Coche eléctrico. Coche eléctrico fabricado en el campus de la Univesidad Keio (Japón) en 2002 y que alcanzaba los 311 km/hora. El coche estaba patrocinado por la JSP (Corporación japonesa para la ciencia y la tecnología)
León. La crisis es de verdad y el estado de ánimo de los consumidores no es el detonante de la crisis. La manzana que cae del árbol es harto improbable que haga el recorrido en sentido inverso. La ley de la gravedad es inexorable. El estado anímico de los consumidores es consecuencia directa de los hechos objetivos. Las cifras son inquietantes y es cierto, el pesimismo general, está haciendo estragos. A la crisis inmobiliaria, muy áspera, se une la crisis financiera, muy ácida. Y a la crisis financiera se está uniendo, como un todo, la crisis energética, escalofriante. Los precios van a galope. Están literalmente, en estampida. Usted puede querer comprar un coche y cosa bien distinta es que encuentre quien lo financie. ¿Qué ocurre cuando el consumidor, asustado, se retrae y tampoco quiere comprar o cambiar de coche, al margen de si encuentra o no financiación? Que se desploman las ventas.
Las matriculaciones de automóviles se situaron en 116.108 unidades durante el pasado mes de mayo, un 24,3% menos respecto al mismo mes del 2007. Son datos de ANFAC, las Asociación de Fabricantes, y de GANVAM, la Asociación de Vendedores. En el canal de coches particulares, la caída ha sido para el mismo periodo del 28,4% y es el canal de consumidores el que proporciona un termómetro más real del estado de la demanda. El sector no puede soportar un ritmo tan vertiginoso en la caída de las ventas. Ningún sector puede soportarlo y el automovilístico especialmente, con periodos largos de desarrollo, producción y comercialización.
España está muy comprometida con el sector automovilístico, somos grandes productores y exportadores con un poderoso ecosistema de industria auxiliar que genera riqueza y emplea a muchos españoles. Se necesitan medidas paliativas con urgencia. El sector necesita ser estimulado con celeridad porque es mucho lo que está en juego y no será suficiente un Plan Remove. Habrá que poner la carne en el asador.
En el 2058, según todas las estimaciones, estarán circulando 3.000 millones de coches o dispositivos de parecida funcionalidad y necesitaremos carburantes alternativos más tecnologías con otras características. En la actualidad existen 650 millones de coches rodando por las carreteras y caminos. La humanidad no parece que quiera y pueda renunciar a la movilidad y el grado de dependencia del crudo es insostenible. La necesidad de movilidad colectiva e individual, la necesidad como tal, no parece estar amenazada. Será irrealizable, eso sí, si no se produce una ruptura tecnológica.
La demanda de movilidad lejos de crecer ha aumentado. ¿Está amenazada, entonces, la industria automovilística? En teoría, no. Todos insisten, sin embargo, en que el sector necesita una ruptura tecnológica que le permita romper amarras y desvincularse del petróleo y de las tecnologías contaminantes. Las empresas que sean capaces de acometer la ruptura tecnológica sobrevivirán. Los mercados serán muy selectivos y España no puede permitirse la licencia del abandonar a su suerte al sector automovilístico con toda su industria auxiliar. Es indispensable subirlo al carro de la ruptura tecnológica. Estamos ante un asunto prioritario y estratégico.
Sobre la mesa de los analistas, de los estudiosos, de los empresarios y de los distintos ejecutivos planea la misma hipótesis: la reconversión en cadena de numerosos sectores: el sector automovilístico, el pesquero, el de transporte de viajeros y mercancías, el naviero y el de las aerolíneas. Lo que hagamos por superar el desafío de la movilidad, bien representado por el coche particular, lo estamos haciendo por numerosos sectores, ahora mismo, muy dependientes del petróleo.
El consumidor contempla, lo hacemos todos, con perplejidad el rumbo de los acontecimientos. En el 2007, a finales, vivíamos en el mejor de los mundos posibles. Han bastado seis meses para que la economía vire 180 grados. ¿Qué está pasando? Parece que estamos en tiempo de mudanzas.





















