Análisis. El crédito hacia el sistema productivo, tardará en fluir hacia empresas, autónomos y familiares, en el caso de que ocurra, al menos un año. El sistema financiero, atrapado por los indisimulados intereses de la clase política, se autoconsume, abúlico e indolente, sin tan siquiera preparar los fastos para obtener una cristiana sepultura. Está en manos del destino. El nivel de indolencia e ignorancia de la clase política, que no acepta la gravedad por la que atraviesan las cuentas del Reino (las estatales, las autonómicas y las locales), las públicas y las privadas, es de tal calibre, que cabe, en estos instantes esperar lo peor.
Nos enfrentamos a la reducción masiva de salarios, en intensidad y en cantidad; nos enfrentamos a la reconversión de las administraciones públicas; nos enfrentamos a restricciones extremas, que serán papel mojado o sacrificios estériles sino van acompañadas de las reformas estructurales imprescindibles
¿La clase política es tan ineficiente intelectualmente, al punto de ser incapaz de comprender la gravedad de la situación? En mucho casos, en la mayoría, es obvio, que es así. En otros casos es consciente de la extremas gravedad, pero está incapacitada intelectualmente para acometer propuestas, hacer reformas y proponer algo más que resignación, enconmendarse a los hados y culpar al de al lado.
:: Encrucijada
El Gobierno de Zetaparo ha dilapidado dos años con parálisis económica, política, intelectual y moral y lo que queda. La buena salud de las cuentas públicas del Estado, en todo este tiempo, han saltado por los aíres. Al abdicar de remedios proporcionales a la gravedad de la situación y al idear, al contrario, parches y soluciones que siguen agravando el problema estructural, profundo, que padecemos, la situación ha entrado en bucle. Necesitamos remedios extraordinarios, excepcionales, equivalentes a la gravedad de la crisis y la Ley de Economía Sostenible, un cajón de sastre —de sastre muy desordenado y pésimo patronista—, entre otras iniciativas, viene a agravar las dificultades.
Zapatero, por sí mismo, con su conducta, se ha convertido en le principal problema de España. Impide el buen juicio. El resto de la clase política, corre la misma suerte al limitar su acción a un debate parlamentario diplomático, convencional, confiando en que la alternancia en el poder, por sí sola, es causa suficiente para modificar los muy graves problemas estructurales de nuestra economía. Hacen falta soluciones y no existen, no se conocen o cuando menos no se formulan.
:: Del Estado del Bienestar al del Malestar
Avanzamos, lo que era inconcebible hace un año, hacia el colapso económico y financiero de las cuentas publicas y particulares de España. España es, después de Irlanda y Grecia, el país con mayor amenaza de riesgo sistémico y está cantado que nuestro rating soberano, será vapuleado en el 2010 lo que creará dificultades extremas para obtener dinero en el mercado (nuestra deuda pública no se vende) que garantice el normal funcionamiento de las administraciones públicas; para que nuestras empresas puedan obtener financiación y para impedir que el desempleo siga creciendo y destruyendo la economía.
La clase política mira para otro lado cuando se la recuerda de que en un año el rating soberano puede descender precipitadamente, de triple AAA con perspectiva negativa a triple BBB. El rating de la deuda oscila entre la mejor posición AAA, España está ente AAA con perspectiva negativa, a triple BBB, instante en el que todo se pone del revés. Nuestro endeudamiento familiar, de empresas, de bancos y ahora de las Administraciones Públicas, este último creciendo a endiablada velocidad componen un cuadro macroeconómico muy perturbador.
Nos enfrentamos a la reducción masiva de salarios, en intensidad y en cantidad; nos enfrentamos a la reconversión de las administraciones públicas; nos enfrentamos a restricciones extremas, que serán papel mojado o sacrificios estériles sino van acompañadas de las reformas estructurales imprescindibles. El Modelo del Estado del Bienestar es ya del Malestar y son muchas estructuras y procedimientos los que tendrán que ser revisados.
:: Rescate o expulsión del euro
La desestructuración de nuestras cuentas públicas, su declive y las nulas perspectivas en un futuro inmediato a cuenta de la inacción de nuestra clase política, se recrudecerá aún más si la eurozona opta por acometer decisiones quirúrgicas para preservar la integridad y fortaleza del euro, esto es, el desacoplamiento de algunos países. El riesgo de ruptura de la Eurozona, por primera vez, ha dejado de ser una especulación intelectual de los analistas para convertirse en una opción que ya está sobre la mesa.
Bruselas intenta articular una plan para rescatar las economías de Grecia e Irlanda. El traslado de recursos fiscales, de todos modos, de unos países a otros, dejaría al euro, en su totalidad, a los pies de los caballos. El rescate equivale a debilitar la moneda, hacer visibles los problemas y aceptar públicamente las dificultades. La otra opción, más quirúrgica, es expulsar a dichos países del club del euro o, atención, disolver organizadamente la eurozona dejando flotar libremente el euro de las distintas naciones.
En el 2010 el diferencial de la deuda Griega e Irlandesa respecto a la Alemana, esto es, su carestía respecto al país teutón, puede llegar a los 300 y 400 puntos, sin ningún atractivo para los inversores, extremo en el que ambos países se quedarían sin liquidez.
¿Y qué hacer con países como España? Al deterioro de las cuentas públicas se une un fuerte endeudamiento de las familias, las empresas y los bancos. Nuestro margen de maniobra se reduce a apretarse el cinturón y remozarnos institucional y políticamente sí podemos y sabemos. La operación rescate, por nuestro tamaño, está descartada anticipadamente y sobre la mesa solo existe una opción: el desacoplamiento o expulsión de la zona euro o que España ceda el control del Banco de España y de su política interior a las autoridades de Bruselas. Nuestro autogobierno se debilitaría hasta el paroxismo.
:: Conclusión
Se cosecha lo que se siembra. Estamos en una situación económica extrema en un entorno institucional y financiero —el euro— muy débil, sostenido, exclusivamente, por un Pacto de Estabilidad que nadie cumple y, naturalmente, del que todos desconfían. Existen cinco alternativas:
1. Revisar el Pacto de Estabilidad (más manga ancha para pertenecer al Club). La medida devaluaría el euro de manera inmediata, retrasa en el tiempo la necesidad de las operaciones de rescate y complica la economía de los países con una balanza comercial muy deficitaria.
2. Expulsar a los alumnos con peores rendimientos del club del Euro. Puede revalorizar el euro, pero debilitaría políticamente la Unión a un punto muy peligroso.
3. Deshacer el Club del Euro, redefinirlo, dejando que los distintos euros nacionales floten libremente en el mercado, con mantenimiento de la unión política.
4. Transferir recursos fiscales del Centro a la Periferia es poco viable en momentos económicos tan angustiosos para todas las partes.
5. Dejar todo como está y que reviente por donde toque. Estamos en esa fase.






















