EFE. El Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, Ginés Morata, durante su intervención en un congreso internacional en La Laguna, Tenerife
Santa Cruz de Tenerife. El Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica Ginés Morata cree que la biología del siglo XXI está destinada a cambiar el futuro de la humanidad, pues ofrecerá a la especie humana la posibilidad de modificarse biológicamente a sí misma, con unas implicaciones “incalculables”.
Ginés Morata explica que en los últimos 20 años del siglo XX hubo “unos desarrollos explosivos, tecnológicos y conceptuales” de la biología que tendrán un impacto cada vez más grande y generarán modificaciones “profundas” en la sociedad. “En un plazo no muy lejano la sociedad se va a encontrar con un cambio completo de paradigma ante la posibilidad de la intervención biológica en sí misma que puede realizar la especie humana”, precisa.
El científico opina que la sociedad de dentro de 10.000 años mirará al siglo XXI como la transición a partir de algo que era realmente diferente, pues la especie humana era el resultado de una evolución natural, darwiniana, y a partir de ahora el hombre dominará los resultados evolutivos con la manipulación genética
El científico opina que la sociedad de dentro de 10.000 años mirará al siglo XXI como la transición a partir de algo que era realmente diferente, pues la especie humana era el resultado de una evolución natural, darwiniana, y a partir de ahora el hombre dominará los resultados evolutivos con la manipulación genética.
“Esto es un cambio completo de la situación y las perspectivas que ofrece son muy grandes”, detalla Ginés Morata, quien indica que la aparición del hombre y su desarrollo intelectual es un hecho “que marca y cambia al propio planeta y parte de este cambio es el que se avecina”.
Este cambio procede “esencialmente” de que se identificó “lo que es en términos mecanísticos” la información biológica, el ADN, y los científicos llegaron al convencimiento de que “lo que somos e incluso cómo nos comportamos está escrito en el ADN”. “Hemos aprendido a manipularlo, podemos aislar y modificar el ADN, cambiar y modificar la información biológica”, detalla.
El hecho de que el ser humano comparta más del 60 por ciento de sus genes con la mosca, el campo de estudio de Ginés Morata, implica que se pueden utilizar este tipo de tecnologías para rediseñar el cuerpo de una mosca y por lo tanto, también algún día serán utilizables para la especie humana “si es que así se decide”
El hecho de que el ser humano comparta más del 60 por ciento de sus genes con la mosca, el campo de estudio de Ginés Morata, implica que se pueden utilizar este tipo de tecnologías para rediseñar el cuerpo de una mosca y por lo tanto, también algún día serán utilizables para la especie humana “si es que así se decide”.
Una vez que se aprenda a manipular la propia información biológica “y dominemos toda esta tecnología, que aún no es el caso, se ofrecen toda clase de posibilidades ya que, como ejemplo, si las lagartijas son capaces de regenerar un órgano ¿por qué los humanos no podrían modificarse genéticamente para que si perdemos un brazo en un accidente nos crezca?”, cuestiona el científico.
Biológicamente es posible hacerlo porque la lagartija lo hace, precisa Morata, quien ve en ello una aplicación muy conveniente de la nueva biología igual que curar a los niños diabéticos o impedir que se desarrolle el cáncer.
Otras cosas son más discutibles, como que alguien quiera que todos los hombres midan 1,90 metros y sean rubios, pero para regular todo lo que no sea conveniente “están los responsables políticos”.
Señala que manipular genéticamente una mosca “es una trivialidad” por cuanto no requiere una tecnología muy sofisticada y subraya que el hecho de compartir el genoma supone “que para hacer un ojo humano se necesita una serie de genes que también son los que utiliza la mosca”.
Hay una unidad biológica “insospechada hasta hace 10 o 15 años” en el reino animal, que comparte “un mismo diseño” desde que surgió sobre la Tierra hace unos 540 millones de años “y todos nos parecemos porque hay un tronco común”.
Apunta también Ginés Morata que hay una opinión social desfavorable “por motivos que nunca he logrado entender” a la modificación genética de plantas y animales y que interpreta como una reacción “puramente conservadora ante lo nuevo”.
Estos avances implican una posibilidad de beneficio que se debe tener en cuenta y no impedir el desarrollo de un potencial “tan admirable”, señala. Agrega el científico que en Europa hay “un mal ambiente” para los cultivos transgénicos “que ha beneficiado a los Estados Unidos”, que aprovecha los grandes beneficios de la manipulación genética en plantas como la soja y que al final, paradójicamente, terminan comprando los europeos a los estadounidenses.





















