidas, que “lo que sí parece claro es que allí hay una política lingüística que es la Constitución” y, por lo tanto, “todos tienen el deber absoluto de conocer el castellano y el derecho a utilizarlo”. “Eso es lo que defendemos”, apostilló. Un derecho y un deber, que en la práctica, ni se puede cursar ni ejercer, salvo a contracorriente y jugándosela. Y queda claro, ha quedado claro en todos estos años, que lo que se ha pretendido es, exactamente, impedir el uso del español. Las mentiras del Gabilondismo y el Zetaparimso, por mucho que se propaguen, no logran ocultar la dramática persecución que padece la lengua española y los derechos civiles y políticos de los españoles residentes en dichos territorios.
Sin embargo, advirtió de que “el catalán como lengua vehicular es un asunto que lleva ya bastantes años”. “Y los datos que tenemos es que los resultados en Cataluña en el conocimiento de castellano, tanto en Selectividad como en los ejercicios de lengua, son equiparables al resto de España”. Por otro lado, el ministro sobre la ampliación de la educación obligatoria hasta los 18 años, reiteró que hace falta un sistema “muy flexible”, en el que “no todos tengan que hacer lo mismo, porque sino los alumnos no deben estar hasta los 18 años”. “Lo único que tiene sentido es que nos planteemos ir a un sistema donde unos puedan hacer Formación Profesional u otros Bachiller”.
Además, reconoció que las formas de enseñar son “a veces muy convencionales” y opinó que éstas deben aplicarse de una forma “mucho más práctica y tutorizada, con un nivel de evaluación muy continuado” para que no se produzca un “alejamiento” de los alumnos de las aulas. Asimismo, pidió el esfuerzo de los universitarios al entender que “el 80% de los que cuesta cada plaza está siendo financiada por los ciudadanos y éstos deben exigir que el que está en la plaza sepa que tiene que rendir y responder”.
Por último, respecto al Pacto educativo, explicó que si uno coge los programas electorales de todos los partidos políticos sobre Educación “hay mucho en común donde establecer acuerdos”, pero “también hay muchas diferencias”. Sin embargo, indicó que hay que “pactar las diferencias y reconocer que en algunos asuntos no se puede ir más lejos”






















