Granada. Flacos y más bajos de lo que corresponde a su edad. La mitad ciegos y los otros sacados de la explotación de las salinas de Madagascar. Son los 30 niños de la coral Malagasy Gospel que cantan para que su situación deje de ser invisible al mundo gracias a la ONG de Granada Agua de Coco.
Sin recibir ni una sola clase de música, estos chicos cantan y componen canciones sobre los derechos infantiles, la discapacidad, la integración y la esperanza de un mundo mejor, que acompañan con “cabosy”, instrumento típico de su país similar a la guitarra que elaboran ellos mismos con troncos de madera, cuerdas de pescar y chinchetas.
La Fundación Agua de Coco quiere divulgar su actividad en Madagascar, donde ha creado escuelas, integrando a discapacitados y apartando de la explotación laboral a los niños
Es la primera vez que salen de su país para emprender una gira musical por Madrid, Almería, Valencia, Zaragoza y Granada, donde han grabado su primer disco compacto en un estudio de la localidad de Deifontes. Con esta iniciativa, la Fundación Agua de Coco quiere divulgar su actividad en Madagascar, donde ha creado escuelas, integrando a discapacitados y apartando de la explotación laboral a 800 niños, además de hacer que menores que “eran invisibles vuelvan como héroes a su país” tras ser aplaudidos y admirados en los escenarios, ha explicado el coordinador del proyecto, Gerardo Gómez.
Además de cantar, los chicos, de entre 11 y 18 años, disfrutan de actividades de ocio como conocer la nieve en Sierra Nevada o visitar museos y monumentos, aunque después de todo han confesado que sus mejores impresiones de su primera visita a España son que comen todos los días, duermen en una cama, tienen agua caliente para ducharse.
Acostumbrados a trabajar de sol a sol extrayendo sal en Tulear, un pueblo pesquero al Sur de Madagascar —país que ocupa el puesto 143 de los 147 más pobres del mundo—, repetir las canciones para lograr el mejor montaje de sonido en el estudio de grabación es un juego de niños que soportan con sonrisas. Sorprende su sencillez, hacen con docilidad todo lo que se les pide. “Y oírlos cantar es muy emocionante”, asegura Elisa Martín, copropietaria del estudio Ekus Sound.
El responsable de la ONG, José Luis Guirao, les traduce las instrucciones al malgache mientras hacen unos pequeños estiramientos, “se han convertido en los embajadores de su país y su orgullo es que son los protagonistas y los blancos les aplauden”.
Las mejores impresiones de su primera visita a España son que comen todos los días, duermen en una cama, tienen agua caliente para ducharse
Marceline, una niña de 13 años a quien la ONG sacó de las salinas, asegura que hasta entonces su vida era “mala” y que ahora que ha descubierto la música le encantaría dedicarse a ella, además de “a jugar”. A su lado, Lido, un chico invidente que acaba de alcanzar la mayoría de edad aunque su aspecto lo contradiga, dice que se siente “muy satisfecho” con el éxito de cada concierto y que espera poder ayudar así a los amigos que dejó en su país. “He visto en España lo que nunca he visto en mi país”, dice este chico ciego al que sus otros sentidos le han permitido disfrutar “de la nieve, la limpieza, la comida, que es muy buena, y pasear”.
Tras esta gira, que el año próximo quieren extender a otros países europeos, regresarán a chozas sin luz ni agua, donde sólo La Fundación Agua de Coco —a la que han dedicado varias de sus canciones— les aporta un ápice de esperanza.
Hace un año que se fundó este coro para despertar conciencias, para hacer visible al mundo la situación de unos niños forzados a la explotación laboral u olvidados en la oscuridad de su ceguera; la puerta abierta a su futuro está en www.aguadecoco.org, donde además de colaborar, se podrá adquirir el CD en el que cantan en malgache: “Recuerden, señores: aprendan desde sus butacas, que sí que es cierto. La vida es sueño”.






















