NASA. La sonda marciana Phoenix se prepara para su próxima ronda de análisis de muestras de suelo y hielo. El brazo robótico del vehículo consiguió una cantidad de material más que suficiente para trabajar con él, pero los ingenieros decidieron que sería necesario estudiar mejor el método que se usará para depositarlo en el horno correspondiente, en el instrumento TEGA.
Para poder coordinar varias observaciones que debían hacerse simultáneamente desde la superficie de Marte y desde la órbita, la sonda Phoenix trabajó por primera vez el 21 de julio durante todo el día, incluyendo la noche. Hasta ahora, muchos de los sistemas de la nave se apagaban durante las horas nocturnas. El lunes, sin embargo, se mantuvo “despierta”, de manera que pudo utilizar sin pausa su estación meteorológica, su cámara estereográfica y la sonda de conductividad. Dichos instrumentos permitieron vigilar los cambios que se producen en la baja atmósfera y la superficie. Mientras tanto, la sonda MRO observó la atmósfera y el suelo desde la órbita. La sonda de conductividad fue insertada en la superficie el domingo 20 de julio, y permaneció 24 horas midiendo el entorno. Los científicos quieren saber si parte del hielo sólido se convierte en vapor y pasa a la atmósfera durante el día. En total, la Phoenix permaneció 33 horas despierta de forma continuada, durante las cuales prosiguió también sus tareas de preparación para la obtención de una muestra de hielo.
El material recogido procedía de 16 pequeños agujeros practicados en el suelo el 25 de julio. Durante el fin de semana, los científicos estudiaron cómo modificar el método de entrega para garantizar que suficiente material caiga en la célula de análisis. Dicho material procederá de una nueva recogida de muestras
Su brazo robótico raspó el suelo (80 veces) y todo parecía a punto para trasladar una cierta cantidad de material hacia el analizador TEGA.
El brazo acumuló un total de 3 cm cúbicos. El 26 de julio, la muestra fue llevada hasta el TEGA, y fue liberada sobre el horno correspondiente. Después se estudiaron las fotografías y se comprobó que buena parte del material permanecía aún en la pala excavadora, formando un conglomerado que se pegó al fondo de esta última. Demasiado poco había caído sobre el horno para poder efectuar el análisis.
Aunque se inclinó la pala y se utilizó el motor de la herramienta de raspado para provocar que el material cayera espolvoreado sobre el horno, y que finalmente se invirtió la pala sobre él, no cayó en cantidad suficiente. Se hizo vibrar asimismo la rejilla de entrada, sin éxito. Por fortuna, en esta ocasión no se produjo ningún cortocircuito durante las operaciones.
El material recogido procedía de 16 pequeños agujeros practicados en el suelo el 25 de julio. Durante el fin de semana, los científicos estudiaron cómo modificar el método de entrega para garantizar que suficiente material caiga en la célula de análisis. Dicho material procederá de una nueva recogida de muestras.
La nueva estrategia reducirá el tiempo de operación de la herramienta de raspado en los agujeros, para evitar que la muestra se caliente y se vuelva pegajosa. También se aumentará el número de veces que se hará vibrar la pala durante el vertido. Mientras, el material recogido el 26 de julio acabó cayendo fuera de la pala, que fue dejada en posición invertida.






















