Obama en el parque Tiergarten de Berlín. Obama se dirigió a mas de 2000 berlineses que le escucharon con sentida emoción
Obama arrasa. A la gente le encanta. No entiende la letra pero se suma al compás. Obama ha pedido por perifrástica, en Berlín, que Occidente debe permanecer unida y que Europa haría bien en colaborar más activamente con la política exterior y de defensa de Estados Unidos. En USA su discurso suena, como quiere Obama y Obama quiere proporcionar a sus electores de los Estados Unidos, que tiene gancho y capacidad para poner a la opinión pública europea a favor de las causas de los Estados Unidos. Fue un discurso que hay que interpretar en clave de política electoral e interior de los Estados Unidos.
Obama se dirigió ayer a la multitud reunida en el parque Tiergarten de Berlín para escucharle “como ciudadano orgulloso de los Estados Unidos y ciudadano del mundo“. Más de 200 mil berlineses le escuchaban. “No podemos permitirnos estar divididos” les espetó. Les pidió que sigan confiando en los Estados Unidos y les recordó “que se necesitaba unidad para enfrentarse a los grandes retos del siglo XXI: el terrorismo, el calentamiento global, la facilidad de acceso al armamento nuclear, la pobreza, la violencia en Somalia, el genocidio en Darfur… Ninguna nación puede vencer esos retos por sí sola, desafíos diferentes a la Guerra Fría, pero no menos exigentes“. Obama pidió a Europa, literalmente, “que se involucre en las campañas militares en las que participa EE UU“.
El discurso fue el que fue, el que pronunció. El grado de entusiasmo de los asistentes es difícil de identificar y precisar en qué se fundamenta. Creen que Obama se adapta mejor a su tic antiimperial, en incluso creen, ingenuamente, que lo pueden poner en nómina, como un fulano más, de sus causas antiimperialistas. Un antiimperialismo con gran predicamento en la Vieja Europa resentida porque un nuevo imperio, el useño (USA), con otras hechuras, le ha desplazado del siglo XX y todo indica, que también del siglo XXI. Es un sentimiento, el antiimperialista, tan intenso y profundo que se agita, como un resorte automático, ante cualquiera de los actos de EE UU. Para la Casa Blanca, para el Departamento de Estado, para el Pentágono, para los múltiples y variados intereses de instituciones y empresas de Estados Unidos, desactivar dicho reacción compulsiva antiuseña es de interés estratégico. Los demócratas llevan tiempo intentando seducir a la vieja Europa para que se suma de forma más cordial a los objetivos estratégicos de los Estados Unidos, a los objetivos que USA considera occidentales y compartibles.





















