León. No es sorpresa para nadie que el Ayuntamiento de León esté en los lugares de cabeza, —ocupa el sexto puesto—, de la lista de los ayuntamientos más opacos. Es opaco en relación a otros ayuntamientos que lo son algo menos. Si se examina las características de los ayuntamientos que son más transparentes obvio es que queda mucha distancia por recorrer.
Estamos muy lejos de los estándares que Transparencia Internacional recomienda para el conjunto de las administraciones. Transparencia Internacional España utiliza 80 indicadores y los más relevantes de aplicación a los Ayuntamientos son, por este orden; información sobre la corporación municipal, las relaciones con los ciudadanos y la sociedad, la transparencia económica financiera, la transparencia en la contrata de servicios y la transparencia en materia de urbanismo y obras públicas.
¿Por qué las administraciones municipales se resisten a cumplir con los requisitos básicos de transparencia? Lo hacen por dos razones principales:
1. Los ciudadanos consienten
2. Los ayuntamientos rechazan la transparencia.
No es un secreto que los ciudadanos han tirado la toalla. Descreen que las cosas puedan se de otro modo. Hay fatalismo entre el electorado que asume que las cosas no podrán cambiar nunca, “los políticos están para lo que están, para llevárselo”.
Transparencia Internacional España utiliza 80 indicadores y los más relevantes de aplicación a los Ayuntamientos son, por este orden; información sobre la corporación municipal, las relaciones con los ciudadanos y la sociedad, la transparencia económica financiera, la transparencia en la contrata de servicios y la transparencia en materia de urbanismo y obras públicas
Es un descreimiento general que faculta a los políticos para tumbarse a la bartola y dar correa al deterioro institucional o la falta de fiabilidad de nuestras instituciones. Estamos ante una alianza fatal, negativa, de facto, antropológica, entre los que consienten y los que abusan. ¿Está cambiando la actitud de los ciudadanos? Existen indicios de que sí, depende del analista, de que un nuevo conglomerado intergeneracional puede iniciar en breve una nueva dinámica política y social. La realidad social está en constante evolución.
De otro lado, los Ayuntamientos, como instituciones colegiadas, son refractarias a las nuevas tecnologías, refractarias rayando con el atavismo y la estética cromañón. La alianza de funcionarios, sindicatos y políticos, alianza, claro está, interesada —sólo necesitan mirarse a los ojos, para pactar el rechazo de las nuevas herramientas de transparencia—, es una alianza muy estable que les permite rebajar las estratégicas infraestructuras de Internet a infraestructuras con la categoría de anecdóticas.
Existe, además, la convicción fatua de la que ingeniería de software para Internet es fácil, sencilla, barata y al alcance de cualquier mañoso. Es una creencia que se solapa con el colmillo retorcido de las grandes consultoras, muy señeras, especialistas en aplicaciones en redes locales, cerradas, que se resisten de manera activa al fenómeno internet. Sin infraestructuras de internet, sin embargo, la transparencia es un imposible técnico.
Hasta que las administraciones locales no asuman que las infraestructuras de Internet son estratégicas, tanto y más que las propias carreteras, las administraciones tendrán dificultades extremas en mejorar sus cuotas de confiabilidad y eficiencia en la prestación de servicios. Las generaciones por debajo de los 50 años ya son usuarios intensivos de la red. Y la red es eso, un enorme vial. La confiabilidad de las administraciones es un indicador clave en las sociedades avanzadas.
La aplicaciones informáticas que poseen las administraciones locales, numerosas y cada cual con su propia base de datos, tienden a no hablarse entre sí, a poseer datos no concordantes y tienden, por su propia estructura, a la controversia.
La alianza de funcionarios, sindicatos y políticos, alianza, claro está, interesada —sólo necesitan mirarse a los ojos, para pactar el rechazo de las nuevas herramientas de transparencia—, es una alianza muy estable que les permite rebajar las estratégicas infraestructuras de Internet a infraestructuras con la categoría de anecdóticas
Pretender, como se hace habitualmente, subordinar la ingeniería de software para Internet a dichas bases de datos, organizando pasarelas y demás enjuagues, contribuye al despropósito. Internet dispara la operatividad y hace muy visible la ausencia de las administraciones en el entorno interactivo. ¿Desaparecerá el mostrador convencional, la relación directa, presencial, con los ciudadnos? No. Pero de ahora en adelante el operador del mostrador no abrirá una aplicación, abrirá un navegador y con su rango o nivel de permisos, accederá a todas aquellas áreas para las que sea competente. Todo lo demás es un cuento, una juerga y un engañifa.
Se admite con facilidad que crear un banco por Internet, que gestiona cinco o seis productos como máximo, es una tarea laboriosa y compleja. No se admite, sin embargo, que trasladar una administración local a Internet, con muchos más productos y una gran cantidad de procesos de información, con idénticos rangos de seguridad y con la obligación de cumplir con los derechos legales de los interesados y de segundas y terceras partes, es un objetivo de mayor cuantía y complejidad.
Trasladar las administraciones locales a la red es una meta no opinable, es estratégico y requiere voluntad política. El traslado tendrá que siempre será gradual y estará precedido, para todos los casos, de una reingeniería completa de procedimientos, tiene que perseguir una única meta: la coherencia y eficiencia en los serviciso que presta. La reingeniería de procesos elimina la redundancia, la obsolescencia, se añaden los procedimientos que son críticos y la arquitectura trabaja contra una base de datos única, que permite convertir la coherencia en un objetivo constante y crear un cuadro de mando, que opera en tiempo real, de las instituciones.






















